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Luis Eduardo Garzón | 21 Mayo 2008 - 9:31pm

Las Farc (1964-2008)

Por: Elespectador.com
ESTE PRÓXIMO 28 DE MAYO LAS FARC cumplen 44 años de existencia. El país lo único que puede celebrar es que ahora ‘chatean’ mucho y disparan menos. Militarmente debilitadas, con rasgos de desmoralización expresados en las circunstancias de la muerte de Iván Ríos, en medio de declaraciones nostálgicas como las de Martín Sombra y con el creciente número de desmovilizados, encabezados por la llamada Karina.

Políticamente aisladas, como lo confirma la multitudinaria movilización contra ellas el pasado cuatro de febrero. Con un claro rechazo de la ciudadanía a la utilización del secuestro como instrumento no sólo económico sino también político. Pero como hecho paradójico, haciendo hoy parte de la agenda nacional e internacional de una manera tal, que no tiene antecedentes.

Entre otros, son responsables de que la inversión social en el país se reduzca —pues el presupuesto para enfrentarlas ha aumentado del 2,5% del PIB nacional a 8,5% en los últimos cinco años—; de las crisis no sólo con Chávez y Correa, sino también con los franceses; de que nuestro Canciller salte de la selva a los escenarios diplomáticos sin la más mínima experiencia; de cambiar el carácter del TLC de un asunto comercial a una acción contrainsurgente por parte de los republicanos.

Pastrana las aisló internacionalmente y les dio protagonismo nacional. Uribe ha hecho todo lo contrario, las volvió importantes internacionalmente. Lo confirma el hecho de que, este año, llevamos cuatro reuniones supranacionales donde las Farc han sido el epicentro: dos de la OEA, la Cumbre de Río y ahora la reunión de Lima. Eso es lo que quieren ellas, ser parte de esa agenda, más cuando en ninguna de estas reuniones el Gobierno ha logrado su objetivo de declararlas terroristas.

Eso ha sucedido porque las relaciones del Gobierno a nivel internacional han sido exclusivamente contrainsurgentes. No hay originalidad para hablar de algo diferente. Ni siquiera se logran compromisos concretos en materia de narcotráfico que hagan que nosotros no tengamos que pagar el pato de algo que tiene una gran corresponsabilidad mundial. Con nuestros vecinos no se hace el esfuerzo de buscar cosas comunes diferentes a las Farc. Hemos graduado de enemigos a quienes hubiéramos podido neutralizar. Las relaciones entre los tres países han sido manejadas con una diplomacia propia de camioneros, con el perdón de ese gremio.

En el campo nacional se está actuando con la misma lógica. En lugar de reconocer que es mucho más valiente para un guerrillero dejar las armas que mantenerlas, el Presidente decide volver ropa de trabajo a dos reinsertados como Gustavo Petro y León Valencia, cuando éstos lo único que han hecho es denunciar situaciones que hoy le corresponde a la Corte Suprema establecer si tienen fundamento o no. Ante el incremento de asesinatos y desapariciones de sindicalistas decide estigmatizarlos y recriminarlos. Ante los agravios a Iván Cepeda por parte de su principal asesor presidencial, decide mandar a éste de paseo a Marruecos, mientras le manda una diatriba peor al propio Iván.

En fin, ayer fueron objetivos los ‘Rafaeles’ Pardos y ‘Alejandros’ Santos. Después, las cortes, haciendo de ellas una carrera de relevos para recriminarlas. Y mañana, Dios proveerá. En lugar de llamar a hacer frente común para que la guerrilla desista de las armas, decide inventarse enemigos internos sin ton ni son. La confrontación contra las Farc no es solamente militar. Es también política. Y para eso, se requieren muchos aliados, que pese a ser críticos del Gobierno, no les hacen ninguna concesión a las Farc.  

El Presidente tiene que priorizar si la agenda es para su tercera coronación, o para lograr un frente común por la paz y contra la violencia; si es tema de interés nacional, o si es un asunto personal.

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