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Tres años al frente de la oficina del Fondo de Población de las Naciones Unidas en Colombia le han dejado al ecuatoriano Diego Roberto Palacios una clara perspectiva de las fortalezas y debilidades del país en asuntos de poblaciones. Dice que por un período de tiempo, que no va más allá de 25 a 30 años, se abren ventanas de oportunidad cuando los países acumulan una mayor proporción de jóvenes en su pirámide poblacional. La de Colombia está cerca de cerrarse.
¿Qué ha sido lo más satisfactorio de estos años en el país?
Aquí los temas de población interesan mucho. Hay un interés genuino de trabajar en el cumplimiento de los compromisos de El Cairo y Beijing. A todo nivel.
¿En qué estamos descuidados?
Todos los temas han avanzado muy bien. Tal vez la única frustración tiene que ver con que cuando se hacen avances a nivel normativo no siempre se ven reflejados en acciones y financiamiento concretos. Por ejemplo, en el tema de género y equidad se aprobó en 2006 una ley contra la violencia de la mujer. Ese fue un gran primer paso. Pero la cuestión ahora es cómo se traduce esa ley en programas concretos.
¿Un tema en el que Colombia esté retrasada?
Creo que el tema de juventud ha sido el más complicado. Una de las áreas de trabajo del Fondo de Poblaciones es aprovechar lo que la Cepal y nosotros denominamos el “bono demográfico”. Quiere decir que hay un momento en la historia de cada país en el que por la transición demográfica, reducción de la fecundidad y la mortalidad, surge un crecimiento grande de población joven que brinda oportunidades de desarrollo que no se vuelven a repetir. Si se invierte en esa población, que es altamente productiva, en educación, oportunidades laborales, participación social y política, se generan mayores oportunidades de desarrollo. Eso no es teoría. El éxito de los tigres asiáticos fue que ellos aprovecharon ese bono demográfico.
¿Colombia tiene bono demográfico?
La ventana se abre sólo por un periodo. En algunos países se ha calculado que puede durar entre 25 y 30 años. Colombia está a mitad de aprovechar esa ventana de oportunidad, porque tendría esa ventana abierta hasta el año 2020. Luego, esa relación entre población productiva y población dependiente (niños y ancianos) comienza a cambiar. Hay países en la región en los que esa ventana se les cerró, como Cuba.
¿Si es tan evidente la ventaja por qué no lo hemos hecho?
Creo que el problema es que trabajar con juventudes es difícil. Existen algunas barreras para llegar a ellas. Es difícil hacerlo fuera del sector educativo. Además, hay redes de jóvenes que no son suficientemente organizadas. Se trata de un grupo que transita muy rápido hacia otras edades. Si creas programas de liderazgo para jóvenes, en cuatro o cinco años ya pasan a otro grupo.
¿Qué opina de un programa como Colombia Joven?
Yo diría que el programa Colombia Joven ha sido interesante y cumple un rol, pero me parece que le falta el nivel político para movilizar a otros sectores que permita una respuesta conjunta para y con los jóvenes. La respuesta debería ser integral, coordinar esfuerzos de distintos ministerios.