Gazapera

La existencia de las palabras (cont.)

La semana pasada nos quedó una idea en punta debido a la limitación espacial. Dice el autor uruguayo que el Diccionario no puede ser una fábrica de palabras porque «la regla de oro que determina la existencia de una palabra es la existencia de un hablante que la use y de un interlocutor que la entienda». Estoy de acuerdo, pero el hablante que la usa la pudo haber formado en el Diccionario y el interlocutor la entiende porque conoce el Diccionario. Por tanto sí se pueden fabricar palabras con los elementos allí relacionados.

Otra forma de validar palabras inexistentes en el Diccionario es la jurisprudencia. Yo uso la palabra «piedefoto» desde cuando en el Diccionario apareció la palabra «piedemonte». ¿Qué diferencia gramatical hay entre un piedefoto y un piedemonte? Ninguna, usémosla. Busque el lector en el Diccionario las palabras «rolo» y «carioca», cuyos significados son “bogotano” y “natural de Río de Janeiro”, respectivamente. Busque, ahora, las palabras «paisa», «cuyabro» y «ñero», por ejemplo. Búsqueda infructuosa, ¿cierto? ¿Deducimos, usando el razonamiento de Soca, que los paisas, los cuyabros y los ñeros no existimos? Imposible.

Una más, que emberraca a muchos: el «berraco» paisa nada tiene que ver con el «verraco» reproductor ni con el cubano y su pronunciación es con be de burro, no con uve de vaca. Si quieren una autoridad que lo avale: Nuevo diccionario de colombianismos del Instituto Caro y Cuervo.

Toparme

Uno de mis amigos me manifestó durante la semana su extrañeza por haberse topado en mi columna con el verbo «topar». Aunque no me manifestó la causa de su extrañeza ni censuró mi costumbre, supongo que se debió a que ese verbo es considerado de uso campesino. Lo es, pero a mí me gusta y lo uso con la segunda acepción que aparece en el Diccionario: “Hallar casualmente”. Las palabras campesinas también están en el Diccionario y su uso no es restringido.

gazapera@gmail.com

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