Tema del dia |23 Oct 2009 - 10:32 pm
Congresista busca que les den seguridad social y capacitación
Piden reconocer a cuidadores
Por: Andrea Forero Aguirre / Vannesa Romero
En Colombia el 83% de quienes atienden a personas discapacitadas son mujeres, que en la mayoría de los casos no pueden trabajar.
Foto: Óscar Pérez
En Colombia el 6,3% de la población, según el Censo de 2005 realizado por el DANE, tiene alguna discapacidad.Cada día, Ana Elvira Benítez* tenía la misma rutina. Cambiarle el pañal a su hermana Beatriz, bañarla y cucharearle pacientemente el desayuno, el almuerzo y la comida. Así fue hasta que Beatriz murió a los 55 años de edad, deteriorada por su discapacidad cognitiva o mental.
Ana Elvira era la mayor de cuatro hermanos y la enfermedad de su hermana menor la hizo preocuparse especialmente por ella. Con el pasar de los años el padre del hogar murió y los otros hijos se casaron. En la casa quedaron la madre —ya anciana—, Beatriz y Ana Elvira, quien se sintió en obligación de acompañarlas indefinidamente.
Así, con los conocimientos básicos en costuras, la mujer se las ingenió para solventar estrechamente los gastos del hogar sin salir de casa, porque su hermana necesitaba extremos y permanentes cuidados, al igual que su madre, quien por la vejez ni siquiera podía escuchar ni caminar.
Casos como el de Ana Elvira son muy frecuentes en Colombia, donde el 6,3% de la población, según el Censo de 2005 realizado por el DANE, presenta algún tipo de discapacidad y por lo tanto alguien cercano debe encargase de su atención.
Motivada por esa realidad, la senadora liberal Yolanda Pinto de Gaviria se reunió con un grupo de investigadores de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional, quienes le plantearon la necesitan de mejorar las condiciones de vida para los “cuidadores”, aquellas personas que asumen las actividades que una persona limitada o discapacitada no puede hacer por sí misma; para ello casi siempre el familiar o compañero permanente debe retirarse de su empleo y dejar de recibir salario.
Por eso, el planteamiento concreto de la senadora fue reconocer la figura jurídica del cuidador, darle prelación en su seguridad social y la posibilidad de acceder a una pensión de vejez a través del Fondo de Solidaridad.
En tal sentido, el proyecto de ley original propone que el sistema de salud del limitado o discapacitado garantice al cuidador acceso y apoyo “instrumental, emocional y social”. Es decir que a la persona se le suministren los medios físicos para atender a su ser querido y se le faciliten programas de estabilidad psicológica y entendimiento de su situación para enfrentar de mejor manera los duelos y temores, además de darle planes de recreación y esparcimiento.
Debido a que muchos asumen su tarea sin orientación alguna, la senadora plantea que el sistema de salud al cual se encuentre afiliado el dependiente le dé a su cuidador capacitación permanente para el desempeño de su labor.
La iniciativa tendrá su primer debate en la Comisión Séptima del Senado la próxima semana, pero sus ponentes, Jairo Tapias y Piedad Córdoba, la modificaron con la propuesta de que a cambio de lo expuesto, a los cuidadores familiares se les pague una “bonificación” similar a lo que se hace con las madres comunitarias del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. En ese caso, ya no tendrían ayuda pensional, sino que sobre la bonificación ellos pagarían salud y pensión.
El argumento del senador Tapias para modificar la propuesta es que “el proyecto original afectaba el presupuesto nacional, porque involucraba pensiones y un salario mínimo, en algunas ocasiones. Era obvio que iba a ser negado porque hay otras prioridades, por eso para que no se hundiera acordamos modificarlo para dar por lo menos un primer paso en este sentido”.
En Colombia, el 83% de los cuidadores son mujeres y sólo el 16,7% son hombres, de los cuales el 53% está entre los 36 y 59 años de edad. Las causas más frecuentes de dependencia son las enfermedades crónicas degenerativas; la discapacidad física, mental o sensorial; enfermedades crónicas congénitas; accidentalidad vial y laboral y envejecimiento.
Lo cierto es que Ana Elvira no hizo estudios universitarios, no tuvo novio, ni hijos y aplazó sus sueños que a los 70 años ya ni recuerda. Hoy vive “arrimada” en la casa de un familiar, donde, cuando las fuerzas le alcanzan, ayuda a preparar el almuerzo para compensar sus gastos que no puede solventar por falta de una pensión.
*Nombre cambiado por solicitud de la fuente.
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Andrea Forero Aguirre / Vannesa Romero | Elespectador.com
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