'Lo fácil es salir a la calle, lo difícil... proponer'

El profesor chileno Sebastián Valenzuela analiza cuáles son los errores que ha cometido la nueva generación de movilizaciones sociales que nacieron en la red.

Sebastián Valenzuela, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile.  / Andrés Torres
Sebastián Valenzuela, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. / Andrés Torres

Las redes sociales cambiaron la naturaleza de las movilizaciones, de la protesta. Y para ilustrarlo bastaría con sólo mencionar el movimiento Occupy en EE.UU., el 15-M en España y, si se quiere un ejemplo más cercano, el movimiento estudiantil de Chile. ¿Qué han hecho bien y qué mal esta nueva generación de indignados sociales? La pregunta la responde Sebastián Valenzuela, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien está en Colombia como invitado al V Congreso Latinoamericano de Investigadores en opinión pública, organizado por la Universidad Externado, de Bogotá.

¿Cómo describiría usted el papel que han cumplido las redes sociales en esta oleada de manifestaciones?
Cumplen varias funciones. Primero, son un canal de información; segundo, un escenario de deliberación, y tercero, son en sí mismas un espacio de manifestación, por ejemplo, cuando te suscribes a una causa en Facebook. Si bien se había visto este último tipo de participación como light, ahora nos estamos dando cuenta de que no es así: si de un día para otro eres capaz de convocar en estas causas a 200.000 personas, que seguramente no se van a manifestar en la calle, ya se puede hablar de una fuerza online.

Pero no basta con las redes sociales para consolidar un movimiento...
No es suficiente. Para que un movimiento social sea exitoso, hay que seguir pensando en la capacidad de organización, en recursos financieros, en unos dirigentes con liderazgo. Las redes sociales no han cambiado eso, lo que explica por qué tantos movimientos que nacen allí fracasan; no basta solamente con estar en la red. Las redes tienen sobre todo un rol instrumental.

¿Cómo hacer para que ese activismo no se convierta en una moda o una tendencia?
Es inevitable que tenga un componente fuerte de moda, o más que moda yo diría de contagio. Y la respuesta es sencilla: ¿a quién tengo yo en mis redes sociales? A personas que me importan, con las que me identifico, y eso hace que el contagio sea más fácil, inevitable. Yo ese contagio no lo veo como algo negativo, al contrario, creo que aumenta las probabilidades de que la gente se acerque a ciertos mensajes y luego se plantee si quiere participar de esa causa. Basta con que las redes sociales informen, para que cumplan un rol positivo.

¿Y qué tendría que hacerse para que esa indignación no sea momentánea, para que perdure?
Es mucho más fácil escribir en la red y difundir el mensaje, que hacer el trabajo a largo plazo. Pero ese no es un problema de la red, es un problema de nuestros países que tienen una sociedad civil muy débil. Las redes sociales nos llegaron en un escenario en el que prácticamente no había sociedad civil (sólo un gobierno y unos ciudadanos), y es difícil pedirle a esa tecnología que reconstruya algo que ni siquiera existía. Hoy, al menos, se puede pensar en la posibilidad de que en un futuro se construya esa sociedad civil.

A estos nuevos movimientos se les crítica que son muy emocionales y carecen de peso racional...
La psicología política nos enseña que la emoción es un movilizador importante, sobre todo la rabia y el enojo. Pero ese no puede ser el único motivo. El desafío que estamos viendo es que tenemos ciudadanos empoderados e indignados, pero hay una crisis muy fuerte en las instituciones representativas, no hay dirigentes que estén cumpliendo encauzando esas demandas en propuestas concretas. Faltan líderes sociales bien preparados.

¿Eso es lo que ha pasado con el movimiento estudiantil de su país?
Sí. Hay una gran movilización, pero en el momento de entrar a dialogar no hay bases. Si quieres cambiar el sistema educativo no basta con tener gente en la calle, tienes que tener propuestas legislativas. En el caso de Chile se está viendo un agotamiento, los líderes insisten en seguir manifestándose en las calles, que es la parte fácil; la difícil es sentarse a hacer propuestas concretas, realizables, reales.