Hasta hace un par de años, cualquier colombiano que le revelara su nacionalidad a un ciudadano francés en las calles de París recibía siempre el mismo comentario entre muecas pícaras: “¡Oh!, oui, Escobar, cocaine... ”. Era una muestra de extraña camaradería a la que los colombianos han tenido que acostumbrarse, y que han visto cambiar durante los últimos meses por una nueva reacción, de cuanto ciudadano del mundo se le cruce por el frente. “Sí”, dirán, “Escobar y cocaine”, pero también dirán con todos los acentos: “¡Íngrid!”, ¡Betancourt!”.Constante y silenciosamente al comienzo, y cada vez de manera más recurrente y elocuente, el nombre de Íngrid Betancourt invadió Europa. Y si antes de su liberación ya su agónica imagen desde la selva había invadido el metro, las calles y la Alcaldía de París, hoy, tres meses después de su liberación, Íngrid aparece una y otra vez en los más importantes centros de poder del Viejo Continente. Con una peculiaridad: conmueve con la misma intensidad a los presentes, les arranca frases de apoyo a los “rehenes” en Colombia y exhorta al mundo para que actúe a favor de una salida dialogada al conflicto colombiano.El miércoles, Betancourt pronunció un discurso entre lágrimas ante el Parlamento Europeo, órgano de representación de los 27 países de la Unión Europea, cuya presidencia está este semestre en manos de su país, Francia. En varias ocasiones se detuvo entre sollozos y contagió a varios de los eurodiputados que la escuchaban. La misma emoción han expresado figuras tan diversas como el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, con quien se encontró dos semanas después de su liberación; el Papa Benedicto, a quien visitó en su residencia de verano en Castel Gandolfo y agradeció por pronunciar su nombre mientras estaba en cautiverio; o el Rey de España, con quien sostuvo una reunión y quien fue muy prudente a la hora de dar declaraciones a la prensa.Betancourt, en cambio, es poco lacónica. Por lo general, tras estos encuentros convoca a ruedas de prensa y va lanzando pistas de lo que serán sus objetivos, su futura carrera y sus prioridades. Sus palabras se van sumando, y empieza a quedar claro que por ahora no piensa volver a Colombia, que no quiere regresar a la política y que su misión es contribuir a una “reflexión tranquila y no polarizada” sobre el conflicto en Colombia, tal como lo dijo el jueves en otra rueda de prensa, después de reunirse en Bruselas con varias comisiones de la Eurocámara. También el jueves abogó por una “reflexión internacional y de fondo en el seno de Naciones Unidas” sobre Colombia, hecha sin “hipocresía y doble moral” , sino “constatando lo que vemos y sacando conclusiones”. Una reflexión que podría concretarse en una conferencia internacional, donde los países latinoamericanos tuvieran un papel preponderante. Sus apariciones, que conllevan una inquietante saturación en ciertos sectores de la opinión pública mundial, también han venido acompañadas de la nominación y recepción de importantísimos premios internacionales. El primer reconocimiento lo recibió el 14 de julio, al ser aceptada en la Legión de Honor, la máxima condecoración francesa, creada por Napoleón I en 1802. A esta distinción le siguió el Premio Mujeres de la Solidaridad, que recibió en Pisa, Italia, en los días cuando se reunió con el presidente italiano Giorgio Napolitano, y el alcalde de Roma, Gianni Alemanno. Luego llegó la nominación al Premio Sájarov 2008, galardón otorgado por el Parlamento Europeo y que se entrega a personalidades que luchen por la defensa de los derechos humanos. Nelson Mandela y la birmana Aung San Suu Kyi han sido ganadores de este reconocimiento en versiones anteriores. En esta ocasión, otros nominados incluyen al Dalai Lama y el primer ministro de Zimbabue, Morgan Tsvangirai.El 10 de septiembre, durante su visita a España, Betancourt recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Según el jurado, el galardón le era otorgado por su lucha a favor de la democracia y su “esperanzador ejemplo de dignidad y valentía”. Su vida, dijo el jurado, es “un símbolo mundial de la libertad y de la resistencia humana ante las más duras adversidades”. Dos días después, su nombre era postulado oficialmente ante el instituto Nobel Noruego, como una de los 197 candidatos a llevarse el Premio Nobel de la Paz. El premio fue anunciado hoy, en la madrugada, y al cierre de la edición aún era incierto el nombre del ganador (ver recuadro). Algunos se preguntan si la exposición internacional de la ex candidata realmente está generando un efecto positivo en la dinámica del conflicto y, lo que es más importante, el destino de los otros 28 secuestrados que hacen parte de la demanda de las Farc de intercambio humanitario.El jueves, según un parte de su jefe de comunicaciones, Íngrid anunció que daría una rueda de prensa en París “a las 13:00 p.m., en el Hotel Le Morice”. Si el Comité del Nobel Noruego la favorece, Íngrid estaría hablando con los medios en la madrugada colombiana.Los otros candidatos al Nobel de PazEntre la baraja de postulados al galardón se encuentran otras 196 personas distintas a Íngrid Betancourt, pero los más opcionados, según el experto en asuntos de paz Stein Toennession, la lista se reduce a cuatro.Una de estas personas es la abogada chechena Lidia Yusupova, quien ya ha sido postulada en ocasiones anteriores por denunciar los excesos de los militares rusos e insurgentes chechenos en las guerras de 1994 a 1996, y la de 1999 a 2006.Hu Jian también hace parte de los más opcionados. Este activista chino, quien hace parte de los mil héroes y pioneros del mundo según la revista ‘Time’, fue postulado por denunciar la represión del gobierno de la República Popular de China a sus ciudadanos y exigir la liberación de todos los presos políticos, acusaciones que lo tienen hoy encarcelado y con su familia desaparecida. Los otros favoritos son el monje vietnamita Thich Quan Do y la Unión Africana de Naciones.

