17 Dic 2011 - 9:00 pm

Yo estuve en...

La ciudad donde mataron a Bin Laden

Sohaib Athar, un paquistaní de 33 años, fue el primero en anunciar, vía Twitter, los ataques de tropas de EE.UU. que dieron de baja al terrorista más buscado de la última década.

Por: Daniel Salgar Antolínez / Redactor internacional
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    http://www.elespectador.com/muerte-de-bin-laden/ciudad-donde-mataron-bin-laden-articulo-317186
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Imagen de la casa en la que Osama Bin Laden permanecía escondido, asaltada por el Ejército de Estados Unidos en mayo pasado. / AFP

“Un helicóptero sobrevuela Abbotabad a la 1:00 a.m. (es un evento extraño)”, fue mi primer tweet. Era la madrugada del 1º de mayo de este año. Estaba trabajando en mi computador. Los primeros sonidos que rompieron el silencio de la noche fueron los de una aeronave sobrevolando mi barrio, dando círculos y quedándose quieta durante cerca de media hora. Once minutos después, una estruendosa explosión retumbó en las ventanas de mi casa; también tuiteé eso. En principio, el helicóptero sólo me molestaba pero la explosión me asustó, no era común, Abbotabad no había sufrido ataques terroristas hasta entonces. Así que volví a tuitear: “Vete, helicóptero, antes de que saque mi matamoscas gigante”.

El silencio volvió después de la explosión y aunque estaba preocupado porque creía que había sido una bomba, seguí trabajando. Soy un profesional de la computación y también administro un café internet desde hace algunos meses. Como dejé de ver televisión hace años y no tengo televisor era difícil enterarme de la noticia por algún avance de última hora. Pero pronto empezaron a circular rumores en la red. Me enteré de que no era uno, sino dos helicópteros, que no eran paquistaníes, tampoco talibanes. Algunos incluso especulaban que se trataba de un drone. Era demasiado ruidoso para ser una aeronave espía. “Entonces debe ser algo serio”, volví a tuitear, sin imaginar aún que se trataba del ataque a uno de los terroristas más buscados de la historia. También supe que la explosión ocurrió en Bilial Town, cerca a mi barrio.

Yo no era vecino de Bin Laden, como muchos piensan porque algunos medios lo dijeron, era sólo un tuitero despierto en Abbotabad, donde la mayoría usa Facebook a altas horas de la noche.

La primera pista llegó horas después, cuando alguien dijo que el ataque perpetrado en esta ciudad estaba vinculado al discurso que acababa de pronunciar Barack Obama sobre la muerte de Osama bin Laden. Luego un periodista, también a través de Twitter, me dijo que yo había sido el primero que, sin verlo, sin saberlo, había informado sobre la muerte del líder de Al Qaeda. “Uh, oh, ahora soy el hombre que tuiteó el ataque a Osama Bin Laden sin saberlo”, tuiteé. Un maremágnum de medios apareció en el ciberespacio, querían la primicia más esperada desde la caída de las Torres Gemelas, que se reveló en Twitter incluso antes de que la oficializara el gobierno norteamericano.

Estuve despierto toda la noche. Después de que se confirmó todo hubo un monstruoso movimiento en la red. Los hashtags 'Osama', 'God bless America', 'Obama is dead', 'OBL' , 'Team America' y 'Navy seals' eran los más calientes. Cerca de 50 tweets por segundo inundaban esas listas. En la mañana fui al café internet para tomar un par de expresos que me mantuvieran de pie y hacer labores prácticas. Mientras tanto continuaba recibiendo innumerables peticiones de medios que querían entrevistarme. Eran demasiados, no podía atenderlos a todos: “me rindo, no puedo leer todas las menciones, así que dejaré de intentarlo”, tuiteé. El corte de energía (en Pakistán hay racionamiento de energía a diario) me alejó por unos momentos de la red, así que encendí rápidamente un generador que tengo en mi negocio para darme cuenta que Abbotabad era el centro de la atención mundial. A cientos de tuiteros y periodistas les respondí lo mismo: no tenía idea de que Bin Laden vivía ahí, tampoco sabía que el ataque era contra él, ni que había sido perpetrado por tropas estadounidenses, aunque si hubiera sabido, también lo hubiera tuiteado.

Vi imágenes del lugar de los hechos, acordonado por la policía paquistaní que realizaba requisas en las casas alrededor. Sólo había pasado por ese lugar una o dos veces. Como vengo de la ciudad de Lahore (cerca de la frontera con India) no tengo un círculo social muy amplio en Abbotabad, ni mucha compañía para deambular alrededor. Llegué hace dos años buscando más seguridad con mi hijo y mi esposa.

La edificación donde estaba Bin Laden era sólo una más entre las muchas casas que hay y nada sospechoso podía ser detectado desde afuera. La casa tampoco sobresale entre las otras viviendas, de hecho, hay muchas que la superan en tamaño y son verdaderas mansiones. Acá es común que las casas estén rodeadas por muros grandes y cercas eléctricas, los vecinos se cuidan unos de los otros. Son básicamente terrenos vacíos con construcciones en algunos caminos, ubicados aproximadamente a 2,5 kilómetros de mi casa.

En las calles y en el café la gente se mostraba escéptica. Y aún lo está. Muchos paquistaníes quieren ver pruebas, imágenes de la muerte de Bin Laden, aunque su esposa y su hija hayan confirmado al canal Al Jazeera su muerte. Las pruebas podrían ser fuertes pero publicarlas le ayudaría a EE.UU. a cerrar apropiadamente la historia, sin dejar espacio para tantas suspicacias. Acá continúa la controversia alrededor de que, si hay un cuerpo, podría ser enterrado para análisis post-mortem. Además, los musulmanes son enterrados, no arrojados al mar, como se supone que lo hicieron los estadounidenses.

El café no logró apaciguar el sueño. Las fuerzas sólo me alcanzaron para hablar con un par de periodistas de la revista Time y de Reuters, que fueron los primeros en contactarme. Una monstruosa cantidad de medios me asediaban: “Bin Laden está muerto. Yo no lo maté. Por favor, déjenme dormir ahora”, tuiteé. En los siguientes días di alrededor de 12 entrevistas y mi rutina y mis tiempos de sueño se vieron seriamente perturbados. Después de unas semanas, a pesar de que aún llegaban correos electrónicos y solicitudes, mi vida retornó a la normalidad.

La única diferencia significativa que el hecho trajo a mi vida, además de haber hecho un montón de amigos, incrementar mis seguidores en Twitter, disminuir mis horas de sueño, recibir invitaciones para escribir libros, ver imitaciones de mí en un documental australiano sobre la muerte de Bin Laden y verificar mis creencias sobre el potencial de las redes sociales, es la invitación a participar en el panel de SXSW News. A Steve Myers, de la compañía Poynter, se le ocurrió hacer un panel de SXSW conmigo. Iré pronto a Estados Unidos para hablar de qué tan rápido viajan las noticias a través de las redes. También se hablará del periodismo hecho por ciudadanos y de su práctica desde el punto de vista de un profesional de la computación (no me considero periodista, aunque haya actuado como uno). La idea del panel, básicamente, es cómo puede hacerse mejor y más efectivo.

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