La nueva estrategia de ‘Cano’

<strong>El Espectador</strong>  revela los 14 puntos del orden de batalla de la guerrilla de las Farc para hacerle frente a la seguridad democrática.

Hablarle a la senadora Piedad Córdoba sobre la necesidad de crear un partido del pueblo y buscar su alianza al Movimiento Bolivariano; pasar nuevamente a la táctica de guerra de guerrillas; disponer de 5 ó 6 millones de dólares del fondo del Secretariado para adquirir material de guerra y comunicaciones y fortalecer la capacidad de combate de los guerrilleros; ejecutar acciones terroristas que le den vigencia a la organización; infiltrar el Ejército con unidades de confianza que tengan vocación militar; y comprar misiles para golpear estratégicamente a la Fuerza Pública, fueron las directrices que consignó el máximo jefe de las Farc, Alfonso Cano, en un correo electrónico enviado recientemente a los miembros del Secretariado.

El documento de tres páginas, conocido por El Espectador, está fechado el 16 de agosto de 2008 y hoy es objeto de minuciosos análisis por parte de inteligencia militar. El correo consta de 14 puntos en los cuales Cano traza su plan estratégico para redireccionar la guerra y enfrentar la política de seguridad democrática del Gobierno Uribe. En principio, sostiene que es importante continuar las relaciones de Timochenko “con los amigos colaboradores del presidente (Hugo) Chávez”, con el objetivo mantener un frente de presión internacional que, afirma, ya conoce el ex ministro del Interior venezolano Ramón Rodríguez Chacín, quien hace poco fue incluido en la Lista Clinton del Gobierno de E.U. por sus estrechos nexos con las Farc.

Sostiene el jefe guerrillero que es importante reforzar los encuentros con los mandos del Eln e incluso, plantea, sería conveniente crear una fusión en zonas de dominio primordial de las Farc. Dice que en razón a los cambios en la situación política del país es tiempo de retornar a la táctica de guerra de guerrillas como “plan propuesto para el renacer revolucionario de las masas”, ya que reconoce que las Fuerzas Militares han ganado espacio geográfico, “y por mala utilización de nuestros recursos sociales también hemos visto afectado el espacio político”, aunque pondera los trabajos de los jefes guerrilleros Santrich y Matías con las células del Cauca, Valle y Nariño.

En ese contexto, pide disponer de 5 ó 6 millones de dólares del fondo del Secretariado de las Farc para rearmar los distintos frentes, dinero que será administrado por el Bloque Oriental. “Cada bloque aportará entre uno y dos millones de dólares según condiciones para este fin”, se lee en el correo. Además, Alfonso Cano explica que la mejor manera para detener el avance de las operaciones militares son los campos minados —“ya conocemos que es el único factor que los detiene e intimida”—, por lo que solicita aumentar los cursos de explosivistas y ejecutar cuanto antes atentados que infundan terror y que eviten “un ambiente de derrota progresiva de las Farc”.

Desplegar la estrategia de los francotiradores y los campos minados; incrementar en las áreas de operaciones de las Fuerzas Militares inteligencia de combate a través de los grupos encargados de la tarea telefónica; y como lo están haciendo los bloques Oriental y Sur de las Farc, alistar hombres de confianza para infiltrarse al servicio militar, son otras recomendaciones de Cano para golpear el denominado Plan Patriota.


Por último, asegura que, en el marco de la historia de las guerras de guerrillas, se hace urgente negociar misiles que permitan propinar golpes contundentes “al poderío aéreo del enemigo” para contrarrestar el daño que, admite, le ha causado a la guerrilla la ofensiva de la Fuerza Pública. Un discurso más militar que político, qué duda queda.

Cómo están las Farc

Más allá de los cálculos militares o de las estrategias diseñadas por la cúpula de las Farc, los golpes castrenses que han sufrido este año tienen a la guerrilla más dividida que nunca. Tres de sus cabecillas ya son historia —Tirofijo, Raúl Reyes e Iván Ríos—, la temible jefa del frente 47, Karina, se entregó, fueron liberados en la Operación Jaque 15 ‘canjeables’, incluidos los tres contratistas norteamericanos e Íngrid Betancourt, sin duda su mayor capital de negociación, y como si ya no fuera tanto, varios computadores decomisados a los  jefes de esa organización sembraron pistas claves en las autoridades para desentrañar las intimidades que con mayor celo guardaban las Farc.

Tras el éxito de la Operación Jaque, el pasado 2 de julio, Jorge Briceño, el Mono Jojoy, está buscando refugio en los departamentos de Meta y Cundinamarca. Su escolta personal la integran unos 1.000 hombres del Bloque Oriental, lo que lo convierte en el jefe guerrillero más custodiado, superando, incluso, a Alfonso Cano. Según fuentes consultadas por El Espectador, no anda muy tranquilo. Su habitual centro de operaciones, el sur del Tolima, ya no parece tan seguro como en otros tiempos.

Por su parte, tras la caída de Raúl Reyes, el pasado 1º de marzo, Joaquín Gómez, también conocido como Usurriaga, recibió la orden del Secretariado de reemplazarlo en la región fronteriza con Ecuador. Para evitar nuevos ataques, la orden de Cano fue el repliegue de los frentes, sobre todo de sus cabezas más visibles. Fue así como crearon una figura que resultó compleja para los oficiales de inteligencia, pero que poco a poco fue descifrada y que se relaciona con un notorio afán de recuperar el control de las zonas de frontera, especialmente con Venezuela.

La guerrilla está hoy soportada sobre tres ejes. El primero, dirigido por Iván Márquez, el nuevo relacionista internacional de las Farc, quien a su vez designó a Bertulfo como su segundo a bordo y jefe del llamado Bloque Caribe. Para reforzar este primer bastión, Márquez le ordenó a Timoleón Jiménez, Timochenko, que se trasladara con sus hombres hacia la frontera con Venezuela y que dejara a  Pastor Alape encargado del Magdalena Medio.

El segundo eje lo concentran Cano y Jojoy en las regiones del Meta, Cundinamarca y Tolima. Pablo Catatumbo, hombre de absoluta confianza de Cano, es el mandamás del Valle y Nariño. El tercer eje está concentrado en el ala ‘narca’, que le produce billones de dólares a las Farc, según los cálculos más conservadores, y que encabezan los frentes 1º, 10, 16, 43 y 45. Dicho de otro modo, estos cinco frentes agrupan unos 2.000 hombres que reciben más plata que el mismo Secretariado. Pero hay datos aún más escandalosos: por concepto de extorsiones las Farc engordan sus arcas en 1,3 billones de pesos anualmente. “Lo que ocurre es que el dinero no fluye o tiene poca movilidad. Algunos frentes pasan física hambre”, le dijo a El Espectador una fuente de la cúpula de las Fuerzas Militares.

Este escenario es una de las causas más frecuentes para delaciones y deserciones. “Sabemos, por innumerables comunicaciones que hemos detectado, que hay guerrilleros que no pueden ni comer ni moverse y eso los desespera. La plata de los frentes mafiosos se queda en poquitas manos y así como hay frentes ricos, hay otros sin nada”, agregó un analista de inteligencia. Correos electrónicos a los que tuvo acceso El Espectador evidencian la asfixia de la organización. En noviembre de 2007, por ejemplo, Iván Márquez y Rodrigo Granda le escriben a Tirofijo para quejarse del acoso oficial: “La cantidad de tropa es enorme. A veces toca una sola comida al día”.


Las Farc ni están empobrecidas ni derrotadas todavía. Pero ya no se pasean con la tranquilidad de antes. Y las deserciones continúan siendo un dolor de cabeza para el Secretariado, que el 14 de mayo de 2007, en un correo circulado entre sus siete integrantes, advierte lo siguiente: “los desertores nos han hecho y siguen haciendo daño”. Por eso están empecinados en trasladar la guerra a las universidades. “Hay un nuevo intento por penetrar círculos estudiantiles, dado el carácter universitario de la mayoría de los miembros del nuevo Secretariado”, dijo uno de los investigadores. Situación que preocupa en demasía a las autoridades.

Las milicias farianas hacen lo suyo en claustros de enseñanza, pero siguen evidenciándose los problemas de comunicaciones internas luego de que fueran descifradas claves y frecuencias radiales y satelitales en la Operación Jaque. “La frecuencia HF la detectamos totalmente, así como celulares y satelitales. El único recurso que les queda es la internet satelital, pero necesitan de puntos muy altos y las tropas están en esos sitios. Sabemos que han vuelto a utilizar el correo humano, con el agravante de que es muy demorado y no siempre preciso”, añadieron fuentes consultadas.

Informaciones de inteligencia tienen datos certeros, también, de que muchos frentes están acéfalos y se enteran de los movimientos de otras células guerrilleras a través de los medios de comunicación. Pese a esta incomunicación, lo cierto es que las Farc siguen siendo los barones de la droga, ya que movilizan el 90% del narcótico que es exportado por la nueva generación de capos, ya plenamente identificados.

En ese orden, existen tres nombres que los oficiales de inteligencia no saben si catalogar como insurgentes o como ‘traquetos’. Uno es  reconocido como Guillermo, nuevo jefe del frente 16 y reemplazo del Negro Acacio, dado de baja por el Ejército el año pasado.

En el frente 1º hoy manda Reynaldo, quien asumió tras la captura en la Operación Jaque de César. Por último está John 40, el ‘patrón’ del frente 43 (ver balcón). De él se dice que anda en caballos de paso fino y que es fanático de los corridos mexicanos.

No obstante, para las autoridades, más que otro miembro del Secretariado, el objetivo número uno es capturar a Óscar Montero, alias El Paisa, comandante de la temible columna Teófilo Forero, responsable de atentados como el del Club El Nogal de Bogotá, que dejó un saldo de 36 personas muertas y casi 200 más heridas, o la masacre de los Turbay Cote, o el secuestro del avión de Aires, el 20 de febrero de 2002, en el que cayó plagiado el entonces congresista Jorge Eduardo Géchem, lo que obligó al presidente Andrés Pastrana a poner fin al proceso de paz con las Farc.

En síntesis, ni las Farc están tan menguadas como se pregona, ni son, por ahora, tan peligrosas como en otras épocas. La Fuerza Pública les respira en la nuca, pero allí están latentes, con todas las posibilidades de seguir haciendo daño. Están golpeadas, sí, pero muy lejos de desaparecer del mapa. Una realidad que reconocen en escenarios distintos militares y guerrilleros. El pulso sigue. Por ahora parece ganar la batalla parcialmente el Gobierno. No así la guerra, prolongada hace más de cuatro décadas.