Por: Tatiana Acevedo

El personaje del año

Luis Eduardo Sierra Sánchez nunca la tuvo fácil. Nació en 1993 en el barrio La Quiebra en la comuna 13 de Medellín. Durante su infancia, el padre fue asesinado. La madre fracasó sistemáticamente en la búsqueda de un trabajo estable.

Su familia lo definió como un lector empedernido. El director del grado once del Colegio Saúl Londoño Londoño lo describió como “un muchacho muy inquieto por el saber”. Una vecina sostuvo que quería una beca. Otra afirmó que en varias ocasiones supo de su preocupación por el buen rendimiento académico. Y así.

Sus esfuerzos dieron frutos. Sacó el mejor promedio del colegio. Obtuvo también el puntaje más alto en las pruebas Saber. Ocupó el puesto 30 entre los 90 mejores bachilleres de Medellín. La Alcaldía lo becó para que realizara estudios de educación superior. Una tía relata que “lo llamaron de varias universidades”.

Luis Eduardo, de 18 años, era el mejor estudiante de la comuna 13. Se había matriculado en la Universidad Pontificia Bolivariana para el primer semestre de 2011, en la carrera de Ingeniería Industrial. Según el diario El Colombiano, no continuó el semestre porque “no tenía plata ni para los pasajes”. Pero la cosa no terminó ahí.

Continuó estudiando por su cuenta. Con verraquera, o disciplina, o tesón, o coherencia, o perseverancia, o constancia, o paciencia. O todas estas. El caso es que nadó contra la corriente. Con lo que pudo, sorteando obstáculos.

Sin embargo, en el mes de abril, cuando fue a devolver unos libros a la biblioteca de La Loma, recibió cinco disparos. Así no más. “Pasó por donde no debía pasar”, declaró un informante. Y uno podría agregar, con la misma implacable lógica, que es que Luis Eduardo desafió todas las narrativas que reducen a la juventud en las comunas de Medellín (o tantos otros barrios de Colombia) a un ejemplo de “no futuro”, de rutinización de la desesperanza.

Luis Eduardo Sierra Sánchez, ese es mi personaje del año.

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