Tema del dia| 20 Nov 2008 - 9:57 pm

Una vida ostentosa fuera de Colombia

El paraíso de Murcia en Panamá

Por: Redacción Judicial
Desde 2005, David Murcia Guzmán había escogido a Panamá como la sede para proyectar su imperio económico DMG.
Protestas de ahorradores

La primera vez que David Murcia Guzmán ingresó a Panamá fue en noviembre de 2005. En los tres años siguientes registra 16 entradas y salidas a este país. Es decir, en apenas tres años logró consolidar un fortín económico que hoy sorprende por igual a las autoridades colombianas y panameñas. Su último lugar de residencia era el exclusivo sector de Costa del Este, cerca de un acreditado megaproyecto hotelero que en la actualidad construye el multimillonario norteamericano Donald Trump en el itsmo.

Desde julio de 2006, Murcia Guzmán alquiló un lujoso apartamento en la exclusiva torre dos del PH Miramar Plaza, en la avenida Balboa, donde pagaba un arriendo mensual de 8.900 dólares. En este lugar empezó a proyectar su negocio de DMG, para el cual ya tenía cuatro locales, dos en Ciudad de Panamá, uno en Chitré y un cuarto en Colón. Todos operaban bajo la denominación de Comercializadora Virtual S.A. Este jueves el Ministerio de Comercio e Industria ordenó la cancelación de estos locales.

Hasta el miércoles, David Murcia Guzmán era un próspero hombre de negocios en Panamá. Poseía tres yates y dos aviones, cinco lujosos Ferrari, un Maseratti avaluado en 70 mil dólares y un vistoso Lamborghini. Era habitual que oficiara como generoso anfitrión de reuniones sociales en sus yates, a los que invitaba a hombres de negocios de alto poder adquisitivo. Sólo usaba ropa de marca y se vanagloriaba de su estatus económico haciendo ostentación de su poder a través del lujo, el derroche y más inversiones.

Según las autoridades panameñas, que le seguían la pista desde que se destapó el escándalo en Colombia, hasta la noche del miércoles, Murcia Guzmán estuvo en el lujoso hotel Playa Bonita, donde una habitación puede costar más de 300 dólares la noche. Luego se trasladó en una caravana de tres vehículos con el propósito de llegar hasta Costa Rica. Los vehículos realizaron varios viajes de ida y vuelta, en un claro propósito de confundir a las autoridades. No obstante, antes de caer la noche, ya estaba claro dónde se ocultaba.

  • Redacción Judicial | EL ESPECTADOR

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