Diez postales del pequeño mundo

Desde 1974 la compañía japonesa ha premiado los mejores trabajos en microfotografía calificando los criterios de belleza y aporte a la ciencia.

Al frente suyo hay una red de células cancerígenas. Son azules y de un rojo intenso que inevitablemente hace pensar en lo malignas, en lo mortales que pueden llegar a ser. Son la representación del cáncer en un tamaño 300 veces mayor al natural, captadas con un microscopio.

Al frente suyo hay también un puñado de arena que, ampliado cuatro veces, da la impresión de ser un grupo de piedras preciosas. Y la cabeza de una hormiga que se ve enorme, monstruosa, con cada detalle dibujado. Y las células extraídas del hueso de un dinosaurio que vivió hace 150 millones de años y que bien podrían ser un atardecer abstracto.

Todas hicieron parte de una competencia, la Nikon Small World, que desde 1974 premia los mejores trabajos en microfotografía. Todas fueron calificadas como las imágenes más impresionantes del pequeño mundo porque “su estructura, color, composición y contenido, resultan en un objeto de enorme belleza, abierto a múltiples niveles de apreciación y comprensión —justifican los organizadores del concurso—. Porque además son documentos técnicos significativos para la ciencia o la industria”.

Alguna revista de ciencia describió este proyecto como el “acercamiento más bello a las profundidades de la naturaleza”. A aquel mundo paralelo que vive con nosotros, dentro de nosotros, y que es imperceptible para el ojo humano. Estas son diez caras de ese mundo, el pequeño mundo.