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Tema del dia 20 Ene 2010 - 11:07 pm

Las revelaciones del capo Hernando Gómez

‘Rasguños’ en caso Álvaro Gómez

Declaración del narcotraficante colombiano, extraditado a EE.UU., desempolvó el expediente que lleva casi 15 años de tumbo en tumbo.

Por: Redacción Judicial
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Foto: Cortesía ‘El Tiempo’

En noviembre de 1995, con los hermanos Rodríguez Orejuela en prisión, y mientras el narcoescándalo del Proceso 8.000 hacía estragos en la gobernabilidad del presidente Ernesto Samper, el sanguinario capo del cartel del norte del Valle, Orlando Henao Montoya, en alianza con el jefe paramilitar Carlos Castaño Gil, el narco Efraín Hernández (Don Efra) y a través del coronel de la Policía Danilo González, “para hacerles un favor a los políticos”, ordenó asesinar al jefe conservador Álvaro Gómez Hurtado. Así lo declaró el extraditado narcotraficante Luis Hernando Gómez Bustamante, alias Rasguño.

De acuerdo con la emisora La FM, que divulgó apartes del testimonio, fueron Horacio Serpa Uribe, entonces ministro de Gobierno de Samper, y el propio ex Jefe de Estado quienes instigaron el crimen, pues temían que el respeto que generaba Álvaro Gómez en las Fuerzas Militares, sumado al desprestigio del Ejecutivo por la financiación de la mafia a su campaña política, derivara en un inminente golpe de Estado que empezaba a gestarse y cuya figura encarnaría el entonces director de El Nuevo Siglo. Según Rasguño, Orlando Henao le confesó que el dirigente conservador estaba en esa línea apoyado por militares y que en múltiples ocasiones Samper y Serpa le mandaron razones.

La orden era disuadir como fuera a Gómez Hurtado de un eventual golpe militar, pues la mafia temía que con su llegada al poder se reactivara la extradición de nacionales, hasta ese momento prohibida por la Constitución de 1991 y sólo restablecida en 1997. “Al doctor Álvaro fue imposible arrimarle. Tratamos por todos los medios de buscar arrimarle para que se quedara quieto, y ese hombre era muy jodido, no quiso recibir plata, no quiso recibir a nadie, entonces vimos que la única forma de acallarlo era matarlo y tomamos la decisión”, dijo Rasguño que le confesó Orlando Henao, conocido como El Hombre del Overol.

Estas revelaciones se las habría hecho Henao Montoya, el único que amedrentaba a los Rodríguez Orejuela por encima, incluso, de Pablo Escobar, en una finca en Tierralta (Córdoba) llamada Cinco Tres, de propiedad de Carlos Castaño, en 1996. En esa ocasión, Castaño tuvo un fuerte altercado con Orlando Henao, precisamente por el homicidio de Álvaro Gómez. “Carlos le decía que ellos no tenían por qué haberlo matado, y más por proteger a un bandido como Samper, que Samper era un bandido igual a Serpa y que él (Henao) sabía que si él (Castaño) no había matado a Serpa era porque era amigo de nosotros”, atestiguó Rasguño, según La FM.

Pero, además, sindicó al coronel de la Policía Danilo González —asesinado en marzo de 2004 en Bogotá— de haber perpetrado el asesinato y que para éste utilizó a dos suboficiales. González, por años, fue uno de los consentidos de su institución, comandó el Bloque de Búsqueda que en 1993 dio de baja a Pablo Escobar, sin embargo, en el entretanto, trabó alianzas con capos y enemigos de Escobar que posteriormente le pasaron cuenta de cobro, pero que durante muchos años fueron sus aliados incondicionales en el mundo de la mafia y del paramilitarismo. Cuando fue asesinado, se tramitaba su entrega a la justicia norteamericana por sus nexos con el crimen organizado.

Rasguño, capturado en Cuba en 2004, refrendó la tesis que en este mismo expediente declaró el controvertido y condenado ex ministro Fernando Botero Zea, en el sentido de que el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado distraería la atención sobre el narcoescándalo del 8.000, eclipsaría la tormenta judicial que acechaba en la Casa de Nariño, cambiaría la agenda política y mediática del país y, en últimas, uniría a los más fragmentados sectores de la sociedad en la causa común de repudiar el crimen y, de tastás, respaldaría la institucionalidad representada por el Jefe de Estado. Hace apenas seis meses, Botero indicó que ante el fantasma latente de las mafias enquistadas en el gobierno Samper, se barajaron propuestas que estremecieran al país para desviar la presión.

Botero reveló que en más de 30 ocasiones, mientras estuvo en prisión, Serpa lo visitó y le confesó que Samper temía que la estatura política de Gómez Hurtado representara una amenaza para su estabilidad. En uno de esos encuentros, según Botero, Serpa le contó que se dispuso vigilancia de las autoridades al doctor Gómez Hurtado, que ésta se hizo extrema entre septiembre y octubre de 1995, a medida que se iba radicalizando la percepción del jefe conservador sobre el gobierno Samper y los editoriales de El Nuevo Siglo arreciaban. “El Gobierno estaba entrando en la muerte china de las mil heridas”, relató Botero, y había que sustituir esa cascada de malas noticias a costa de lo que fuera. Por eso se atrevió a calificar este magnicidio como un crimen de Estado.


El Espectador conoció nuevos detalles de la declaración que entregó Gómez Bustamante. Por ejemplo, que había información en el sentido de que Álvaro Gómez Hurtado iba a filtrar que se iba a realizar un golpe de Estado en contra de Samper y que eso enredaría a un grupo de políticos que estaban conspirando para que ello se lograra. El coronel Danilo González habría sido el razonero de los políticos con el cartel del norte del Valle. Sostuvo el capo que después de la primera reunión en que se definió que se iba a asesinar a Gómez Hurtado, hubo un segundo encuentro en Bogotá y en éste se contó con la presencia de un ex magistrado del Consejo de Estado.

La hipótesis que hoy trabajan los investigadores del magnicidio parece haber dado un giro de 180°. El crimen del líder conservador no se habría ejecutado para ahogar un inminente golpe de Estado, sino, todo lo contrario, para que no quedaran en evidencia los conspiretas que iba a denunciar Álvaro Gómez Hurtado y que usaron su nombre para promover la caída de Samper. En este contexto, en su libro Aquí estoy y aquí me quedo, Ernesto Samper escribió que Álvaro Gómez nunca se prestó para esas componendas, y precisamente por eso firmó su sentencia de muerte. “Los golpistas decidieron seguir con su estrategia, al punto de sacrificar al propio dirigente conservador para producir su efecto de desestabilización”, relató Samper.

Semejante testimonio del capo Rasguño causó diversas reacciones en el país político. Horacio Serpa se puso a disposición de la Fiscalía, rechazó con vehemencia la acusación, recalcó que ha pedido a las autoridades que este caso no quede en la impunidad, señaló que el jefe conservador nunca constituyó peligro alguno para el Gobierno y añadió con sorna: “A mí la vida me ha dado muchos zarpazos, ahora me da este rasguño”. Y añadió: “¿Quién puede creer que estoy involucrado en algún crimen? Sólo se le puede ocurrir a una mente calenturienta y ansiosa. Yo no conozco a esos narcotraficantes y nunca he tenido relación con ellos. La vida me ha dado muchos zarpazos, pero de este rasguño saldré bien librado”.

Por su parte, el abogado de la familia Gómez, Enrique Gómez Martínez, acotó que ve “al doctor Serpa muy urgido de construir su defensa mediática, en mi experiencia esto pasa cuando la defensa judicial es débil. Esperamos que no vuelva a desviarse este proceso”. El lío es que este expediente lleva 15 años dando tumbos, que los acusadores son narcos confesos o ex ministros sin mucha credibilidad y que los protagonistas de estas denuncias, en su mayoría, están muertos, como el oscuro triunvirato de Carlos Castaño, Orlando Henao y Danilo González. Vuelve y juega el narcoescándalo del Proceso 8.000, que parece no pasar la página, mientras el expediente de Álvaro Gómez sigue acumulando polvo.

Impunidad

Casi 15 años después del magnicidio  de Álvaro Gómez Hurtado son escasos los resultados de la justicia para llevar a los responsables a prisión. El sujeto Héctor Paúl Flórez Martínez ha sido el único condenado como autor material del crimen. En el año 2001, un juzgado especializado absolvió a cuatro personas de este homicidio. Aunque la atención de los medios se centró en el caso del coronel Bernardo Ruiz Silva, entonces comandante de la controvertida Brigada XX del Ejército. El oficial (r) fue sindicado del asesinato, pero resultó absuelto. Dentro de la nueva investigación por estos hechos se espera una declaración por parte del coronel (r) Silva.

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