Preguntas y respuestas |5 Dic 2008 - 8:15 pm
Impuestos a los viajeros
Por: Manuel Drezner
Atraído por la publicidad de una compañía aérea que ofrecía viajes a unos precios bien bajos, traté de comprar el tiquete a ese precio.
Pero algo que se anunciaba en 40 dólares, acabó costándome más de 200, o sea cinco veces más por impuestos, recargos de combustible, servicio y de pronto hasta comida de los pilotos. ¿No es un engaño que anuncien tiquetes a un precio que acabará siendo cinco veces mayor? (MARIO ARANZA, Bogotá)
El desconcierto del amigo, que ve anunciado un viaje a un precio y después el tiquete acaba costándole cinco veces más, lo comparten cantidad de viajeros que consideran que los están engañando. En realidad no hay tal engaño ya que los anuncios dicen —así sea en letra minúscula— que a ese precio hay que agregar impuestos y otros recargos, pero a muchos parece tremendo que los impuestos valgan el triple del valor del tiquete. En algunos países han resuelto esto, decretando que el anuncio del precio debe incluir el total que va a pagar el viajero para que éste no se llame a engaño. Otras compañías han hecho lo mismo, por cuenta propia, pero ellas dicen que quedan en desventaja con relación a quienes dan el precio básico, sin recargos. Lo lógico entonces sería que se vuelva a la normalidad, cuando el precio cotizado era lo que se pagaba y no incluían sorpresas al viajero. Y, obviamente, se espera que quienes hayan comprado tiquetes con un recargo de combustible que reflejaba el precio del petróleo en esa época, reciban un reembolso basado en el precio de ahora. ¿Seré muy optimista?
El canto de las sirenas
¿Cómo es ese cuento del canto de las sirenas que lograban hacer naufragar buques en la antigüedad? (ELOISA DE VANEGAS, Bogotá)
En realidad no era el canto de las sirenas directamente el que hacía naufragar barcos. Las leyendas lo que dicen es que las sirenas tenían un canto tan bello que los marineros enfilaban sus barcos hacía el sitio donde ellas cantaban, se encontraban con escollos en su ruta, hábilmente diseñada así por las sirenas, y encallaban o naufragaban. La pregunta más bien debió ser qué era lo que cantaban las sirenas para lograr ese efecto y francamente creo que no importa: unos marineros que han estado meses enteros navegando oyen el canto de unas mujeres y así éste fuera feo y desafinado, con seguridad llevarían sus barcos hacia éste atraídos no por el canto, sino por la posible y agradable presencia de esta población femenina. Lo que hacía naufragar los barcos no era el canto de las sirenas sino la esperanza de sexo. Pero lo cierto es que cuando dicen que alguien hace algo atraído por el canto de las sirenas, se está dirigiendo hacia una catástrofe.
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Manuel Drezner | Elespectador.com
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