Tema del dia |17 Jul 2010 - 9:00 pm
180 años de éxitos, fracasos, avances y retrocesos
Venezuela y Colombia, historia de desavenencias y amistades
Las Farc no son el único problema. Diferendo limítrofe, controversias políticas, Breve recuento de esa relación de hermandad.
Por: Redacción Política
Foto: EFE
Con 2.219 kilómetros de frontera común, Colombia y Venezuela tienen suficientes motivos para compartir avances y problemas. Por estos días el tema de discrepancia son las Farc, y los presidentes Álvaro Uribe y Hugo Chávez los protagonistas del dilema. Pero desde hace 180 años las dos naciones, que formaron parte de la Gran Colombia unificada y dividida por sus próceres Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, han afrontado momentos de afinidad o antagonismo sin que sus pueblos hayan cedido nunca al abismo de la guerra.
Disuelta la Gran Colombia, a instancia de los gobiernos de Santander y José Antonio Páez, entre el 9 y el 14 de diciembre de 1833, los cancilleres Lino de Pombo y Santos Michelena le dieron forma al primer tratado para fijar los límites territoriales y aprobar disposiciones en materia de comercio y navegación. Y más se demoró en ser aprobado, que en entrar en litigio. Del lado colombiano se dijo que a Michelena lo había asesorado el geógrafo Agustín Codazzi y por eso quedó en ventaja. En Venezuela se argumentó que habían perdido.
El punto de discrepancia fue el Cabo de Coquibacoa y La Guajira. Por eso el Tratado Pombo-Michelena fue motivo de una interminable pelea entre expertos. Desde 1844 hasta 1941, es decir, casi un siglo, mientras en cada nación se vivían las confrontaciones civiles que sucedieron a su formación republicana o tomaban forma los partidos políticos, siempre se invocó como una causa pendiente el desacuerdo limítrofe. Tanto que se promovieron dos laudos arbitrales sin resultados convincentes.
Primero en 1891, sometido al juicio del rey de España y luego en 1922, con el arbitraje de Suiza. En ninguna de las decisiones tuvo aceptación del lado venezolano y, en cambio, se fueron celebrando diversos contratos para explotación de algunos productos donde obtuvo ventajas. El 5 de abril de 1941 se celebró el Tratado de Demarcación de Fronteras López de Mesa-Gil Borges, donde Venezuela cedió 108.000 kilómetros cuadrados, en un pacto que todavía es motivo de rechazo entre los expertos del vecino país.
Si bien los asuntos limítrofes formaron parte de la agenda binacional por muchos años, no demoraron en cruzarse los dilemas políticos. Después de tres gobiernos entre 1870 y 1887, el venezolano Antonio Guzmán Blanco cerró un ciclo que dio inicio a una dura disputa por el poder en su país. En 1892, el presidente Raimundo Andueza intentó modificar la Constitución para extender su mandato y estalló la revuelta. La zona de frontera entre Colombia y Venezuela se convirtió en territorio de conspiraciones.
El ex gobernador del Táchira, Carlos Rangel Garbiras, salió en apoyo del presidente Andueza, pero fue apresado y en 1893 marchó al exilio. Se ubicó en Cúcuta, donde empezó a promover incursiones armadas al territorio venezolano. Todas fueron derrotadas, pero entre 1895 y 1898 transformó la frontera en zona de avance y retaguardia. Uno de sus subalternos, también refugiado en Cúcuta, resultó más exitoso. Se llamaba Cipriano Castro y en 1899 dirigió la Revolución Liberal Restauradora, que se tomó el poder.
El 23 de mayo de 1899, junto con 60 hombres, cruzó la frontera y en una rápida campaña de cinco meses entró triunfante a Caracas. La saga fue tan contundente que les sirvió de ejemplo a los liberales colombianos para declarar la guerra al gobierno conservador, en octubre de ese mismo año. Sin embargo, su destino fue distinto. Aunque se anotaron los primeros triunfos en Norte de Santander, después de la Batalla de Palonegro (1900), la violencia se hizo interminable. Se le llamó la Guerra de los Mil Días.
En plena guerra, el gobierno conservador contactó a Carlos Rangel en Cúcuta, porque se había distanciado de Cipriano Castro y le dio armas y hombres para promover un alzamiento contra su ex compañero. La razón: Castro estaba ayudando a los liberales. A la cabeza de 5.000 colombianos llegó al Táchira y quien derrotó la invasión resultó ser el general Rafael Uribe Uribe. El vencedor Castro gobernó hasta 1908 y lo sucedió Juan Vicente Gómez, otro exiliado en Colombia triunfante con la Revolución Liberal Restauradora.
Gómez, quien apoyó la revolución gracias a las armas y pertrechos que le vendió el general colombiano Ramón González Valencia, terminó convirtiéndose en dictador. Asumió en 1908 y gobernó hasta 1935. Lo sucedió Eleázar López Contreras, quien fue el gobernante que promovió el Tratado de 1941. Con una particularidad, lo hizo con el presidente Eduardo Santos, dueño de El Tiempo, quien había dirigido una campaña en la prensa colombiana para que cayera el régimen dictatorial en Venezuela.
De hecho, varios exiliados venezolanos, entre ellos Raúl Leoni y Rómulo Betancourt —ambos presidentes años después—, se radicaron en Barranquilla con el apoyo de Eduardo Santos cuando era canciller. El Tratado de 1941 aún causa polémica entre los historiadores del vecino país por la cesión de los 108.000 kilómetros cuadrados en el Golfo de Venezuela y por un detalle adicional: se firmó 30 días antes de que el presidente López Contreras le entregara el mandato a su sucesor Isaías Medina Angarita.
Tras la Segunda Guerra Mundial, en el contexto de la Guerra Fría, ambos países entraron en la misma dinámica: cerrarle el paso al comunismo. En Colombia se vivía una violencia partidista y, con el pretexto de acabarla y neutralizar a terceras fuerzas, en 1957 se aprobó el Frente Nacional. Liberales y conservadores se repartieron el poder. En Venezuela, en octubre de 1958, tras derrocar al dictador Marcos Pérez Jiménez, se llamó Pacto de Punto Fijo. Los partidos tradicionales hicieron lo mismo que en Colombia.
Con intereses comunes, las relaciones entre Colombia y Venezuela se estabilizaron por largo tiempo, pero al igual que en el siglo XIX, siempre siguió vigente el diferendo limítrofe. Sobre todo desde 1952, cuando Colombia, contra los pactos vigentes, renunció a la soberanía de Venezuela sobre el archipiélago de Los Monjes. En su momento se especuló que fue el pago que hizo el gobierno Rojas Pinilla por el favor venezolano de repatriar al jefe guerrillero Eliseo Cheíto Velásquez, luego asesinado.
Después de los tiempos cordiales, la relación sólo se vino a quebrantar hasta agosto de 1987, con el famoso incidente de la corbeta Caldas. La embarcación navegaba por las aguas del Golfo de Venezuela cuando se encontró con la cañonera venezolana Libertad. El incidente derivó en actos hostiles, presencia de otras embarcaciones de guerra, sobrevuelo de aviones, cruce de notas de protesta, intervención de los presidentes Virgilio Barco y Jaime Lusinchi y mediación de la OEA, hasta que Venezuela aceptó retirar sus barcos militares.
El diferendo limítrofe volvió a los cauces diplomáticos, pero empezó a cobrar fuerza la nueva encrucijada: la presencia de jefes guerrilleros en territorio venezolano. Desde finales de los años 80 empezó a decirse que utilizaban al vecino país como refugio. Al menos en 1991, cuando el gobierno de César Gaviria Trujillo quiso adelantar un proceso de paz con el Eln y las Farc, la primera sede de las conversaciones fue Caracas. Se cambió a Tlaxcala, en México, porque en febrero de 1992, en Venezuela hubo intento de golpe de Estado.
Lo protagonizó el entonces teniente coronel Hugo Chávez. Oficialmente perdieron la vida 14 personas y 53 quedaron heridas. Chávez fue a prisión y en marzo 1994 fue indultado. Entonces se lanzó a la arena política y el 6 de diciembre de 1998 fue electo Presidente. Dos meses después asumió el cargo y desde entonces no lo suelta. Lleva 11 años en el Palacio de Miraflores y aspira a ser reelecto en 2013. Pero su largo mandato y su Revolución Bolivariana mantienen a muchos con los nervios de punta.
Entre ellos a Colombia, situada en medio de un panorama regional de expansión chavista y la decisión de Estados Unidos de evitarlo. Con un agravante: la incómoda presencia de las Farc y la ambigua postura de Chávez de declararse neutral frente al conflicto colombiano. Una controvertida posición que le costó dificultades en sus relaciones con el gobierno de Andrés Pastrana y un pulso aparte con el presidente Álvaro Uribe Vélez. Tanto que terminaron enfrentados y sus gobiernos en choque.
La lista de incidentes es larga (ver gráfico anexo). Y a 20 días del relevo presidencial en Colombia no se le ve solución. Ahora el turno es de Juan Manuel Santos, sobrino-nieto de Eduardo Santos, quien en 1941 saldó el primer capítulo del diferendo limítrofe heredado desde 1830. Sólo que ahora el problema es mayor y tiene nombre propio: las Farc. Nadie duda que utilizan a Venezuela y que la historia enseña que por la vía negociada ha sido imposible que cedan. De cualquier forma, Venezuela y Colombia merecen un nuevo ciclo de relaciones normales. ¿Será posible?
Por: Redacción Política
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