Tota, un lago desprotegido

Un recurso hídrico amenazado.

Aunque en 1997 Colombia firmó el Convenio de Ramsar y se comprometió a actuar en la conservación de los humedales y sus recursos, a dos días de que comience en Rumania la decimoprimera conferencia en la que los países firmantes presentarán sus informes de gestión, los avances  son escasos.

Eso asegura el director de la Fundación Montecito, Felipe Velasco. De los 2.040 sitios incluidos, hasta el 1º de junio de este año, en la Lista de Humedales de Importancia Internacional, por parte de los 162 países que conforman la Convención de Ramsar, el informe de Colombia muestra que el país sigue figurando con los mismos cinco sitios con que entró a hacer parte del convenio hace 15 años y que en el siguiente trienio planea designar sólo dos más, uno en la Orinoquia y otro en el Valle. En contraste, países como el Reino Unido figuran con 169 sitios Ramsar.

Velasco, que participará en la conferencia, cree que al país no le ha importado cuidar sus recursos hídricos: “Basta ver el deterioro de los humedales en la Sabana de Bogotá, la laguna de Fúquene y el riesgo de daños irreparables en el lago de Tota. Colombia se raja en el respeto y cuidado de sus humedales”.

En el caso de Tota, en Boyacá, un lago altamente amenazado por los desechos de cultivos de cebolla y trucha, la Fundación Montecito suma esfuerzos para que sea incluido en la lista Ramsar.

El deterioro de sus aguas lo tiene entre los candidatos a recibir el lamentable galardón del Globo Gris por parte de la Red Mundial de Humedales, entregado a los sitios “pobremente manejados y en peligro o estado de amenaza”.

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