Tema del dia |8 Ago 2012 - 10:00 pm

El jefe de la 'Oficina de Envigado' será extraditado a Estados Unidos

'Sebastián', dos décadas de crimen

Erickson Vargas Cardona, uno de los sucesores de Diego Fernando Murillo, alias ‘Don Berna’, controlaba el 90% de las organizaciones criminales del Valle de Aburrá. De ladrón de carros se convirtió en capo.

Por: Redacción Judicial
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Erickson Vargas Cardona, alias ‘Sebastián’, se convertirá en el primer jefe de una banda criminal en ser extraditado a los Estados Unidos.  / Óscar Pérez Erickson Vargas Cardona, alias ‘Sebastián’, se convertirá en el primer jefe de una banda criminal en ser extraditado a los Estados Unidos. / Óscar Pérez

De ladrón de carros y apartamentos a sicario y de ahí a capo y a controlar el 90% de la criminalidad del Valle de Aburrá. A los 18 años Erickson Vargas Cardona, alias Sebastián, ingresó a la ilegalidad como sicario de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna. De su mano creció en el submundo del narcotráfico.

Luego, cuando Don Berna fue extraditado a los Estados Unidos, se quedó con el negocio y paso a paso se convirtió en uno de los delincuentes más buscados del país. Su historia de más de 20 años de crímenes está ligada a una organización de la que se viene hablando desde 1983 y que se ha convertido en la hidra del narcotráfico, una a la que se le quita una cabeza y le salen dos: la ‘Oficina de Envigado’.

Al confirmarse que Sebastián había sido capturado en Girardota (Antioquia), el presidente Juan Manuel Santos aseveró que se le había propinado “un golpe mortal a esa organización criminal, narcotraficante, sicarial, que se ha denominado la ‘Oficina de Envigado’ y que tanto daño le ha hecho a Antioquia y al país”. Por decisión de la justicia, Sebastián se convertirá en el primer jefe de banda criminal en ser extraditado a los Estados Unidos.

Es tal su importancia que el presidente Santos aseveró que la Policía se merecía una “medalla de oro” por haberlo capturado. Por su detención se pagarán $1.200 millones a un informante. Sobre este capo la Policía resaltó que, además de ser amo y señor en el Valle de Aburrá, había extendido “sus tentáculos narcotraficantes a San Andrés, Estados Unidos y Europa, a partir de grandes extensiones de producción de estupefacientes en Antioquia, Córdoba y el Magdalena Medio, apoyándose además en una estrecha alianza con el cartel de Los Zetas en México”.

A él se le debe el baño de sangre que se vivió en Medellín entre 2009 y 2011, producto de la guerra intestina en la que se enfrascó con otro pupilo de Don Berna, Maximiliano Bonilla, alias Valenciano. Pero desde el 27 de noviembre de 2011, cuando su archienemigo fue capturado en Maracay (Venezuela), Sebastián se convirtió en amo y señor, aunque su reinado no duró un año.

Sin embargo, su prontuario viene de más atrás. Sebastián no es más que el sucesor de otros tantos capos que han dirigido la ‘Oficina de Envigado’ y que han sido capturados o han muerto debido a la traición que es casi tradicional dentro de esta organización. En 1983, Pablo Escobar empezaba su lucha contra el Estado y creó esta oficina para extorsionar a todos los negocios lícitos e ilícitos del Valle de Aburrá.

En junio de 1991, cuando Escobar se puso a negociar con el Gobierno y fue recluido en La Catedral, la cárcel que él mismo había construido, le dejó la ‘Oficina’ a Gustavo Upegui, el hombre que durante años escondió su condición de narcotraficante bajo la fachada de dirigente deportivo del Envigado Fútbol Club. No obstante, no pasó mucho tiempo antes de que la ‘Oficina’ quedara en poder de un nombre apenas conocido en ese momento, pero que, conforme fueron pasando los años, se fue haciendo famoso en la escena criminal: Diego Fernando Murillo, alias Don Berna.

Murillo actuaba como jefe de seguridad de Fernando Galeano cuando, por discrepancias en unos cobros, Escobar mandó matar al jefe de la organización, así como a todos los miembros de los clanes Galeano y Moncada. Don Berna sobrevivió a esta lucha y pasó directo a engrosar las filas de los Perseguidos por Pablo Escobar, mejor conocidos como los Pepes, una alianza criminal que, junto con paramilitares y miembros de la Fuerza Pública, acabaron con la vida del capo del cartel de Medellín.

En 1993, ya muerto Escobar, Don Berna se apoderó de la ‘Oficina’, que se convirtió prontamente en una fuente de importantes recursos para el narcotráfico. Su poder encontró pocos obstáculos. En 1997 tuvo problemas con los carteles de Cali y del norte del Valle. Sin embargo, un hombre al que había conocido en su época en los Pepes lo protegió: Carlos Castaño. Después de estar con Castaño en Urabá, Don Berna ideó la creación un frente paramilitar en Medellín, y de allí surgió el Bloque Cacique Nutibara. El capo controlaba la ilegalidad a punta de fuego.

Además, Gustavo Upegui, el otro hombre fuerte de la ‘Oficina’, estaba dedicado a mantener su fachada y cuidarse de la justicia que lo tenía en la mira. Así transcurrió el reinado de Don Berna, hasta que Estados Unidos puso la mira en él y los demás jefes paramilitares. El capo hizo parte de las conversaciones de Santa Fe de Ralito (Córdoba) y al final se desmovilizó, aunque la ‘Oficina’ siguió marchando. Tanto así que Gustavo Upegui fue asesinado en julio de 2006 para que los sucesores de Don Berna no tuvieran obstáculos en su plan de quedarse con ella.

A Upegui lo asesinó Daniel Alberto Mejía, alias Danielito, que un año después fue asesinado. Entonces un hombre se hizo con todo: Carlos Mario Aguilar, alias Rogelio. Pero en 2008, cuando Rogelio se entregó a las autoridades en Buenos Aires (Argentina), la ‘Oficina’ fue el centro de una serie de disputas, pues todos los que habían pasado de agache en la época de Don Berna querían reclamar su puesto en la cima de la organización criminal. Entonces comenzó una guerra sin precedentes entre dos mandos medios que habían estado a la sombra: Sebastián y Valenciano.

La guerra causó miles de muertos y superó las barreras del Valle de Aburrá; hubo combates en Córdoba y el resto de Antioquia. Valenciano se unió a la banda criminal ‘Los Urabeños’, de los hermanos Úsuga, y junto a Henry de Jesús López, alias Mi Sangre, empezaron a disputarle a Sebastián el poder en Medellín. Pero Valenciano fue detenido y Sebastián ganó la partida, aunque sin ventajas.

Entonces el Gobierno empezó a golpear a las bandas criminales y los que no fueron detenidos se pusieron a negociar con los Estados Unidos. De la ‘Oficina de Envigado’ Jesús Hernández, alias Chaparro, jefe de sicarios, y Dairon Alberto Muñoz Torres, alias El Indio, quedaron en poder de las autoridades. Faltaba Sebastián por ser capturado.

Entonces un informante dio noticias sobre su paradero y las autoridades lo encontraron en un corregimiento de Girardota. La Policía aseguró que Sebastián había cambiado su aspecto y trataba de pasar desapercibido cuando lo encontraron. Además “fue sorprendido en compañía de su esposa y varios escoltas que reaccionaron, presentándose un enfrentamiento”, que concluyó con la muerte de uno de ellos.

La historia ha enseñado que en organizaciones criminales como la ‘Oficina de Envigado’, a un capo lo sucede otro. El Gobierno apuesta a que este es un golpe de gracia a esta estructura. Sin embargo, la organización ha sobrevivido a varias luchas. Como en el pasado, no se descarta que la captura genere una nueva disputa por el poder a su interior y las autoridades no olvidan que desde hace años la banda criminal ‘Los Urabeños’ intenta apoderarse del poder que hoy deja Sebastián. El futuro de esta oficina de cobro de casi 30 años de existencia está por definirse. ¿Se acabará o le crecerá una cabeza más, como ya ha sucedido?.

Por: Redacción Judicial
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Opinión por:

Vonf

Jue, 08/09/2012 - 16:42
Los políticos también tienen su oficina para eliminar a los que les son problema. Acabaron con los de la UP, Pizarro, Galán, Alvaro Gomez, Jaime Garzon, etc. Pero son héroes.

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