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Paz 26 Ago 2012 - 8:57 pm

Por ahora todo es expectativa

La paz de Santos

Sin dejarse seducir por la tentación del micrófono ni sucumbir ante la provocación de sus opositores, el Gobierno diseña la estrategia de paz con la guerrilla. Un camino largo y espinoso.

Por: Redacción Política
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Desde su discurso de posesión el presidente Juan Manuel Santos afirmó que tiene las llaves de la paz y que está dispuesto a usarlas. / Presidencia

No se construye un proceso de paz de la noche a la mañana. Y dadas las frustraciones pasadas, lo saben de memoria la sociedad civil, la guerrilla y hasta el propio Gobierno, empeñado por estos días en un sigiloso plan para darle la largada a una estrategia de negociaciones con las Farc de la que nada ha querido adelantar el Ejecutivo.

Su prudencia se debe, precisamente, a que quiere evitar falsas expectativas y a que el presidente Juan Manuel Santos, conocedor de su responsabilidad en este sentido, prefiere abstenerse de hacer adelantos sobre la materia hasta tanto existan avances concretos al respecto.

Más allá de la ansiedad del gobernante que ejecuta la política de paz, de la tentación a la que los exponen los medios de comunicación o de las provocaciones de quienes disienten de dicha estrategia, el país conoce que en este tipo de iniciativas la prudencia es la regla y que cualquier precipitación de hoy puede significar mañana un dolor de cabeza peor.

Lo poco que se conoce hasta ahora sobre la iniciativa de paz de Santos es lo que ha informado El Espectador durante las últimas semanas. Que hay un contacto en Cuba, que la guerrilla manifiesta estar dispuesta a iniciar un proceso de diálogos —idea a la que, entre otras, le hizo guiño el propio jefe guerrillero Fabián Ramírez, en reciente entrevista con el periodista inglés Karl Penhaul— y que ninguna persona distinta al propio presidente Santos está autorizada para revelar en qué van esos contactos. Ni siquiera el ministro de Ambiente, Frank Pearl, ni el asesor de seguridad, Sergio Jaramillo, de cuya participación activa en los acercamientos también informó este diario.

Como escribió el editorialista de El Espectador en la pasada edición dominical, resulta comprensible que, por ahora, el Ejecutivo proceda “en medio de la confidencialidad y el hermetismo”. Lo dijeron también —salvo contadas excepciones— los analistas y excomisionados de Paz que reaccionaron ayer al conocerse algunos de los pormenores de las aproximaciones. Víctor G. Ricardo, quien fue el primer comisionado durante el gobierno de Andrés Pastrana, hizo énfasis en la importancia de cumplir esa regla y hasta enfatizó en el cuidado que se debe tener a la hora de aceptar respaldo internacional para la facilitación. Para él es tan simple y contundente como suena la frase: “La paz depende exclusivamente del Gobierno colombiano”.

Ahora, ¿hay ambiente para iniciar un acercamiento de paz en el país? La respuesta es sí. En primer lugar porque las partes (Gobierno y guerrilla) parecen estar interesadas en el tema. Y en segundo, porque hay un respaldo institucional y social a la idea de que el Ejecutivo explore dichos caminos. Los partidos de la Unidad Nacional (que conforman las mayorías en el Legislativo), los sectores de oposición como el Polo Democrático, las comisiones de paz del Congreso, la Iglesia católica y los movimientos sociales ya han respaldado la idea.

Existe, claro, cierta resistencia a la idea entre los seguidores del expresidente Álvaro Uribe, manifestada a través de las redes sociales por el propio exmandatario. Por unos y otros, por los que respaldan y los que se oponen, es que el Gobierno está aún más obligado a caminar con cuidado en estos terrenos. No debe crear falsas expectativas a unos ni ignorar recomendaciones de otros que pueden contribuir a un mejor desarrollo de su ideal de paz.

Ahora, ¿qué otras herramientas tiene para sacar adelante la idea de la paz? Los congresistas de las comisiones de paz creen que ya están dadas unas normas generales, pero de todas formas hace falta un marco general que defina los principios básicos en caso de una negociación. Sobre cómo y cuándo se dará ese paso aún no hay idea, pero ya está dicho que el tema no se maneja con afanes. Tal y como están las cosas, un acuerdo base para iniciar negociaciones debe tener en cuenta una estrategia clara de posconflicto que incluya temas como el acceso a mecanismos de justicia transicional para quienes dejen las armas y el cumplimiento de las premisas de acceso a la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición para las víctimas.

La reforma constitucional denominada como el Marco legal para la paz le brinda a Santos por ahora un margen de maniobra para iniciar un diálogo. Y la contundencia de la acción de las Fuerzas Militares contra la guerrilla despeja de tajo cualquier tesis de sometimiento del Estado ante los violentos, que era lo que en otras ocasiones preocupaba al país. Y no hay que olvidar la aprobación del documento Conpes, por un monto cercano a los $7 billones, precisamente para el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, lo que promete una nueva era en la lucha contra las organizaciones irregulares, a las que se les combatirá con visores nocturnos, aviones no tripulados y tecnología militar de punta.

Habrá, pues, firmeza en la lucha desde el plano militar, pero ése no será el único escenario para buscar el fin de las guerrillas en lo que resta del gobierno Santos. “Que no se equivoquen, la paz es la victoria”, señaló el jefe de Estado en la base militar de Tolemaida el día que entregó a su hijo Esteban para que preste el servicio militar. Ésa es, hasta ahora, su síntesis sobre el tema.

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