Por: Aura Lucía Mera

La polarización de la fiesta brava

Como en el aviso publicitario, el alcalde de Bogotá se metió en el lugar equivocado al manifestar, cuando se da inicio a la temporada taurina de la Plaza Santamaría, su posición en contra de la fiesta brava, agarrándose de un argumento por demás blandengue, como que “no va a tolerar en su administración ningún espectáculo alrededor de la muerte”.

Esta salida en falso, totalmente extemporánea, precisamente cuando la temporada comienza, lo único que logra es polarizar todavía más a los “anti” contra los aficionados. Siendo estos primeros de una violencia intimidante. Recuerdo hace dos años cuando un grupo antitaurino empujó violentamente a una amiga mía que se dirigía a la plaza de toros. Personalmente ya me salió callo en la mente, y me importa un bledo leer, cuando los leo, los insultos de los “anti” ante cualquier columna que escriba.

¿Qué pretende el alcalde Petro? ¿No tiene otras cosas más importantes en qué ocuparse, cuando recibe una ciudad destrozada, sin movilidad, llena de cráteres, con corrupción rampante en casi todos sus institutos, con la violencia y la inseguridad al tope? ¿Qué quiere conseguir, lanzando estas declaraciones como gallito de mate, cuando nadie se lo esperaba?

Una cosa es que se dé inicio a un debate serio, bien argumentado, entre gente racional, sobre las corridas de toros como están planteadas actualmente. A ningún aficionado le gusta que un picador barrene al toro. Esto debería tener cárcel. O que un torero masacre al toro a punta de estocadas mal dirigidas. El toro merece ser lidiado con arte, y enfrentarse con bravura y casta a una muerte digna. El toro de lidia nació para la pelea. Desde que la vaca lo pare comienza a embestir. Una vaca de lidia jamás podrá ser ordeñada. Un eral jamas podrá ser mascota de nadie. Un cuatreno de quinientos kilos merece llegar al redondel y mostrar toda su casta. El toreo es un arte. Es un ballet en el que se conjugan la vida y la muerte, tanto del torero como del toro, pero en ningún momento “un espectáculo alrededor de la muerte”.

Personalmente me uno al manifiesto escrito por Antonio Caballero y Alfredo Molano. Cito los siguientes apartes: “...Como todo arte, el del toreo no es comprendido por todo el mundo. Pero esa no es una razón para atacarlo y pretender prohibirlo con el argumento de que es cruel, detrás del cual se esconde el simple afán de prohibir los gustos y aficiones de los demás... El ataque a las corridas es una manifestación violenta de intolerancia cultural y social. Así como no pretendemos imponerle a nadie nuestra afición, exigimos respeto por nuestros gustos y sentimientos... También nosotros somos defensores del medio ambiente y de la conservación de las especies, que incluyen la del toro bravo, y en consecuencia las condiciones que hacen posible su crianza y existencia...”.

No más politiquería barata, cogiendo como chivo expiatorio la fiesta brava. Tenemos problemas más serios, esos sí de vida y muerte. De seres humanos, de niños y jóvenes. Esos sí son espectáculos diarios alrededor de la muerte, señor alcalde. De los que usted se debería preocupar. Como dicen los viejos españoles, “¡hijo, no te hagas el estrecho que te cabe un piano!”.

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