Regalías, una torta mal dividida

A partir de hoy y hasta el próximo miércoles, El Espectador presenta una serie de reportajes que dan cuenta de los problemas y controversias que tienen disgustados a un buen número de los 20.000 investigadores que trabajan en el país.

Cuando a los científicos colombianos les contaron que a partir de 2012 recibirían el 10% de las regalías para sus investigaciones, gritaron ¡eureka! Eso significaba alrededor de 800 mil millones de pesos adicionales a los exiguos presupuestos de Colciencias, que ningún año han llegado siquiera a la mitad. Pero cuando les contaron que se repartirían usando una fórmula basada en necesidades básicas insatisfechas, de la alegría pasaron a la sospecha y ahora al disgusto. Departamentos sin capacidad científica recibirán sumas cuantiosas, mientras otros que sí la tienen recibirán muy poco.

Pero eso no es todo. Para ser aprobados, todos los proyectos deben ser previamente acordados con políticos regionales. Una exigencia que incomoda un poco más a los científicos que a los líderes políticos.

Para los primeros, la manera de ‘untar la mermelada’ puede resultar en la construcción de laboratorios que se convertirán en cascarones vacíos si no se forman los científicos que les saquen el mejor provecho. La historia del país está repleta de casos de malos manejos con los dineros de regalías.

Un ejemplo de lo que está sucediendo con los actuales recursos y despierta sospechas es que unos 50 mil millones de pesos serán entregados a cinco departamentos (Arauca, Putumayo, Guainía, Vaupés y Vichada), en los que no existe ni un solo grupo de investigación registrado ante Colciencias. Córdoba, un departamento con tan sólo 41 grupos de investigación, recibirá el doble del dinero destinado a Santander, en el que existen cinco veces más grupos.

No informados

Siendo una comunidad pequeña —no llegan a 20 mil—, la queja de muchos de los científicos colombianos es que no fueron consultados, ni informados, a pesar de que el director de Colciencias afirma haber recorrido las siete regiones del país durante el año 2011, conjuntamente con funcionarios del Ministerio de Hacienda y del Departamento Nacional de Planeación, explicando el modelo de distribución de los recursos y la manera de acceder a ellos.

“El proceso fue desorganizado”, afirma Eduardo Posada, presidente de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia y director del Centro Internacional de Física, CIF. “En Bogotá no me consta que haya habido un proceso de información amplio”.

“Lo que me frustra un poco”, dice María Mercedes Zambrano, directora científica del Centro de Investigaciones Corpogén, “es que lanzaron esta nueva expectativa de los dineros por regalías para ciencia y tecnología, pero nunca nos dijeron exactamente en qué consistían”. La conclusión, luego de una reunión en Colciencias con los centros científicos, es que “las decisiones ya no se están tomando con criterios de calidad, trayectoria o excelencia académica. Nos tocará hacer política con los dirigentes de turno”.

Jaime Restrepo, director de Colciencias, explica que en cada región tuvieron lugar tres reuniones en las que se definieron las áreas prioritarias y se priorizaron los megaproyectos. A ellas estuvieron invitados las universidades, los centros de desarrollo tecnológico, el Sena, el Corpoica, los gobiernos departamental y municipal, los consejos departamentales de ciencia, tecnología e innovación y las comisiones regionales de competitividad.

Lo que al parecer nadie tuvo entre sus cálculos es que alcaldes y gobernadores cambiaron a partir de 2011, y los nuevos, para mal o para bien, no estuvieron de acuerdo con lo pactado. Es el caso de Antioquia, donde el gobernador Sergio Fajardo ha expresado algunas quejas ante los proyectos presentados.

El esquema ha sido improvisado, dicen los científicos. Uno de los cuellos de botella lo encuentran en poner de acuerdo, en un plazo muy corto, a gobernadores, alcaldes y empresarios, para proponer megaproyectos de ciencia y tecnología que no tienen que ver con los montos a los que los científicos están acostumbrados. “Montar esos proyectos es complicadísimo”, dice Posada. “Pensar que los grupos de investigación que hay en el país se van a poner a armar proyectos de ese estilo es utópico”.

Es difícil porque no hablan el mismo idioma todavía, porque los intereses son distintos y porque hay dudas de que los 800 mil millones de pesos sean ejecutados para fomentar la investigación y la innovación. En una reunión en un municipio minero de Santander, los alcaldes empezaron a bostezar mientras los biólogos les contaban sobre la molécula del ADN. Tal es la anécdota que cuenta uno de ellos, quien pide no ser citado para no enturbiar un ambiente ya difícil. Mientras tanto se pregunta: ¿qué les importa si lo que deben resolver son los problemas del día a día en su administración? No hay todavía una conciencia de que haciendo ciencia básica o fundamental pueden entenderse mejor ciertos problemas y, a largo plazo, encontrar soluciones.

El tipo de proyectos

Entre los primeros proyectos aprobados hay algunos ejemplos que no se discuten, como el del Grupo de Química Ambiental y Computacional, clasificado A1 en Colciencias, autor de la propuesta Biocaribe, de los departamentos de Bolívar y Atlántico, con la idea de crear un centro regional para el estudio de la biodiversidad del Caribe colombiano. Jesús Olivero, Ph.D., director del doctorado en Toxicología Ambiental de la Universidad de Cartagena y líder del proyecto, explicó que la “idea es generar la infraestructura requerida para poder evaluar los recursos de nuestra biodiversidad antes de su extinción, y que ese legado pueda ser empleado para seguir avanzando hacia un desarrollo sostenible, una vez agotemos los minerales que producen las regalías”.

El Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas, Sinchi, con casi 20 años de investigación en la región, formula actualmente diez propuestas que apuntan a promover, por ejemplo, la innovación y transferencia de tecnología para aprovechar los recursos naturales de esta región.

“Hay unos proyectos muy serios”, dice Posada, pero “en su gran mayoría son muy débiles”. No todos tuvieron tiempo de estructurar sus propuestas. Y revisando la lista aprobada en el Decreto 4950, hay títulos que generan sospechas.

La comunidad científica siente que Colciencias ha debido involucrarse más en el proceso y en las decisiones, para lograr que los dineros realmente los ejecuten los investigadores. Restrepo dice que “la responsabilidad de Colciencias es que los proyectos cumplan los requisitos técnicos y científicos antes de llevarlos a la discusión final y a su aprobación” y que en el futuro se convocará a un “panel de expertos abreviado” que recomendará proyectos al Órgano Colegiado de Administración y Decisión, OCAD, la última instancia de decisión.

Por ahora, la comunidad científica no siente suyos los recursos, piensa que se perderán algunos de ellos y sugiere construir un proceso más adecuado, un sistema que funcione para que los científicos puedan acceder a estos recursos con convocatorias ajustadas, y para que haya tiempo de armar proyectos coherentes que generen nuevo conocimiento, nuevas tecnologías e innovaciones.

Restrepo dice que “por primera vez en la historia del país un gobierno piensa que hay un problema grave en el modelo de ciencia y tecnología”, razón que justifica el 10% de las regalías para el sector. Los científicos aplauden la idea, pero temen que en diez años el país diga que fueron ellos los que le fallaron a Colombia porque con los miles de millones que, por decreto, se le asignó a este sector —pero no se les dio la oportunidad de ejecutar—, no se logró impulsar la ciencia.

El problema no es entre los investigadores de las regiones y los de Bogotá, Cali y Medellín, que, según Restrepo, han recibido tradicionalmente el 80% de los recursos de ciencia, tecnología e innovación. Es en la forma como se está construyendo el modelo para acceder a ellos.

“La reforma constitucional que modificó el Sistema General de Regalías fue un logro muy importante en materia de inversión para ciencia, tecnología e innovación”, dice Jorge Panqueva, director de la Corporación de Investigaciones de la Corrosión, en Santander, y miembro del consejo asesor de Colciencias. Pero no puede decirse lo mismo sobre la mecánica propuesta para tener acceso a dichos recursos, porque es “demasiado compleja”.

“Reconozco que estamos aprendiendo; estamos construyendo la historia”, dijo Posada. Y Patricia del Portillo, directora de Corpogén, remató: “Yo sé que los primeros años van a ser duros, los ajustes serán muy complejos, sufriremos, pero yo creo que el país tiene una oportunidad maravillosa... si es que realmente invitan a los científicos, y si los científicos empezamos a acercarnos a los problemas reales del país”.

Pero el problema puede ser más de fondo. En la mayoría de países desarrollados la esencia de la investigación, asociada a resolver problemas, no se define por el origen regional o local, sino por las capacidades científicas, tecnológicas y de innovación construidas.

* Periodista especializada en ciencia

Científicos alzan la voz

Jesús Olivero

Investigador U. de Cartagena

“Para las regiones, contar con estos recursos es apenas un pequeño paliativo a las décadas de abandono estatal y significa, ante todo, la posibilidad de cerrar brechas sociales y de desarrollo”.

Eduardo Posada

Presidente de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia y director del Centro Internacional de Física (CIF)

“Montar esos proyectos es complicadísimo. Pensar que los grupos de investigación que existen en el país se van a poner a armar proyectos de ese estilo es utópico”.

Sócrates Herrera

Centro de Investigación Científica Caucaseco

“Esta puede ser una gran oportunidad para la ciencia en Colombia o puede también terminar en una gran tragedia y pérdida de recursos”.

Hernán Jaramillo

Decano Economía U. del Rosario

“Existe el riesgo de que tales inversiones no sean eficientes, ya que puede tomar mucho tiempo a los grupos actuales o que se están conformando producir resultados científicos en esas regiones”.

Patricia del Portillo

Directora de Corpogen

“Este es el sueño dorado de nosotros los científicos y una oportunidad para que el país dé un salto. No se puede desaprovechar”.

Luz Marina Mantilla

Directora Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas

“El aumento de los recursos podría generar una politización inconveniente para la ciencia en Colombia, frustrante para la realidad científica nacional”.

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