María Elvira Samper 4 Mar 2012 - 1:00 am

Una renuncia y muchas preguntas

María Elvira Samper

Hizo bien Viviane Morales en renunciar a la Fiscalía General, pues el fallo del Consejo de Estado, que declaró nula su elección, la dejó sin piso jurídico para actuar.

Por: María Elvira Samper
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Es una decisión que la enaltece porque no quiso someter la institución al limbo mientras se conoce el fallo en su totalidad y la Corte Suprema elige a su reemplazo; porque no cayó en la tentación de enredar más las cosas interponiendo una tutela —como el presidente de la Corte Suprema, Javier Zapata, sugirió en una entrevista que podía hacerlo— y porque deja al presidente Santos con las manos libres para integrar una nueva terna. Pero es también una decisión realista, pues su matrimonio con el controvertido Carlos Alonso Lucio la volvió vulnerable e inelegible. No es secreto que varios magistrados de la Corte dicen que de haber conocido su relación con Lucio, habría sido factor de reflexión antes de su elección.

La fiscal defenestrada despierta simpatía y admiración entre sus subalternos y la gente del común —lo confirman las manifestaciones de apoyo que ha recibido tras el fallo— y, en general, su gestión ha sido bien calificada. Justo es reconocer que sus actuaciones fueron firmes y valientes, y que no hay indicios de que hayan estado permeadas por influencias perversas. Pero el Consejo de Estado sentenció que su elección estaba viciada de nulidad: la Corte Suprema no podía cambiar “por una sola vez” el reglamento para elegir fiscal. Y aunque fue una decisión por mayorías y no por unanimidad —lo cual indica que había lugar a interpretaciones—, y es seguro que en ella también jugaron intereses mezquinos, la conspiración uribista y el factor Lucio, lo cierto es que había bases jurídicas para el fallo. Tanto es así, que algunos magistrados de la Corte que eligieron a Morales expresaron en su momento dudas sobre la legalidad del cambio y, no obstante, lo hicieron con el argumento de que era necesario conjurar la crisis derivada de 16 meses de interinidad en la Fiscalía, una crisis que creó el mismo tribunal, pero en la cual el presidente Uribe también puso su cuota al presentar ternas para presionar la elección de un fiscal de bolsillo.

El resultado final de ese choque de trenes es la salida de Viviane Morales, una nueva interinidad, inestabilidad y más traumatismos en la Fiscalía, y varios interrogantes: ¿el nuevo fiscal lo será por un período completo o para terminar el de Morales? ¿El vicefiscal Wilson Martínez, con menos de un mes en el cargo, sin cancha, apenas aprendiz de vicefiscal, tiene la talla para el encargo, para asumir casos como el del exministro Arias, para hacerle frente al poder de los que montaron el cuento de la persecución política y la “venganza criminal” de la Fiscalía? ¿Se frenarán las versiones libres de los paramilitares extraditados? ¿Caben demandas por prevaricato contra los magistrados de la Corte que eligieron a la fiscal?

Tan crucial como las anteriores es la pregunta sobre qué va a hacer el presidente Santos. La salida de la fiscal, que no le gustó al uribismo porque no le tembló el pulso para investigar y procesar a exfuncionarios de su entraña, y cuyas decisiones le crearon problemas políticos con el expresidente Uribe, le plantea un escenario para limar asperezas y acercarse a su antecesor si conforma una terna con personas que cuenten con su mesiánica bendición. ¿Lo hará? Mi apuesta es que, aun a riesgo de profundizar las diferencias con Uribe, el presidente Santos se va a jugar con una terna de muy alto perfil que garantice total independencia. El problema es que a Uribe y a su corte sólo les sirven las absoluciones.

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