Por: Yesid Reyes Alvarado

¿Un homónimo?

El pasado 17 de febrero, en el foro del lector de El Tiempo, se publicó una nota firmada por Pedro A.

Herrera Miranda en la que felicitaba a dos colaboradoras de esa casa editorial por sus columnas críticas contra la sentencia que en segunda instancia condenó al retirado coronel Plazas Vega como autor de desapariciones forzadas.

Ese nombre evoca hechos cercanos, como el testimonio que dentro de ese proceso rindió un coronel de la Policía Pedro A. Herrera Miranda detallando la manera como cumplió el encargo de recoger todos los cadáveres del Palacio de Justicia y llevarlos al primer piso de la edificación para que allí un funcionario de la justicia penal militar se encargara de adelantar las diligencias de levantamiento. Esa alteración de la escena del delito, que tanto criticaba por aquella época el general Delgado Mallarino cuando como director de la Policía impartía clases de criminalística, ha sido uno de los factores que más ha dificultado el esclarecimiento de la forma en que murieron muchos de los rehenes y la identificación de los desaparecidos.

Pero también es un nombre que lleva a recuerdos más lejanos. Pocos días después de terminada la toma del Palacio de Justicia, cuando se cuestionaba el sospechoso retiro de la vigilancia del edificio, el coronel Pedro A. Herrera Miranda afirmó bajo juramento que esa orden la había recibido del presidente de la Corte el 30 de octubre de 1985, quien se la habría impartido en su despacho; muerto él y su secretaria, no parecía haber forma de refutar las afirmaciones del uniformado.

Para quien supiera que Alfonso Reyes era amigo personal del entonces director de la Policía desde hacía más de veinte años, resultaba poco creíble que aquel buscara a un oficial de segunda línea para manifestarle su supuesta inconformidad con el servicio de custodia. Pero además los magistrados de la Corte aseguraron que tanto ellos como su presidente estaban muy preocupados por su seguridad y jamás pensaron en prescindir de la vigilancia que les había sido asignada. Como si fuera poco, el día de la supuesta reunión Alfonso Reyes no se encontraba en Bogotá, pues había viajado muy temprano a la ciudad de Bucaramanga para participar en un foro académico donde decenas de personas lo vieron disertar a la misma hora en que el declarante lo situaba en su oficina ordenando el retiro de la guardia.

Con base en esas pruebas el coronel Pedro A. Herrera Miranda fue denunciado por falso testimonio, pero el proceso fue asumido por la justicia penal militar al considerar que esa actuación era un acto propio del servicio. Los jueces castrenses lo absolvieron y poco después fue ascendido a comandante en un departamento de la costa atlántica por quien fungía como director de la Policía.

Probablemente no sea más que una extraña coincidencia; es factible que el Pedro A. Herrera Miranda que con esa carta muestra su inconformidad con la condena del coronel Plazas Vega nada tenga que ver con el oficial de la Policía que alteró la escena del delito, ni con quien intentó desviar la investigación atribuyendo al presidente de la Corte la decisión de retirar la vigilancia del Palacio de Justicia. Quizás sea solo un homónimo.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Yesid Reyes Alvarado