Por: Cecilia Orozco Tascón

Abrazos que 'matan'

Hay ciertos apoyos que, en vez de honrar, despojan de honor al defendido.

A este efecto bumerán se le llama el abrazo del oso en la jerga periodística. Histórico fue, por ejemplo, el que le dio el capo de las esmeraldas Víctor Carranza a Camilo Ospina cuando contrató una página en El Tiempo para desmentir su presunta cercanía con él, en momentos en que el exministro aspiraba a ser fiscal general. Recientemente, alias don Berna declaró a favor de Carlos Alonso Lucio. No debe ser cómodo que el garante de la conducta de uno sea un exnarcoparamilitar sanguinario. Ayer, las manos del plantígrado casi asfixian el derecho a la presunción de inocencia de Luis Carlos Restrepo en el expediente que se le abrió por la falsa desmovilización de la columna Cacica Gaitana. Alias Olivo Saldaña se hizo responsable de los delitos que la Fiscalía le imputa al exfuncionario. Este delincuente, que delira y miente apenas tiene auditorio, obtuvo extraños privilegios de la oficina del alto comisionado. Ahora el guerrillero de utilería devuelve los favores recibidos pero, de seguro, cobró más por echarse al hombro las penas de otro: “prefiero irme al infierno, pero que no vayan a ir inocentes. Yo engañé al comisionado”, señaló el bandido en una conmovedora escena que me hizo llorar. En la cruzada nacional de absolución a Restrepo que se ha armado, no faltará quien diga que la prueba reina de su solvencia moral es el arrepentimiento de Saldaña. Por mi parte, tuve que secar mis lágrimas cuando me enfrenté a la triste realidad procesal que desvirtúa el supuesto de que a la Fiscalía se le fue la mano con Restrepo.

Enumero unos cuantos indicios graves que encontró el fiscal del caso, de la actuación del excomisionado: 1. Restrepo le otorgó a Saldaña la calidad de “representante” de esa estructura guerrillera, aunque en su captura figura como desertor y objetivo militar de las Farc. 2. Olivo Saldaña elaboró la lista de los integrantes del presunto grupo y por eso pudo incluir a dos hermanos suyos, a un compañero de celda, a dos hermanos y un primo de este último y a un narco pedido en extradición. Restrepo autorizó, sin hacer preguntas, beneficios para todos ellos. 3. No hay registro de diálogos o negociaciones con el Cacica Gaitana previos al acuerdo y ninguno de los asesores de Restrepo participó, como era usual, en esa operación. 4. El excomisionado no se inquietó ante el hecho de que el preso hubiera liderado otra desmovilización colectiva cuatro meses atrás en el mismo lugar. 5. Los dos coroneles que entregaron las armas a los desmovilizados falsificados y que habrían participado en su compra ilegal, el transporte de ellas en helicóptero, su almacenamiento en la RIME-5 de Inteligencia militar en Bogotá y su traslado final al Tolima, eran los enlaces del fugitivo. Y todavía sus amigos se atreven a afirmar que se le fue la mano al fiscal al imputarle los delitos que le imputó.

Entre paréntesis.- El procurador recibió del exmagistrado César Julio Valencia la petición de que investigara al exsecretario de prensa de Presidencia César Mauricio Velásquez, por unas declaraciones de éste, que Valencia consideró injuriosas. Ordóñez se negó a abrir el caso con el estrambótico argumento de que a Velásquez lo debía investigar la Comisión de Acusación porque el fuero presidencial de Uribe lo cubría a él también. Valencia interpuso tutela. La ganó en primera y segunda instancias. Su estudio en la Corte Constitucional, para revisión final, recayó en una sala de tres magistrados en donde dos fallaron hace más de ocho meses, a favor de Valencia y en contra de Ordóñez. El tercero, Mauricio González, exsecretario jurídico de Uribe y excompañero de Velásquez, engavetó la decisión y este es el día en que no la firma. Esta sí es la justicia politizada, pero no en contra, sino del lado de los uribistas.

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