Juan Pablo Ruiz Soto 15 Mar 2011 - 10:00 pm

Suesca: potencial a riesgo

Juan Pablo Ruiz Soto

EL PASADO 13 DE MARZO TUVO LU-gar en Suesca (Cundinamarca) una válida nacional de maratón a campo abierto.

Por: Juan Pablo Ruiz Soto
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En el evento participaron más de 400 deportistas. Para muchos fue grato descubrir las bellezas paisajísticas del municipio. La carrera partió del pueblo de Suesca, fundado en un antiguo asentamiento de indios muiscas donde Gonzalo Jiménez de Quesada, en 1536, encontró un entorno geográfico que le recordó los saludables climas de Granada, España. En medio de un creciente y desordenado proceso de urbanización, se destacan su iglesia construida hace más de 450 años y unas cuantas casas coloniales. A primera vista, el visitante advierte el abandono de la administración y la carencia de planeación. El pueblo se encuentra en descuido: su arquitectura, su plaza central y sus vías muestran un deterioro que contrasta con las poblaciones vecinas de Cucunubá, Sesquilé y Nemocón.

La maratón subió a las Antenas, en la cima de una montaña vecina a 2.900 metros de altura. Los competidores avanzaron por un antiguo camino peatonal, actualmente obstruido por las cercas de propietarios de predios, situación que resulta ilegal, pues se trata de caminos de servidumbre. No hay una política municipal para defender los caminos peatonales. Desde allí, se observan la sabana de Bogotá, el embalse de Tominé y los cerros circundantes. De este punto descendieron a las reconocidas rocas de Suesca. Este lugar, en el Acuerdo Municipal 01 de 1990, fue declarado patrimonio histórico, arqueológico, cultural y ecológico, y se ordenó que se constituyera como parque municipal. El acuerdo ha sido ignorado no sólo por las autoridades, sino por los ciudadanos. Los límites del parque nunca se establecieron y las construcciones siguen acercándose a la orilla de las rocas. Esta situación es peligrosa: con casas a menos de 50 metros del borde del precipicio, hay un alto riesgo de accidentes.

Sobre el pueblo hay una gigantesca fábrica de cemento. Por absurdos manejos de la administración —¡y con permiso de la CAR!— se estableció esta fábrica que contamina el aire y genera un ruido insoportable. Esto debe controlarse o erradicarse si queremos desarrollar turísticamente el municipio. Cada fin de semana hay cientos de escaladores, ciclistas y caminantes que visitan el lugar. Un amigo colombiano que vive y escala en EE. UU., al terminar una ruta, decía con sarcasmo: “Tenemos que ser unos chibchas brutos para permitir la destrucción del parque y la presencia de esa fábrica en la mitad del pueblo”.

Los monolitos de piedra, el Valle de los Halcones, las aguas termales, hostales y restaurantes, contribuyen a conformar un gran atractivo ecoturístico, a sólo sesenta km de Bogotá, que si se desarrolla puede generar bienestar y beneficios económicos a los pobladores locales, pero lo estamos destruyendo. Es urgente que se declare el parque de escalada, que incluya la finca San Marino de la CAR. Si hay seguridad y un manejo responsable del entorno natural, el municipio podría cobrar una tarifa de ingreso al área protegida. Con los ingresos se puede mejorar la educación y la salud, generar alternativas económicas para los pobladores locales  y con la venta de artesanías y productos agrícolas, construir un centro de visitantes. Al destruir su capital natural y crecer sin criterios arquitectónicos, Suesca está perdiendo una gran oportunidad.

 

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