Estos son los errores más comunes a la hora de pensar

Un empresario suizo y fundador de una comunidad que agrupa a personalidades mundiales de la cultura y la ciencia, enumera en un libro los errores de lógica que comete la mayoría de personas.

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Rolf Dobelli fue director de diversas empresas del grupo Swissair. También fundó Zürich.minds una comunidad que reúne a empresarios, artistas y científicos. Entre el 2010 y el 2011, Dobelli publicó una serie de artículos en periódicos suizos en los que exploraba los errores de lógica más comunes entre las personas. La recopilación de esos artículos, en el libro El arte de pensar (Ediciones B), constituyen una buena guía para desenredar la cabeza antes de volver al trabajo en 2015.


Aquí están 10 de los errores más comunes.

- Sesgo de supervivencia: significa que, como los éxitos generan una mayor visibilidad en el día a día que los fracasos, se sobrestima sistemáticamente la perspectiva de éxito. Las personas ignoran lo minúsculamente pequeña que es la probabilidad de éxito. “Detrás de cada escritor de éxito se ocultan cien más cuyo libros no se venden. Y detrás de estos, otros cien que no han encontrado editorial. Y detrás de estos, cientos con un manuscrito empezado en el cajón. Pero nosotros sólo oímos hablar de los triunfadores e ignoramos lo improbable que resulta el éxito literario”.

- Exceso de confianza: la mayoría de personas, sobre todo los expertos, olvidan la diferencia entre lo que saben realmente y lo que creen que saben. “Un catedrático de economía se equivoca en una estimación quinquenal del precio del petróleo exactamente igual que un profano de la economía”. Recomendación: sea escéptico ante todas las predicciones y parta siempre de perspectiva más pesimista en todos los planes.

- Sesgo de confirmación: es la madre de todos los errores de lógica, la tendencia a interpretar la información nueva de forma que sea compatible con las teorías, ideologías y convicciones que tenemos.

- Sesgo de autoridad: Somos menos cuidadosos ante las opiniones de los expertos que ante otras opiniones. Y obedecemos a las autoridades, incluso en aquello que racional o moralmente no tiene sentido.


- El efecto contraste: juzgamos algo bonito, caro, grande, etcétera, cuando al mismo tiempo tenemos ante nosotros algo feo, barato, pequeño, etcétera.
Sesgo de disponibilidad: “durante toda su vida fumó tres paquetes de cigarrillos al día y vivió más de cien años. Así que fumar no puede ser tan dañino”. Este tipo de sesgo indica que nos creamos una imagen del mundo en función de la facilidad con que se nos ocurren ejemplos. Lo que obviamente es de idiotas, pues fuera, en el mundo real, las cosas no suceden con más frecuencia solo porque nos la podamos imaginar mejor.


- Ilusión de control: En los casinos, la mayoría de la gente lanza los dados con la mayor fuerza posible cuando necesita un número elevado, y lo más suavemente posible cuando esperan uno bajo. Lo que, obviamente, carece de sentido. La ilusión de control es la tendencia a creer que podemos dominar o influir en algo sobre lo que no se tiene ningún control.

- Descuido de la probabilidad: invertimos en una empresa emergente porque se nos hace la boca agua con las posibles ganancias, pero nos olvidamos de averiguar la probabilidad de obtener semejantes beneficios con las nuevas empresas. O bien, tras una catástrofe aérea, cancelamos nuestros billetes de avión sin tener realmente en cuenta la escasa probabilidad de accidentes de avión.

- Error de la escasez: ”Rara sunt cara”, decían los romanos, lo raro es valioso. El error de la escasez es tan viejo como la humanidad. Un ejemplo lo ilustra. Para valorar la calidad de unas galletas, el profesor Stephen Worchel dividió a los consumidores de la prueba en dos grupos. El primero tenía todo un saco de galletas. El segundo, apenas dos galletas. Resultado: los probadores con solo dos galletas calificaron la calidad del horneado con una nota sustancialmente más alta que los del primer grupo. Conclusión: nuestra reacción típica a la escasez es la pérdida del pensamiento claro.

- La falacia del jugador: La gente cree en una fuerza del destino compensatoria y tiende a olvidar las probabilidades. El ejemplo consiste en imaginar que lanza tres veces una moneda y tres veces sale cara. Si alguien lo invita a apostar mil euros a la siguiente tirada, ¿elegiría cara o cruz?. La mayoría de la gente apostará por cruz, aunque es igual de probable que salga cara.