El participio activo

Le ha dado como cinco vueltas al mundo virtual desde hace varios meses una carta firmada por un supuesto licenciado en Castellano y Literatura, W. Molina, en la que trata, con lujo de desaciertos, acerca de la repetición del femenino y los femeninos del participio activo.

La tal carta se ha convertido en el tesoro más preciado de los gramatiqueros, que la repiten como uno de los documentos más importantes de corrección idiomática. Me ha llegado unas 10 veces y varios amigos me la han enviado con el convencimiento de que le están haciendo un gran aporte a mi colección personal. Muy queridos, pero lo de siempre: tragan entero sin abrir el Diccionario ni los dos libros de la nueva gramática que ya llevan cuatro meses en el mercado.

En el primer punto da una ayuda a la tan molida lucha en contra de la inútil repetición de niñas y niños, colombianos y colombianas; sin embargo, tiene dos inconsistencias. Dice que el masculino en plural implica ambos géneros. Eso está bien, hombre Molina, pero el singular también: si digo que el perro es el mejor amigo del hombre, incluyo también la perra. Asegura también que es necesaria la repetición cuando las palabras para cada género son de diferente etimología. Pues tampoco, si digo que el caballo es originario de Asia, es lógica la compañía de la yegua en ese proceso.

Ahora viene lo bueno —así introduce el segundo punto— ¿presidente o presidenta?

Explica lo que es el participio activo (terminación verbal en –nte): que significa el que ejecuta una acción y que sólo existe en masculino; concluye que no se puede decir presidenta porque nadie dice capilla ardienta, y trata de ignorantes al ex presidente Kírchner por llamar presidenta a su esposa y a nuestro vecino Chávez por usar el mismo femenino.

Si Molina hubiera abierto el Diccionario antes de escribir su carta, habría encontrado aprobadas presidenta, gerenta, tenienta, regenta, asistenta y sirvienta, entre otras. Palabras que el uso ha consagrado como de género femenino y la Real Academia ha aprobado como derivadas del participio activo. Cuando se empiecen a usar las que hoy nos suenan mal, estudianta, adolescenta y parecidas; ahí tienen el ejemplo de las ya aceptadas para que por jurisprudencia lo sean.

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