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Vivir 4 Oct 2008 - 1:14 am

Murió el más famoso del Vaticano y estos son sus discípulos en Colombia

Los exorcistas

Claudio Valencia, Jimy Bula y Hernán Castrillón son tres sacerdotes que en su labor de misioneros han tenido que enfrentar y liberar demonios. Los tres hablan sobre el exorcismo.

Por: Diego Alejandro Alarcón R.
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Foto: David Campuzano-El Espectador

El Vaticano confirmó la semana pasada la muerte de su exorcista más célebre. Monseñor Conrado Balducci, quien fuera el autor del Ritual de exorcismos publicado por la Santa Sede en 1999, falleció tras haber dedicado más de la mitad de los 85 años de su existencia al estudio de la demonología. Él era uno de los miembros más mediáticos de la Curia Romana: lo reconocían como un cercano amigo de Benedicto XVI y por tratar un tema que hoy, en pleno siglo XXI, continúa resultando espinoso y enigmático para el catolicismo tradicional. 

Su especialidad eran los exorcismos, y hablando del tema era estricto y reservado. Decía que había que ser prudente al distinguir a los poseídos de los enfermos mentales y que los casos reales eran tan escasos, que en Italia el número que la Iglesia califica de “verdaderos” no alcanza el tope de los 20.

Algo similar le ocurre al padre Jaime Vélez, quien en 11 años que lleva ocupando el puesto de exorcista oficial de la Arquidiócesis de Bogotá, asegura nunca haber tenido que llevar a cabo una liturgia de exorcismo. Falsas alarmas ha escuchado muchas y a todas les ha encontrado una explicación desde el campo de la medicina psiquiátrica.

Sin embargo, pese a que hablar de Balducci o del Vaticano parece algo tan lejano, como de una asunto propio del mundo paranormal, la experiencia de los padres Hernán Castrillón, Jimy Bula, y Claudio Valencia es radicalmente distinta. Ellos dicen tener en su historial sacerdotal varios exorcismos consumados, derivados de su labor como misioneros de la comunidad católica Nuestra Señora de la Alegría. Con su diócesis en el barrio El Ángulo, al sur de la capital, han pasado la mayor parte de su tiempo de ejercicio religioso en los sectores de escasos recursos de la ciudad, llevando el evangelio a los oídos de la gente.

Durante sus correrías por los barrios, reúnen a grupos de oración, hacen obras de caridad en las comunidades e imparten misas, incluidas las llamadas “misas de liberación”, con las que buscan la limpieza espiritual y física de los creyentes. Es llevando a cabo estas celebraciones cuando, según cuentan, tienden a manifestarse los entes demoniacos y en donde han tenido que combatirlos con el poder infinito del Altísimo.

Exorcizando cuerpos

Cabezas que giran, ojos que cambian de color, vómito abundante y palidez extrema. Los directores de cine se han encargado de deformar la imagen real de un exorcismo. Eso concluyen los tres padres.


A pesar de que sí suceden cosas extrañas como cambios en la voz y en el físico del poseso, amenazas, insultos, aumento anormal de la fuerza, dialectos desconocidos, gritos e intentos de agresión; “los exorcismos son un acto solemne, no un espectáculo”, señala Castrillón, y aclara: “Un padre responsable nunca se va a enfrentar a un demonio diciéndole: ‘Te ordeno que salgas de ahí’. Uno no es nadie para combatir este tipo de espíritus, por eso se le debe aclarar al ente demoniaco que se  habla en nombre de Dios: ‘Cristo te ordena que salgas de ahí’. De lo contrario, el demonio puede lastimarte”.

Pero, ¿cómo se les presentan los exorcismos?, ¿cómo diferencian una enfermedad psiquiátrica de una posesión?, ¿qué deben hacer los sacerdotes para ganarle la batalla a un demonio? Las respuestas tienen su propia ciencia y el padre Bula da sus razones. De acuerdo con sus palabras, es bastante improbable que una persona sea poseída por un demonio debido a que “Dios reviste con su gracia a los hombres desde el bautismo”. No obstante, el hecho de recurrir a prácticas oscuras como la Tabla Ouija para la invocación de espíritus, la magia negra o la hechicería, es adentrarse en terrenos escabrosos que “le abren la puerta al mal”, sentencia Castrillón.

Claudio Valencia en el barrio Gustavo Restrepo, Hernán Castrillón en Madelena y en El Sosiego y Jimy Bula en San Juanito —los lugares en donde hacen misas de liberación— concuerdan en que por la misma intención que ese tipo de eucaristía encarna, en las que se ahonda en la limpieza de las influencias negativas, es un momento propicio para que los espíritus demoniacos hagan notable su repulsión. De hecho, algunos familiares de supuestos endemoniados acuden en busca de ayuda para su ser querido.

Es así como se les ha catalogado de exorcistas. Tras exitosas liberaciones el voz a voz de la gente y su carácter misionero los ha llevado a otros sectores de la ciudad e incluso del país. Han misionado en ciudades como Barranquilla y Villavicencio, y en otras poblaciones como Facatativá. “No es que uno se dedique a buscar a quién exorcizar ni en dónde. Simplemente yo creo que Dios le va poniendo las ocasiones en el camino, es nuestro deber al ser servidores suyos”, asegura Valencia.

Ninguno de los sacerdotes guarda un registro del número de exorcismos que ha realizado. Son eventos ocasionales, que pueden ocurrir una o dos veces al mes, o ninguna en todo un año. Sin embargo, exponen una distinción: las posesiones que requieren de exorcismo son necesarias cuando la persona ha concretado pactos con fuerzas oscuras y el demonio se ha instalado en sus cuerpos, mientras que las liberaciones se dan cuando un espíritu maligno se manifiesta intermitentemente, acosando, moviendo objetos y generando malos pensamientos.

El padre Valencia es un poco más metódico: “Semanalmente hago 4 misas de liberación y calculo yo que cerca del 30% de las personas que asisten me piden ayuda después de confesar que habían jugado con la Tabla Ouija o con magia negra. La gente muchas veces lo ve así, como un juego, y al mal es mejor dejarlo quieto”. 

Los tres cuentan que no sabrían de qué manera explicar la forma en la que distinguen a los poseídos de los enfermos. Hablan de que es una cuestión de energía, la percepción de una presencia maligna que los hace actuar guardando temor por el demonio, pero sin miedo a hacer algo incorrecto, así lo hacía Cristo, aclara el padre Jimy: “Los espíritus demoniacos hacen daño y ante una urgencia no queda otro camino diferente a la oración, no se puede perder tiempo”.


La oración y la fe en Dios son los pilares de su fuerza antidemoniaca. Para enfrentar a los malos espíritus hablan de diversas estrategias, como la predicación de salmos, la lectura de rituales católicos tradicionales, sal agua y aceite benditos (que también son utilizados en varias ceremonias sacramentales), que se rocían sobre el poseso, ese su arsenal. No obstante, en caso de no tener ninguna de esas armas a la mano, están seguros de que la fe en la inmensidad del poder de Dios es suficiente.

Autoridad independiente

Para que un sacerdote sea considerado “exorcista oficial” debe tener el aval del Vaticano, ser autorizado por el obispo de su diócesis y seguir al pie de la letra todos los protocolos estipulados en el Ritual de exorcismos. Éste no es el caso de los padres Claudio, Jimy y Hernán. Ellos hacen parte de la vertiente Vétero de la Iglesia, una rama católica disidente que no reconoce la autoridad del Pontificado de Roma.

Monseñor Gonzalo Jaramillo, obispo vétero de 70 años, quien además es el fundador de la Comunidad Nuestra Señora de la Alegría, fue uno de los pioneros de la corriente en Colombia. Tras pasar varios años como sacerdote romano en Ibagué, decidió renunciar a la Iglesia al considerar que sus excesivos dogmatismos la alejaban del verdadero sentido del Evangelio.

Él ordenó sacerdotes a los tres padres que hoy algunos de sus creyentes no dudan en llamar exorcistas. En ese sentido, es mucho más pragmático: “La labor de ellos como misioneros es evangelizar, representar el poder de Cristo en la Tierra y ayudar a la gente en lo que necesite, incluido el hecho de liberarlos del mal”, aclara el obispo.

Lo cierto es que los creyentes les tienen fe y, más allá de la superstición, hay quienes les están eternamente agradecidos por haber liberado a uno de los suyos de influencias demoniacas. “Desde que vi un exorcismo del padre Jimy, me convencí de que las posesiones son algo real. Varias personas preguntan por ellos, para que los asistan cuando creen que el demonio anda por ahí molestándolos”, testifica Claudia Leal, una creyente que lleva varios años conociendo a los padres y escuchando sus testimonios.

“Nuestro lenguaje es el del amor que nos enseñó Jesucristo y si puedo tender mi mano de ayuda a un poseído, lo hago en nombre de él, aunque yo, Jimy Bula, me esté muriendo del susto por dentro”.

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