Opinión| 13 Dic 2008 - 2:46 pm

Eduardo Barajas Sandoval

Señales de polis en llamas

Por: Eduardo Barajas Sandoval
Los gravísimos disturbios de Atenas, con su secuela de incendios y destrucción de bienes públicos, significan mucho más que el repudio por la muerte violenta de un quinceañero a manos de un policía descontrolado, y pueden ser muestra del rechazo desesperado a fenómenos que ciertos sectores de las sociedades democráticas del Siglo XXI ven como una amenaza para su bienestar y aún para su libertad.

Cuando en el seno de una sociedad a la vez pacífica y apasionada, como la griega, estallan y se sostienen por varios días batallas callejeras, es porque hay un fermento profundo que sirve suficientemente de combustible. Los ingredientes que lo componen pueden ser muy variados pero de una u otra forma pueden hacerse presentes, bien que mal, en el seno de otras sociedades occidentales.

Lo anterior es posible, en la medida que las motivaciones de los griegos que participan en el movimiento pueden ser compartidas en otros países, y nada de raro tiene que, ante nuevas chispas detonadoras, tarde o temprano se presenten réplicas del fenómeno, de manera que partidos políticos y gobiernos se puedan ver desbordados por la reacción de grupos sociales atrapados por obligaciones financieras o tributarias, muy sofisticadas, que les asfixian sin la contraprestación de una buena calidad de vida.

Es bien sabido que en el sector ateniense de Exarhia reside todo tipo de visión alternativa del mundo y que dentro de la amplia gama de opciones de interpretación, reflexión, acción o goce allí presentes, aparecen movimientos políticos de todos los extremos. El anarquismo y el neofascismo, por ejemplo, se manifiestan de vez en cuando. En el caso del primero como expresión de una tradición milenaria de contestación contra todo lo que signifique autoridad establecida. En el del segundo como muestra de posiciones radicales en materia de raza, inmigración y fervor nacionalista.

Los anarquistas, impulsores en este caso de las primeras andanadas de violencia, no habrían alcanzado a producir por sí solos un resultado de conflagración de las proporciones del que acabamos de ver en varias ciudades de Grecia. A su acción y a sus sentimientos se han sumado sectores populares que encuentran un espectro amplio de motivaciones para salir a la calle. Y es en esa dirección en la que resulta indispensable volver la mirada.

Ciertamente el sentimiento de repudio por el asesinato de un estudiante de colegio anida con mucha fuerza en una sociedad que no es indolente ante la muerte de sus jóvenes, cuya última guerra civil ocurrió hace más de medio siglo y cuyos últimos incidentes violentos de proporciones significativas tuvieron lugar en la séptima década del Siglo XX, cuando las tropas de la dictadura de los coroneles entraron a la Universidad Politécnica y perpetraron una masacre.

Pero el hecho de que, más allá de la protesta por el asesinato de Aléxandros Grigorópulos, la furia de las manifestaciones se haya orientado de manera instintiva o programada contra los bancos, los negocios de cadenas internacionales, las agencias de automóviles de lujo, los símbolos de tradiciones extranjeras de reciente incorporación en la época navideña y ciertas oficinas públicas, es de por sí la expresión de resentimientos diversos que llevan el común denominador de una molestia por lo que cada uno de esos objetivos significa.

No se puede ignorar que, dentro de las vagas explicaciones por los incendios y el vandalismo, ha salido a flote un resentimiento contra los sistemas financiero y tributario que, al decir de los manifestantes, mantienen arrinconados a muchos ciudadanos y les obligan a vivir una vida de limitaciones, paralela a la de los evasores o los beneficiarios de privilegios, lo mismo que a la de los ineptos o los corruptos que siguen boyantes. A lo que hay que agregar el resentimiento de miles de jóvenes que no ven claridad alguna en el porvenir, salvo que estén resignados a formar parte de una gran maquinaria a la que se deben preparar para servir sin condiciones.

En la medida que el arte de gobernar implica leer con atención los mensajes de la sociedad y prever el futuro de la mejor manera posible, es preciso que se tengan en cuenta las señales de humo que salen de los incendios de Atenas, para que los dirigentes de los sectores público y privado busquen cuanto antes fórmulas que le devuelvan al sistema occidental esa cara humana y ese entorno de libertad y creatividad que han sido, o deberían ser, fuente de progreso y bienestar para todos. edubaras@yahoo.com

* Ex-embajador de Colombia en Grecia

  • Eduardo Barajas Sandoval

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Opiniones

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paisacoraje

16 Diciembre 2008 - 4:44pm
En Grecia hay convulsión por la muerte de un solo estudiante. Aquí asesinan indígenas y cientos de jóvenes en falsos positivos y la ladrona banca obtiene utilidades de casi 50 billones de pesos, gracias al usurero sistema de crédito y ni nos inmutamos. ¡Por Dios, qué pueblo más sumiso e indolente es el colombiano!
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PUBLIOAELIO

16 Diciembre 2008 - 9:02am
La revolución, que ocurre en Grecia cuna del pensamiento y de la cultura occidental, refleja un porvenir no muy fructífero para el resto de la sociedad humana; debido a que si la primera civilización que fue capaz de separar lo sublime de lo monstruoso en el comportamiento humano. ha tenido está actitud ante un futuro incierto pero ante todo tan carente de porvenir, que podemos esperar como reacción de nosotros ante situaciones más adversas aún, y más díficiles de sobrellevar, solo nos quedá esperar a que la caldera se caliente lo suficiente y alguien haga el papel de tea inflamada para que el orden y la cordura en la gente se pierda y la sociedad caíga bajo el peso de sus propios pecados u errores.
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Madre de Certero33

16 Diciembre 2008 - 1:04am
Cosas peores ocurrirán en Colombia si alvaro uribe vélez se empeña en seguir siendo presidente de Colombia. Los colombianos ya no lo queremos, odiamos todo lo que lo represente a él.
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Stephania

14 Diciembre 2008 - 12:39pm
En grecia y atenas.. Es donde debemos ir como ciudadanos y pedir que nos ayuden a solucionar los problemas con los falsos positivos.. Si los griegos son capaces de enfrentarse semanas, por un solo muerto. Yo creo que lograrian hayar una solucion para castigar efectivamente a los miles de homicidas criminales que tenemos en las filas de la fuerza publica, Asesinos y Criminales, que por un dia libre, o por unos milllones , van por ahi cometiendo los peores crimenes masacres, torturas y hasta actos de canibalismo,
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