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Tema del dia 12 Ene 2011 - 10:52 pm

El asesinato en Córdoba de dos biólogos despertó la indignación nacional

Mateo y Margarita, un adiós inmortal

Familiares y amigos de los estudiantes asesinados en San Bernardo del Viento homenajearon a los jóvenes universitarios. En una semana 11 personas fueron blanco del sicariato en esa región.

Por: Natalia Herrera/Alfredo Molano Jimeno
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Foto: Gabriel Aponte

El lunes festivo, en las horas de la noche, Ricardo recibió la llamada de uno de sus amigos y compañeros de universidad. ¡Mataron a Margarita y a Mateo!, dijo una voz quebrada por el llanto. Hubo un instante de silencio, de esos solemnes y dolorosos que sólo una muerte puede explicar. Ricardo se tomó la cabeza con las manos, se sentó y su mirada se perdió en las llamas que crepitaban en la chimenea.

Silvana, una de las amigas más cercanas de la pareja de estudiantes de la Universidad de los Andes, había llamado al celular de Margarita Gómez, que en ese momento se encontraba en San Bernardo del Viento, Córdoba. La llamada, el día lunes, no fue contestada. Unos segundos después entró otra de un número desconocido. Una voz, que dijo pertenecer a un teniente, empezó a hacer preguntas: “¿a quién llamo, quién habla?”. El teniente le dijo que sus compañeros habían tenido un accidente y describió a los jóvenes. Luego entró otra llamada, esta vez de un hombre del CTI que dijo: Mateo Matamala y Margarita Gómez han sido asesinados. La hermana de Mateo, Lucía, fue quien recibió la noticia.

Margarita Gómez, de 23 años, y Mateo Matamala, de 26, eran pareja hace ocho meses. Habían viajado a tomar vacaciones y a buscar un lugar para desarrollar su trabajo de grado, pero la muerte, la violenta, la injusta, la que no avisa, los sorprendió.

“Conocí a Mateo en el Colegio Integral. Era un tipo alegre y jovial. Una vez fui a su casa y me pareció una familia bonita. A pesar de que era adinerado, siempre fue muy sencillo”, recuerda Santiago. Mateo Matamala y Margarita Gómez eran de familias prestantes. “Es el hombre más hermoso del mundo”, sentenció su hermana con el rostro contraído por el dolor. “A Mateo le gustaba la música grounche: Nirvana y otros grupos de los noventa. Había viajado mucho por el mundo y por Colombia”, anotó otra compañera.

Para Juan David la noticia fue repentina: “A mí me avisó una amiga el lunes en la noche. Creí que era mentira. Uno nunca se imagina esas cosas. Ayer, cuando todos hablaban de eso, tuve que resignarme. Era amigo de los dos. Los conocí en la universidad. Mateo era muy buena persona, siempre tenía una sonrisa para dar. Los quiero mucho”, expresó Juan David, ahogado en llanto, antes de colgar el teléfono porque las palabras no salían de su boca.

Mauricio es maestro de la Universidad de los Andes, “los conocía desde hace dos o tres años. Ella era la monitora de la clase, era la más alegre, la más frentera, la más guerrera, la más, la más”, dijo Mauricio antes de derrumbarse en llanto.

A la velación y la misa de Mateo asistieron más de 200 personas, entre amigos y familiares. Fue una misa sentida. El dolor era estremecedor e inabordable. Mateo fue enterrado antes que Margarita, cuyo cadáver fue velado en la noche de ayer.

“Margarita: radiante energía y afecto. Una silueta muy pequeña para tanto sentimiento. Parcera, toda la vida. Mateo: humilde e incondicional”: estas fueron las palabras de despedida de Mateo Fernández, otro de los compañeros de la pareja asesinada.

Como dice el poema de Miguel Hernández, para estos muchachos “temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano está rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada”.

Carta a Margarita y Mateo. De Dani, descendiente de chamanes

Te acuerdas Margara cuando nos volvimos amigos. Todos tienen épocas felices y otras no tanto. Yo veía la vida de colores y tú un poco gris. Te acuerdas que te decía que tú eras una niña chiquita llena de alegría y fantasía. Te acuerdas lo que una vez te predije: poco a poco la gente te iba a abrir los brazos y te iba a querer un montón. Te acuerdas cuando me contaste con los ojos aguados que la gente del herbario te había hecho un ponqué de cumpleaños. Te acuerdas cuando nos estresábamos por la U y a veces pensábamos que nunca íbamos a llegar. Te acuerdas cuando soñábamos con ese amor bonito y casi de niños. Te acuerdas.

Bueno, tanta gente que te quiere y te ama con todo el corazón. Tantas veces que nos hiciste reunir y reír. Tantos abrazos llenos de amor que les diste, te dieron y nos dimos. Hiciste parte de tu tesis en Argentina y terminaste la U llena de éxitos, felicitaciones y orgullo abriendo muchas puertas. Estefanía me contó que Mateo ya olía igual que tú, que tenían un amor superbonito y que parecían niños, que estabas superfeliz y realizada. Que vivías como una niña chiquita llena de alegría y fantasía.

Adri dice que ustedes se quedan aquí un tiempo y nos pueden ver. Te acuerdas cuando te decía esta clase de cosas mirándote a los ojos y cagados de la risa hasta que me dabas la razón. Entonces te lo estoy diciendo porque sé que lo estás leyendo, lo lograste todo Margarita, ¡que alegría! ¿no? Vos sabes que tengo razón, así que ¡ponte y pongámonos a celebrar esta victoria tan tremenda y tan completa!

Te quiero mucho, mi punkerita.

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