El día que Carolina Abad me pidió que escribiera sobre Del amor y otros demonios , le dije que sí. Lo primero sería releer el libro, para lo cual tuve que buscarlo en mis trasteos, en donde no apareció, subirme al carro, parquear, entrar a la librería y comprarlo nuevo. Casi costó $20.000 y me duró todo el fin de semana. Allí se me hizo evidente la primera dificultad que existe en transformar cualquier libro en una película, pues exige comprimir una experiencia literaria de dos o más días, al ritmo que queramos, en un viaje audiovisual de un par de horas sin paradas.
En el caso de la obra de Gabo esto empeora, pues la historia está llena de películas fallidas basadas en la obra de nuestro escritor, lo cual curiosamente no ha mermado el interés de los cineastas en llevar al cine las sensaciones de su literatura. Nunca se va a saber si Gabo no ha podido con el cine o si los cineastas no hemos podido con la literatura de Gabo.
Más allá de las dificultades, toda película las tiene y las productoras de Del amor y otros demonios saben a qué se enfrentan y por eso asumen con respeto su reto, esta producción resulta muy importante en la formación del eslabón que unirá el éxito del cine colombiano dentro del país con nuestra expansión audiovisual internacional. En este caso, a través de una de nuestras casas productoras más importantes, CMO Producciones, que ha convocado gran cantidad de actores, técnicos y creadores colombianos y latinoamericanos para ponerlos al servicio de la realización de esta película basada en la novela homónima de García Márquez.
El otro lado de la coproducción lo trae Alicia Films, de Costa Rica, que reúne a la guionista y directora Hilda Hidalgo, líder inequívoca de esta aventura, quien de la mano de su productora Laura Pacheco. Junto a Laura, Hilda ha cultivado este proyecto desde que, como alumna de un taller de guión dictado por Gabo en la escuela de Cine de San Antonio de los Baños en Cuba, le dijera al escritor ¿Por qué nunca se ha filmado Del amor y otros demonios si es tan cinematográfica? a lo cual él respondió cediéndole los derechos por una cifra que si bien no parece nominal, sí se intuye bastante más razonable que los tres millones de dólares que aparentemente debió pagar Scott Steindorff, de Stone Village, por los derechos de volver película El amor en los tiempos del cólera. Desde entonces, Hilda se dedicó a escribir la mejor adaptación posible del libro y concretó el guión cinematográfico que hoy ella misma dirige.
Laura Pacheco, en cambio, se ha dedicado a conseguir las mejores condiciones de producción para la película. Y fue en esta búsqueda que convenció a la renombrada productora mexicana, nacida en la Argentina, Laura Imperiale, de hacer parte del equipo que junto a ella y a Clara María Ochoa forman el trío sólido que está al mando de la producción de esta importante película para nuestra cinematografía y nuestra cultura.
Laura Imperiale, además de liderar películas como Nicotina y El crimen del padre Amaro, ha sido protagonista en la producción de la versión de El Coronel no tiene quien le escriba, que el cineasta Arturo Ripstein dirigió basado en la obra de
nuestro Nobel. Dicen que junto con el Tiempo de morir, de Jorge Alí Triana, son las versiones audiovisuales que mejor han retratado en imágenes la literatura garciamarquiana.
Qué grata coincidencia que Eliza, la hija de Jorge Alí, sea la actriz protagonista en Del amor y otros demonios, la tan buscada Sierva María. Y qué bonita casualidad que Sylvia Amaya, su madre, sea la directora de casting de la película. Y quién sabe si sean casualidades o coincidencias, porque en el cine parece que no existen. Hilda Hidalgo ya había visto a Eliza cara a cara como una posible Sierva María, pero la desechó porque en el momento era muy joven.
Tiempo después, viendo el video de otra actriz que andaba tras el apetecido papel, le cautivó la voz de un ser que de espalda apoyaba generosamente a la nueva aspirante con los textos, para mejorarle su actuación y sus posibilidades. Fue allí, de espalda y en video, que Eliza se volvió a meter en la baraja y que Hilda la empezó a reconsiderar como su mejor Sierva María. Con la apariencia de una coincidencia, pero de la mano de la magia, Eliza Triana se ganó el papel principal.
Las tres productoras coinciden en que uno de los ingredientes que hace parte de su apuesta es el no haber acudido a ningún coproductor extranjero para que entrara en esta producción. Es un concepto lleno de poesía, los buenos productores no se limitan a hablar de plata, pues reconoce una unidad cultural latinoamericana y más aún caribeña, por ser Colombia, Costa Rica y México las tres nacionalidades más activas en el proyecto. Tres productoras, de tres países, pensándose como de una misma nación, es un poema conceptual sobre el cual se erigen otras fortalezas de esta adaptación, como por ejemplo usar actores de la misma nacionalidad de los personajes de la novela para evitar acentos falsos e impostados; o usar a Cartagena como escenario central del rodaje, por ser allí en donde la novela transcurre; o filmarla en español, idioma en el que la novela está escrita. Aunque la película aún no está terminada, Del amor y otros demonios tiene todos los ingredientes para ser un delicado espejo audiovisual capaz de reflejar con fuerza todas las sutilezas del libro.
Como el amor está en el rigor con que han filmado y el diablo está en los detalles que tanto han cuidado en la realización, no sorprende cuando las tres cuentan cómo actores, figurantes, técnicos y creadores se abrazaron como hermanos al despedirse en Cartagena el día que finalizó el rodaje que los unió para siempre en esa película que vivirá más que ellos. En el computador de Laura Pacheco apareció foto a foto cada momento del rodaje y de ese día final de emocionadas despedidas… Uno puede ver en esos instantes congelados, con la cálida Cartagena al fondo, cómo la intangible cercanía cultural unió sin remiendos ni costuras a todos los que han trabajado en esta película.
Luego de otro rato de charlas en la oficina de CMO Producciones, donde nos volvimos más hermanos, las tres productoras aprobaron… algo, en un lenguaje sin palabras y… de entre el computador de Clara María Ochoa surgieron imágenes secretas y hermosas, ya no de lo que pasó detrás de cámaras, sino brotadas de las entrañas de la película misma, instantes sin movimiento de esa película que algún día veremos. Son de una belleza tal que uno pensaría que fueron pintadas por Vermeer o Rembrandt gracias al impecable manejo de la luz de ventana y la penumbra en los interiores. Sin embargo, al ver las fotos de los exteriores es evidente que el trópico colorido y su luz abrasadora están ahí, intactos. Un mestizaje visual que le viene muy bien al tema central de esta película y que es el gran aporte del director de fotografía, Marcelo Camorino.
La sola imagen de nuestra colombiana Eliza Triana, que para mí siempre será Elizita, transmite con sus larguísimas cabelleras de fuego la fuerza de una Sierva María blanca, que habitada por el ritmo, la sensualidad y el alma africana de María Mandinga, su nombre de esclava, enamora perdidamente al padre español Cayetano Delaura, quien había sido encargado por su obispo de sacarle el demonio del alma a esta angelical niña. Demonio que nunca tuvo dentro, pues ese diablo fue el invento de un cristianismo ignorante de la España Europea, acrecentado en la hoguera de los prejuicios culturales que aún
hoy subsisten hacia nuestro nuevo mundo. Y es que allí radica uno de los logros más importantes de la adaptación cinematográfica de Hilda Hidalgo, en poner en primer plano la historia de amor, en rescatar a Sierva María del background de la novela y traerla al foreground de la película, para ponerlo en jerga de cine. En resaltar ese logro del guión coinciden Laura Pacheco, Laura Imperiale y Clara María Ochoa, cómplices del grupo creativo y técnico.
Es allí en donde está el alma de esta historia, de cuando el cristianismo del primer mundo, como lo llaman, se enamoró de una blanca con alma de negra nacida en el tercer mundo, como nos llaman.
Es allí en donde vemos las bases culturales de la Latinoamérica de hoy, de nuestro mestizaje racial, cultural y espiritual. Cuánto trabajo le ha costado a Europa reconocer en la raza africana y americana valores humanos y culturales distintos a los suyos. Qué tan literalmente han satanizado nuestra cultura y nuestra raza mestiza. Tanto que la única explicación posible para el hecho de que una niña blanca se comportara como negra, no era que hubiera sido criada por el amor de sus propios esclavos ante la ausencia del amor blanco de su padre español y el amor mestizo de blanco e india de su madre, sino que estuviera poseída por el demonio.
Me habría encantado hablar con Hilda Hidalgo durante el rodaje, que se termina hoy en un estudio en Bogotá donde se reconstruye la celda en la que muere Sierva María en el siglo dieciocho, pero ya hablará Hilda con sus imágenes elocuentes. No pudimos hablar porque ella está sumergida en otro mundo, en otra dimensión que sólo los directores entendemos. No es que no quiera dar una entrevista. Es que no puede hacerlo porque su alma está ocupada por el amor a su película y domando los demonios de la creación.
Hilda Hidalgo, la directora
Aunque Del amor y otros demonios es su primer largometraje, esta cineasta graduada como directora de la Escuela Internacional de Cine y TV de La Habana tiene una importante trayectoria en documentales y cortometrajes. Ha escrito y dirigido media docena de cortos de ficción en Costa Rica, Italia, Francia, Bután, Benín y Países Bajos.
Asociada con la productora Laura Pacheco, actualmente trabaja como guionista, directora y productora ejecutiva para su propia compañía, Alicia Films.
En 2003 escribió Estación violenta, su primer guión largometraje, con el que recibió el Premio al Mejor Argumento en la 10+1 Muestra de Cine y Video Costarricense; además ganó una beca de la Fundación Carolina y Casa de América al primer “Taller de Proyectos Cinematográficos Iberoamericanos”, con la tutoría de la guionista Paz Alicia Garciadiego.
‘Del amor’ en cifras
16 semanas de preproducción, además de otras 10 más de rodaje en Cartagena y tres en Bogotá. A eso se sumarán los seis meses de posproducción en Argentina (imagen) y Chile (sonido).
Aproximadamente 1.000 extras. Como palenqueros participaron las Alegres Ambulancias (grupo que fue declarado Patrimonio de la Humanidad), con la dirección de Graciela Salgado (cantaron y bailaron).
La producción y coordinación general para la película fue realizada en un 98% con talento colombiano, dirigido específicamente por Clara María Ochoa y Ana Piñeres, de CMO Producciones.
Pablo Derqui, el protagonista
El padre Cayetano Delaura, aquel joven español que fue encargado por el Obispo de los cuidados de Sierva María, será interpretado en la cinta de Hilda Hidalgo por el actor catalán Pablo Derqui.
Considerado uno de los más importantes actores emergentes del teatro, el cine y la televisión en Barcelona, ha participado en películas realizadas en España como Lo mejor de mí, realizada en 2007 bajo la dirección de Roser Aguilar; Fuerte apache, de Jaume Mateu Adrover; Tokio, dirigida por Alex Rademakers, y su más reciente papel en el cine fue de la mano de Ventura Pons en la producción de 2007 Barcelona (un mapa).
Según Derqui, trabajar junto a Pons le ha dado más seguridad a la hora de enfrentarse a un nuevo personaje. Con esta lección aprendida se presentó al casting para Del amor y otros demonios, historia que conoció al leer el libro de Gabo, uno de sus escritores favoritos.
Ficha
Género: largo metraje
Duración: 100 minutos
Formato: Cine 35 mm
Locaciones: Cartagena y Bogotá
Rodaje: Febrero- abril de 2008
Coproducción: Costa Rica y Colombia.
Dirección y guión: Hilda Hidalgo.
Música original: Fidel Gamboa
Director de arte: Juan Acevedo (Satanás, La Milagrosa)
Sonido Directo: Leonel Pedraza
La Producción
Locaciones en Cartagena: Catedral de Cartagena, Casa de Huéspedes Ilustres, Puerta de Santo Domingo, Fuerte de San Fernando de Bocachica, Palacio de la Inquisición, Casa del Marqués de Valdivieso; en Bogotá: Quinta de San Pedro Bolívar, ente otros.
Algunos de los actores que participan: Margarita Rosa de Francisco, Carlota Llano, Marta Leal, Alejandra Borrero, Leonor González Mina, Victoria Hernández, Humberto Dorado, Diego Vélez, Carlos Serrato, Esmeralda Pinzón, Helga Díaz. Extranjeros: Pablo Derqui, Joaquín Climent, Jordi Dauder.

