Comprometido con el cambio

JUAN DAVID ARISTIZÁBAL, creador de ‘Buena Nota’, una plataforma para vincular a emprendedores sociales con voluntarios profesionales. La iniciativa ha impactado a más de 15 mil personas.

Inspirado por una madre artista con un corazón más grande que ella misma, por un padre ingeniero que siempre lo impulsó a experimentar como si tuviera un laboratorio en su propia casa y por una hermana dispuesta a servir a los demás en situaciones tan difíciles como el terremoto del Eje Cafetero, Juan David Aristizábal se convirtió en la gran promesa del emprendimiento social en Colombia. Con 23 años, graduado de administración en el Cesa en 2010 y ahora docente de la misma institución; reconocido como fellow (compañero) de uno de los sellos más importantes del trabajo social en el mundo (Ashoka), una distinción que han recibido personajes como Muhammad Yunus, Premio Nobel de Paz en 2006, y fundador de una de las experiencias más exitosas de apoyo a proyectos comunitarios en el país, habla de su mayor sueño: una transformación por la equidad.

“Cuando estaba pequeño, iba al colegio y notaba que había niños de mi edad que no tenían las mismas oportunidades que yo. Eso me inquietaba y siempre fue una pregunta recurrente para mis papás”, cuenta este joven creador de Buena Nota, una plataforma que inicialmente (en 2006) visibilizaba las prácticas por el cambio social en todas las regiones del país, y que luego se convirtió en un espacio para enlazar a personas que trabajan con convicción por una causa y a voluntarios calificados que contribuyen con tiempo y conocimiento para derrumbar las “barreras invisibles”, como define la falta de alternativas para el desarrollo de los individuos en una comunidad. Luego de dos años de funcionamiento, las visitas en la página pasaron de seis mil a 60 mil; desde 2008 han acumulado 50 mil horas de voluntariado calificado, impactando 30 proyectos y casi 15 mil personas; y lograron aumentar el impacto de los programas 70%, según Ashoka.

Para el emprendedor hubo un momento definitivo en su vida. “Cuando tenía 13 años, el rector del colegio me llamó para decirme que habían asesinado a uno de mis amigos, y no entendía por qué había pasado algo así”, relata, y asegura que en ese instante entendió que no podía ser un espectador, sino que debía actuar para que hechos como ese no se repitieran. Desde entonces, se empeñó en proveer soluciones para organizaciones sociales que necesitaban respaldo, “buscábamos información en Internet y creábamos manuales para que supieran cómo obtener recursos de cooperación internacional. Teníamos 14 años y no sé cómo nos creían”, admite entre risas. Paradójicamente, la credibilidad y la confianza han sido las relaciones más difíciles de construir en este proceso, tal vez porque la juventud causa impresiones equivocadas, pero como él dice, “la mejor forma de demostrar quiénes somos es haciendo”, y pone como ejemplo el proyecto Libro por Libro, con el que alcanzaron la donación de 25 mil textos gracias a una alianza con una pizzería en España, donde cada vez que se solicitaba un domicilio, se le pedía al cliente una contribución para la educación de miles de niños. Hoy, tiene la meta de acuñar e impulsar el emprendimiento social, hasta ahora poco reconocido, pues quiere instituir los Premios de Innovación Social para el próximo año y seguir trabajando para ser el puente entre líderes y voluntarios que buscan la transformación de la sociedad.