Por: Cecilia Orozco Tascón

Por quién no votaría jamás

En época de elecciones, los columnistas acostumbran a revelar el nombre del candidato por el que votarán. Haré lo contrario.

Diré por quién no votaría jamás y explicaré por qué, no sin antes aclarar que mis percepciones sobre los que mencione aquí estaban definidas de tiempo atrás; que tengo la absoluta convicción de que la radiografía auténtica de alguien, despojada de apariencias y retórica, es la que se ve a través del origen y pulcritud de los dineros propios o ajenos que maneja; y que la revisión de la lista de los financiadores de las campañas no modificó mi criterio sobre los políticos en contienda. Lo confirmó.

• Jamás votaría por Gustavo Petro, menos en las circunstancias en que dejaron la capital del país los Moreno (con los que comparten culpa todos los partidos, valga la precisión), a los que él denunció sólo cuando se llenó de odio contra el Polo. ¿Durante cuántos años convivió este candidato con los Moreno y les propuso alianzas electorales? ¡Qué memoria tan flaca la de los bogotanos! Vamos a lo de hoy: no voto por Petro por muchas razones, pero tampoco lo haré porque la conducta económica de su campaña no me parece transparente. 1. Es una de las tres más pudientes de Bogotá y la gran mayoría de sus aportantes son tan desconocidos como difíciles de rastrear. Según lo reportado, ha recibido $1.155 millones, rica cifra comparable únicamente a los ingresos de Parody y Peñalosa. De éstos se entiende que tengan el apoyo del gran establecimiento. ¿Cómo se comprende que Petro los iguale, y cuáles banqueros invierten en él? 2. Entre sus mayores financiadores se encuentran empresas y empresarios extraños(*): Tramsar SAS fue creada, según su escritura, el 3 de octubre pasado, es decir hace 23 días, con un capital pagado de $540 millones. De inmediato le regaló a Petro $75 millones, el 14% de su capital. El representante legal y dueño de Tramsar, el transportador Rafael Mauricio Serrano, donó $36 millones más. Pilastro Ingeniería y Construcción —de actividades inmobiliarias— fue inscrito en marzo de este año con un capital de $50 millones, pero le dio a Petro $64 millones. Jorge y Gustavo Adolfo Escaf, empresarios amigos del candidato, le prestaron $66 millones y $49 millones respectivamente. Los tres aportantes anteriores, sumados, donaron el 25% de los recursos de Petro. Nada tranquilizador.

• Si viviera en Medellín jamás votaría —aunque por interrogantes muy distintos a los que me genera la personalidad de Petro— por Luis Pérez para la Alcaldía. Conocido de autos, ha hecho una de las campañas más sucias que se hayan visto, tal vez porque sus ataques a sus contendores han “coincidido” con los que han lanzado, desde las cárceles, paramilitares de tortuoso pasado. No lo haría porque quien le ha donado el 96% de sus recursos, el empresario minero Álvaro Mesa Ochoa, le juega a él y a todas las cartas políticas de Antioquia. En efecto, para la Gobernación Mesa apoya a quien haría pareja con Pérez, Álvaro Vásquez, cuestionado por donde se le mire. ¡Qué miedo! Para completar, una buena porción del 4% de los restantes aportes a Pérez proviene de personas vinculadas con el detenido por parapolítica César Pérez.

• Si fuera habitante del Valle del Cauca, ni en la peor de las circunstancias votaría por el candidato a gobernador del condenado Juan Carlos Martínez y del destituido Juan Carlos Abadía, Héctor Fabio Useche. No hay para qué revisar quiénes le dieron recursos. Ya se sabe. Si gana, ese departamento volverá a ser el hato privado de la banda que se camufla en movimientos de reciente creación.

Mi voto tampoco será “útil”, ese absurdo invento colombiano que maquilla la falta de convicciones propias. Votaré en conciencia aunque mi candidato pierda.

(*) Ver informe sobre financiación de campañas en Noticias Uno y lasillavacia.com

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