El síndrome del poder público

El caso de Sabas Pretelt es uno más en la larga lista de exitosos ejecutivos enfrentados a más de un lío. Prósperos hombres de negocios que han pagado el precio de la exposición pública por el bicho de la política.

Eran exitosos en el sector privado, prósperos empresarios con suficiente poder económico, pero se dejaron picar por el bicho de la política y terminaron pagando abogados para salir del acoso judicial. Es el síndrome del poder público que no deja títere con cabeza y que por arte y cuenta de la lucha política ha puesto en apremios a muchos hombres de negocios, literalmente sitiados por la Procuraduría, la Contraloría, la Fiscalía, el Congreso, los medios de comunicación y la incisiva opinión pública.

Los ejemplos abundan y, más allá de la legitimidad o consecuencias de las investigaciones en su contra, el caso más reciente es el de Sabas Pretelt de la Vega. humanista de la Universidad de los Andes, economista de la Universidad del Valle, cartagenero con notable éxito en Bogotá y por muchos años insustituible presidente de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco). Un día de finales de 2003 aceptó ser ministro del Interior y Justicia del presidente Álvaro Uribe Vélez y sus problemas apenas empiezan. En ejercicio le dieron palo y a la distancia, como embajador en Roma, lo siguen moliendo.

La lista de casos semejantes es interminable y de los últimos tiempos hay personajes bien representativos. En 1997, en los coletazos de la crisis del proceso 8.000, estalló el famoso escándalo del miti-miti, así bautizado por una expresión de la conversación sostenida entre los ministros Rodrigo Villamizar y Saulo Arboleda durante el trámite de la licitación de emisoras en FM, en el gobierno Samper. Ambos funcionarios venían de una exitosa carrera. El primero en Papelcol y en varios sectores del empresariado energético, y el segundo, de la presidencia de Sofasa y la dirección de Asomedios.

Once años después, siguen pasando las duras y las maduras de su aventura por el poder político. Rodrigo Villamizar continúa con un proceso pendiente en la Fiscalía, pero desde hace varios años vive alejado de su familia y de sus amigos en España, a la espera de poder saldar sus cuentas con la justicia.

A su vez, Saulo Arboleda, purgó una condena de 52 meses de prisión y fue sancionado por la Procuraduría, pero lleva una década peleando en los estrados judiciales por la reivindicación de su nombre. Hoy es de nuevo un empresario próspero, aunque considera que no ha cerrado la puerta de su pelea con la justicia.

De los tiempos de Andrés Pastrana hay varios ejemplos. Su primer ministro de Minas, Luis Carlos Valenzuela, era un hombre exitoso en el sector privado. Aceptó subirse al bus de lo público y en menos de un año estaba encartado. Lo denunciaron por favorecer a una firma panameña que iba a comprarle gas a Colombia y en la que supuestamente el funcionario derivó


intereses por ser accionista de Corfivalle. El escándalo lo sacó corriendo y renunció al cargo. “No tengo espacio político para ejercer ese Ministerio”, comentó en su momento. El tema se saldó a su favor y hoy ha vuelto a ser un empresario pujante. Pocas ganas tiene de volver al sector público.

Hay otro caso emblemático. Antes de 1998, Mauricio Cárdenas Santamaría, además de calificado economista, era presidenciable y lo incluían en las encuestas. Aceptó ser Ministro de Transporte en la administración de Andrés Pastrana y en poco tiempo ya era el blanco predilecto de la oposición política. El senador Javier Cáceres denunció que la cartera a su cargo había firmado una dudosa conciliación por $21.000 millones con la firma Dragacol y se desató un escándalo que puso a Cárdenas a responder ante los organismos de control. Sólo en 2001 pudo cantar victoria, después de que la Fiscalía lo absolvió penalmente.

Hoy, después de su exitoso paso por Fedesarrollo, acaba de ser nombrado en un importante cargo privado en el exterior. Recuperó su prestigio, restableció su honra y, sin descuidar sus responsabilidades sociales, vive alejado de lo público. El mismo camino del ex ministro de Salud Virgilio Galvis, en su momento acosado por supuestos favorecimientos a su familia con contratos gubernamentales y hoy dedicado a sus negocios sin mucha exposición ante los medios. O Juan Hernández Celis, ex secretario general de la Presidencia, quien aguantó el ojo inspector de políticos e investigadores y hoy vive dedicado a sus negocios sin mucha expectativa por regresar a lo público.

Le pasó al exitoso empresario Luis Carlos Villegas, sucedió con el ejecutivo asegurador Jorge Alberto Uribe Echavarría, lo vivió el ex ministro de Transporte y acreditado hombre de negocios Gustavo Adolfo Canal, lo padeció también el poderoso ex


presidente de la Andi Fabio Echeverry Correa, le ha tocado afrontarlo al empresario Frank Pearl, hoy dedicado a la reinserción de desmovilizados. Es el síndrome del poder público, el precio de incursionar en el mundo de la política, donde no hay treguas ni amigos, sólo rivales encaminados en la misma ruta y con los mismos intereses: el poder más el poder.

La gente del sector privado lo sabe bien y son muchos los que han pagado el precio de la exposición pública. Pocos regresan, la mayoría se queda acumulando éxitos sin el asedio de los medios. Hasta los más encartados lo reconocen. El último caso conocido es Jorge Noguera. Le iba bien en la vida, se gozaba sus lujos, manejaba poder económico, hasta que un día aceptó meterse en la política y en el escenario más complejo: los servicios de inteligencia del Estado. El poder del DAS era tanto que se le salió de las manos. Hoy está encartado hasta la coronilla con tantos procesos encima, pero sólo tiene una meta clara: no volverá al sector público.

Pliego de cargos contra el presidente de Fedegán

El presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), José Félix Lafaurie, fue en su momento uno de los más polémicos funcionarios del gobierno del presidente Álvaro Uribe.

Estuvo al frente de la Superintendencia de Notariado y Registro entre septiembre de 2002 y agosto de 2007, fecha en la que dimitió luego de ser señalado de  haber mediado entre el Congreso y el Ejecutivo dádivas para la aprobación del proyecto de reelección.

El pasado viernes, la Procuraduría General de la Nación abrió pliego de cargos en su contra por este tema. Según el organismo de control, Lafaurie junto al embajador en Italia, Sabas Pretelt; el ministro de Protección Social, Diego Palacio; el ex director del DAS, Jorge Noguera, y el ex jefe de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior, Hernando Angarita— influyó en la parlamentaria Yidis Medina condenada por haber vendido el voto con el que pasó la reelección— para que aceptara darle su aprobación al acto legislativo.


Sabas Pretelt en medio de la Fiscalía y la Procuraduría

Luego de estar apartado del escándalo de la yidispolítica mientras ejercía como embajador en Italia, el ex ministro del Interior y de Justicia Sabas Pretelt de la Vega llegó a Colombia para responder a un llamado a indagatoria que le hizo la Fiscalía General de la Nación. Según él, fue iniciativa suya viajar al país para demostrar su transparencia en los señalamientos que lo acusan de cohecho al haber hecho ofrecimientos a la ex congresista Yidis Medina.

Al término de la indagatoria, el embajador dijo que no iba a renunciar porque estaba seguro de que iba a comprobar su inocencia. Sin embargo, un nuevo capítulo se abrió en su contra el pasado viernes cuando la Procuraduría General de la Nación formuló pliego de cargos en su contra, por las denuncias de Medina, que lo llevarán a afrontar también una investigación disciplinaria, lo cual hace más difícil su condición.

Pero el ex ministro no afronta sólo este lío judicial, el ministro de Protección, Diego Palacio, se encuentra casi en la misma situación, porque de acuerdo con el testimonio de Medina, entre los dos funcionarios le hicieron promesas a cambio de votar positivamente la reelección.

Estos son algunos

Morris Harf

Ex   ministro de Comercio Exterior. Afrontó íios por favorecimiento  en una concesión portuaria a Sociedad Portuaria  Atlantic Coal de Colombia S.A. Hoy labora en el sector privado. 

Jorge Alberto Uribe

Ex ministro de Defensa. Ex director de  Comex, Incolda y otras empresas privadas. En su paso por lo público, no le faltaron problemas.

Saulo Arboleda

Ex ministro de Comunicaciones.Fue presidente de Sofasa y director de Asomedios. Se le midió a la cartera de Comunicaciones y aún pelea por su reivindicación personal.   

Sabas Pretelt

Ex ministro del Interior. Luego de una carrera exitosa en Fenalco, decidió aceptar la cartera de gobierno. Hoy afronta dilemas en la Fiscalía y la Procuraduría.

Mauricio Cárdenas

Ex ministro de Transporte. Afrontó el escándalo de Dragacol, del cual salió bien librado. Hoy es un exitoso colombiano en el exterior.

Virgilio Gálvis Ramírez

Ex ministro de salud. Su familia creó la  Fundación Oftalmológica de Santander. Soportó investigaciones a su paso por el gobierno de Andrés Pastrana. Hoy está en lo privado.  

Rodrigo Villamizar

Ex ministro de Minas. Tras brillar en el sector privado, le tocó vivir el escándalo del miti-miti. Hoy vive de sus negocios, lejos del país.