“Que Dios nos coja confesados”: Andrés Parra

Habla sobre su personaje en el filme ‘La pasión de Gabriel’.

Andrés Parra es un hombre íntegro. No sólo ha hecho cine, sino también teatro y ha trabajado como docente en colegios privados de la capital. Su debut en la televisión lo hizo en la novela ‘Por amor a Gloria’ y al año siguiente el cine le abrió las puertas. Algunas de las películas en las que ha participado son: ‘Satanás’, ‘El amor en los tiempos del cólera’ y ‘Perro come perro’.

También es conocido por sus papeles divertidos y osados en ‘El cartel de los sapos’ como Anestesia, y en ‘Muñoz vale por dos’ como Pacheco. Actualmente trabaja en un nuevo seriado del Canal Caracol inspirado en todo el fenómeno de las pirámides.

En ‘La pasión de Gabriel’ interpreta al carismático sacerdote de un pueblo asediado por la violencia que, en su lucha por el bien común, termina peleado con todo el mundo: el pueblo, la iglesia, la guerrilla, el ejército y su perdición, Silvia, que termina quebrantando sus convicciones sacerdotales.

¿Cómo llegó a esta producción?

Por medio de Juan Pablo Félix, el director de ‘casting’ de la película. Juan y yo nos conocemos desde ‘Satanás’, me llamó y me advirtió que me invitaba al ‘casting’ sólo para que Peto me conociera, pero que no pensara en quedar en la película, porque el perfil que Peto y la productora estaban buscando no tenía nada que ver conmigo (atlético, moreno, alto, de ojos oscuros). Me presenté a hacer una escena y terminamos jugando sobre siete distintas, salí muy achantado y le dije a Juan Pablo: “Bendito el actor que se lleve este personaje”, y mira, al final me lo cargué yo. Contra todo pronóstico me lo llevé yo.

¿Qué significó para usted participar en esta película y trabajar con todos esos talentos?

‘La pasión’ fue para mí eso: ¡Pasión! Muchas horas de trabajo duro, de investigación, de lectura, de muy poco sueño, días muy largos y noches muy cortas. Peto es un director muy honesto, no es pretencioso, ni efectista, ni mentiroso; lo único que realmente le interesa es la verdad, y eso como actor te pone en una situación mucho más delicada, porque no te da espacio para la trampa o el truco.

¿Cuál fue la mayor dificultad a la hora de representar a Gabriel?

La responsabilidad, la presión y la carga emocional que tiene Gabriel no tienen comparación con ninguno de mis personajes anteriores, ni siquiera con Marco Antonio, de la obra ‘Julio César’ de Shakespeare, que fue mi gran reto como actor con el Teatro Libre.

¿Tiene alguna anécdota para contar?

Lo más extraño que me sucedió durante el rodaje fue tener que aconsejar a un muchacho recolector de café de unos 16 años que acudió a mí, pensando que yo era un sacerdote de verdad, a pedirme auxilio porque estaba convencido de que estaba poseído. Me mostró unas marcas en su cuello y en su espalda, y estaba realmente desesperado; se

me arrodilló a implorarme que lo exorcizara, que se estaba enloqueciendo. No me dio tiempo de explicarle nada, lo único que atiné a decirle fue que yo no podía ayudarle porque pertenecía a una arquidiócesis distinta, que hablara con el cura de la región, que yo no estaba autorizado a hacer nada aparte de orar por él. El chico se fue corriendo y nunca más lo volví a ver.

¿Qué satisfacción le trajo?

Me siento un privilegiado, es el reto más serio, intenso e importante que he asumido durante toda mi carrera; esta película en particular gira en torno a su personaje principal. Si Gabriel no conmueve o no se le cree o no sabe estar en el ritmo y el tono adecuados, no hay película, y eso significa tener el honor y la responsabilidad de cargar con todo el peso del filme.

¿Qué significa para usted haber participado en esta producción, en relación con sus otras actuaciones?

La satisfacción más grande es ver ahora a Peto, Luis Alberto, tranquilo con el trabajo después de la enorme y arriesgada apuesta que hizo por mí, eso me emociona mucho. Gabriel era un personaje que pedía “carné de actor” y ambos sabíamos lo que se nos venía encima. Ahora quedamos en manos del público y la crítica. ¡Que Dios nos coja confesados!

En el ámbito cinematográfico nacional, ¿qué papel cree que juega esta película?

‘La pasión de Gabriel’ juega un papel muy importante en cuanto a la temática, esta película habla de verdades, es el reflejo casi documental de la guerra que vive un país a través de la mirada de un sacerdote enamorado de la vida y de la justicia, que se cree Cristo y como Cristo acaba. Es una crítica sincera al papel de la Iglesia y a lo absurdo de los poderes que alimentan y administran esta guerra.

¿Cómo se siente ahora que ‘La pasión’ participará en uno de los festivales de cine más importantes del mundo, como es el de Guadalajara?

Orgulloso, feliz, lleno de expectativas y nuevamente con el enorme peso de la responsabilidad.

¿Qué proyectos tiene para el futuro?

Vuelvo al teatro, que es mi “ambiente natural”, con tres funciones de medianoche de la obra ‘Sin mente’, en la sala del teatro R101, el 23, 24 y 25 de abril. Y muerto de ganas de volver al cine. Pronto se estrena mi penúltima película, ‘Doctor Alemán’, de Tom Schriber.

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