"Mi condición no fue un obstáculo"

Respaldada por una brillante carrera académica y científica, Brigitte Baptiste tendrá la tarea de velar por la biodiversidad.

El 28 de diciembre llegó la buena noticia. La ministra de Ambiente, Beatriz Uribe, y la junta directiva del Instituto Alexander von Humboldt la habían nombrado como la nueva directora. Así que el domingo pasado, cuando Brigitte Baptiste abrió las páginas de El Espectador y leyó el Tarot de Mavé, sonrió pensando que no estaban tan desatinados los vaticinios de los arcanos para los escorpiones en 2011:

“Muchos lo ven como ejemplo, pero dada su modestia le cuesta trabajo aceptarlo. Se considera una persona común y corriente, pero es hora de asumir su liderazgo. Las empresas más difíciles, a las que no se les miden los cautelosos, son el pan de todos los días. Ama los hechos, no le gusta echar globos en el aire. Sigue agitando las banderas que defendió en su juventud, como las de la libertad de pensamiento y acción”.

Quienes conocen la carrera de esta bióloga, ex becaria Fulbright, con una maestría en Estudios Latinoamericanos de la U. de Florida, un doctorado en Ciencias Ambientales de la U. Autónoma de Barcelona (en proceso), investigadora y docente de la U. Javeriana, estarían de acuerdo con la definición del Tarot. Era hora de que Brigitte dejara a un lado su discreción para asumir un mayor liderazgo en el sector ambiental, en el que ha trabajado por más de 20 años.

De las tres facetas: docente, investigadora o administradora, ¿en cuál se siente más cómoda?

Todos tienen sus más y sus menos. La docencia es deliciosa porque implica estar aprendiendo siempre, mantenerse joven. Pero también tiene la limitación de que uno no influye en muchas cosas. Por eso el interés en la política ambiental.

Hemos visto a matemáticos incursionando en la arena política. ¿Esto es el primer paso de una ecóloga en ese sentido?

Creo que no. Lo que pasa es que necesitamos personas que sirvan de interfase entre la política y la ciencia. Porque se han desarrollado lenguajes muy distintos. La gente que hace política no tiene acceso a los resultados de investigación, a los datos, o no les interesa y no saben para qué sirven. Entonces, toman decisiones con base en otros criterios. Y los científicos producen mucho conocimiento, pero que nadie sabe cómo aplicar. Por eso creo que se necesitan personas que hagan de bisagra.

De la adolescente activista a la bióloga que hoy asume la dirección del Instituto, ¿cuál ha sido el cambio?

Puede ser normal por el envejecimiento, pero ahora soy más moderada. Creo en la necesidad de diálogo y concertación con los actores, que en ese entonces llamábamos los destructores de la naturaleza. Entiendo más la necesidad y la realidad económica, así como las limitaciones institucionales y sociales. Sin embargo, mantengo mi crítica fuerte al capitalismo como sistema fundamental que guíe la toma de decisiones de la sociedad. Me parece que no será por ese camino que lograremos sostenibilidad. Pero lo que tengo ahora es la máxima disponibilidad para sentarme con todo el mundo a debatirlo.

¿En qué medida el modelo económico de Colombia está en armonía con el desarrollo sostenible?

Creo que estamos en el camino. La realidad del último año nos ha golpeado muy fuerte. Son desastres acumulados que están obligando a la economía y a la política, que sienten los efectos, a que repiensen las cosas. Pero va a costar un tiempo. Hay sectores que tienen mucha fe en los equilibrios del mercado, creen que son suficientes, pero no es cierto. En términos ambientales, los equilibrios de mercado llegan tarde.

Existen muchos desafíos ecológicos, ¿cree que es hora de escuchar a los saberes tradicionales o apostar por la ciencia y tecnología de punta?

Hay que combinarlos. El conocimiento tradicional solo no nos servirá mucho, porque las condiciones del mundo han cambiado radicalmente. Hay que interpretarlo desde el punto de vista ético. Hay unos preceptos y principios de respeto y convivencia con la naturaleza muy valiosos. Pero también necesitamos adaptarnos ingeniosamente a lo que viene.

¿Como bióloga es optimista o pesimista sobre lo que pueda pasar con el planeta?

Se vienen tiempos muy difíciles para la humanidad. Comparto la visión de los grandes ecólogos de que hacia 2020 o 2030 tendremos una crisis gigantesca de salud, de alimentos, muy drástica. Sin embargo, no uso la bola de cristal, porque en la historia siempre ha habido sorpresas. Tengo dos hijas, así que tengo que ser optimista. Hay que combinar el pesimismo global con el optimismo local.

¿Qué papel desempeñará el Humboldt frente al desarrollo minero?

El Instituto debe producir información y conocimiento de buena calidad, que le sirva al Estado, a las comunidades y al sector minero.

¿Qué metas tiene como directora?

Trabajamos en un plan de cuatro años. Un aspecto es monitoreo y seguimiento a la biodiversidad. Tenemos muchas expectativas en el tema de recursos hidrobiológicos. Colombia ha cometido todos los errores en la gestión de sus recursos pesqueros. Realizamos una estrategia nacional de manejo de ecosistemas acuáticos. La meta para estos cuatro años es ganarnos la confianza de esos sectores productivos y demostrarles que la biodiversidad no es neutral frente a sus intereses.

Todos los lectores tendrán curiosidad al ver la foto que acompaña esta entrevista. ¿Qué les diría?

Me defino como una persona transgénero, que hace unos 12 años decidió asumir públicamente su vida femenina habiendo nacido hombre, pues siempre se sintió más cómoda y feliz en ese papel y ha ido negociándolo a través del tiempo. Hoy se siente muy contenta de haberlo logrado. Me siento muy honrada en la medida que la Ministra y la junta directiva decidieron dar este paso sin considerar mi condición transgénero como un obstáculo.