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Los 40.000 niños refugiados en Siria que ningún país quiere recibir, ¿por qué?

Varios campos de refugiados al norte sirio albergan a niños menores de 12 años, que terminaron abandonados. Más de 60 países occidentales que deberían repatriarlos no lo han hecho, denuncia un informe de Naciones Unidas.

14 de septiembre de 2021 - 01:41 p. m.
Miles de mujeres y niños sirios, familiares de combatientes del Estado Islámico muertos o detenidos, viven en pésimas condiciones en el campamento de Al-Hol.
Miles de mujeres y niños sirios, familiares de combatientes del Estado Islámico muertos o detenidos, viven en pésimas condiciones en el campamento de Al-Hol.
Foto: AFP - Agencia AFP

Cerca de 40.000 niños malviven en Al Hol y otros campos de refugiados en el noreste sirio, más de la mitad de ellos extranjeros, mientras sus países de origen, más de 60 incluyendo naciones occidentales, se niegan a repatriarlos, denunció hoy el último informe de la Misión de Investigación de la ONU para Siria.

”Algunos países que presumen de ser democráticos se han olvidado de lo que ocurre en Al Hol”, declaró el presidente de la misión tripartita, Paulo Pinheiro, quien recordó que aproximadamente la mitad de esos niños son iraquíes y otros 7.800 provienen de más de 60  países distintos a Siria.

Aunque alrededor de un millar de niños de Al Hol y otros campos han podido regresar a sus países, muchos continúan “privados de libertad y del derecho a educarse, a tener una atención sanitaria adecuada o incluso a jugar, sin estar acusados por nadie de delito alguno”, indica el informe.

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En el campamento y sus alrededores, se albergan muchas familias de presuntos combatientes extremistas desde la derrota de ISIL en Siria y el vecino Irak, denunciaba en un informe de febrero Naciones Unidas.

Hanny Megally, también miembro de la comisión que desde 2011 documenta crímenes de guerra y contra la humanidad en Siria, explicó que muchos de esos niños viven junto a sus madres en los campos y que algunos países ponen como excusa el no separar estas familias para no hacerse cargo de los niños.

“Madres y niños deben volver a casa”, afirmó Megally, quien señaló que los debates para que los Estados se hagan cargo de estos refugiados se prolongan ya desde hace más de 30 meses.

Al Hol y otros campos de refugiados situados junto a la frontera iraquí están controlados por las Fuerzas Democráticas Sirias, ligadas al gobierno autónomo de Rojava opuesto a Damasco, y sus internos son principalmente personas desplazadas de zonas controladas en su día por el Estado Islámico.

”Castigar a los niños por los pecados de sus padres es injustificable”, subrayó Pinheiro, para insistir que estos niños, muchos de ellos menores de doce años, deben ser protegidos con arreglo a las leyes humanitarias y de derechos humanos.

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El informe presentado por la misión, vigesimocuarto que elabora tras más de una década de guerra civil en Siria, señala que pese a la reciente reducción de los bombardeos y ataques con artillería se siguen cometiendo por todas las partes crímenes de guerra y contra la humanidad.

”La guerra de Siria continúa y sigue siendo difícil para los sirios encontrar un lugar seguro en el país”, resumió Pinheiro.

Megally añadió que la victoria de Bachar al Asad en las elecciones presidenciales de mayo, tras las que inició su cuarto mandato, no ha venido acompañada de un esperado descenso de la represión del régimen a los opositores.

”Continúan repitiéndose casos de detenciones arbitrarias, en condiciones de incomunicación, por parte de las fuerzas gubernamentales y se han registrado torturas, violencia sexual, muertes bajo custodia y desapariciones entre los detenidos”, denuncia el informe.

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El documento lamenta particularmente el retorno de una táctica más bien propia de guerras medievales, los asedios, en los últimos meses, en los que las fuerzas gubernamentales han aislado localidades como Deraa al Balad, uno de los lugares donde se inició la insurgencia contra Al Asad en 2011.

”Decenas de miles de personas están atrapadas sin acceso a comida o a atención sanitaria, lo que obligó a miles de ellas a huir”, subraya el informe.

”Es muy triste que en pleno siglo XXI retorne una práctica como ésa”, comentó Pinheiro, tras afirmar que el conflicto se está convirtiendo cada vez más en “una guerra contra la población civil” en un país no sólo destrozado por el conflicto, sino también por la crisis sanitaria y la pandemia de COVID.

El informe denuncia asimismo violaciones de derechos humanos en zonas controladas aún por grupos islamistas como Hayat Tahrir al Sham (el antiguo Frente al Nusra), donde “se siguen imponiendo restricciones a los medios y la libertad de expresión, incluyendo detención de periodistas y activistas”.

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