“Estoy harta de tener que justificarme”

La actriz porno que moriría por sus ideales

Es española, su nombre real es Marina y a los 19 años se bautizó en la pornografía como Amarna Miller, por el escritor Henry Miller. Vino a Colombia para dar una conferencia sobre pornografía ética en el Festival de Artes Eróticas de Medellín y se identifica como activista por la regularización del trabajo sexual.

Amarna Miller vive en Los Ángeles en una furgoneta. Su estilo de vida ecológico lo comparte en su canal de Youtube. / Cortesía Amarna Miller

Además de ser actriz porno, eres activista. ¿Cuál es tu lucha?

Mi lucha es por la regularización del trabajo sexual. Me gusta poner sobre la mesa las creencias que tengo, porque me parece que es la única manera de poder cambiar el mundo. Cuando más pasa el tiempo, siento que la gente trata de no tomar posiciones ideológicas ni políticas. Me gustan los escritores de la Generación del 27, Federico García Lorca o Miguel Hernández, quienes llegaron a morir por sus ideales.

¿Sientes que la gente de tu generación sufre de conformismo?

Sí, aunque sólo puedo hablar por los de España. Tengo 26 años y me identifico con personas que vivieron hace 50. Cuando existía un espíritu de revolución, de decir “si las cosas no funcionan como nosotros queremos vamos a hacer algo para que cambien”.

¿Tu cuerpo es una herramienta política?

La política es uno de los motivos, pero no es el único, hago pornografía porque lo disfruto. El cuerpo desnudo se puede usar como un arma para llamar la atención de temas que lo necesitan. En el trabajo sexual que hago la labor política está ahí.

La representante a la Cámara colombiana Clara Rojas propuso sancionar a las personas que usen servicios sexuales.

Esta es una lucha que lleva años librándose, hay gente que quiere abolir el trabajo sexual sin tener en cuenta que la regulación funcionaría de una manera más positiva. Cuando prohíbes algo no lo estás destruyendo. Un ejemplo son las drogas, por mucho que se prohíban no van a sacarlas del terreno, lo que hacen es que se forme un mercado negro que deja indefensas a las personas que participan de él. Si se llega a prohibir el trabajo sexual, pues no va a dejar de existir, seguirán las personas trabajando sin protección.

Decías en una conversación que publicaste en tu página web, que es equívoco entender el trabajo sexual como “vender el cuerpo” y que lo correcto sería compararlo con cualquier otro servicio...

Sí. Decir “vender el cuerpo” es una teoría que los abolicionistas usan a menudo. En el trabajo sexual comercializas el cuerpo, pero tu cuerpo es tuyo. Los trabajadores sexuales, en la prostitución o en el porno, lo que ofrecemos es un servicio que significa vender algunas horas en las que se emplea el cuerpo. En este caso es un servicio sexual, pero no se diferencia en nada en lo que pueda hacer un panadero o un albañil. Podría haber trabajado en otra cosa, pero decidí ser actriz porno porque quise y no fue una cuestión de necesidad.

Esta ley se propuso con el argumento de que las personas que hacen trabajo sexual son, muchas veces, explotadas por redes de trata de personas...

Hay que hacer una diferenciación. La trata de personas es un delito y debe ser tratado como tal. No se puede comparar de la misma manera a la persona que es una víctima del tráfico de personas con la prostituta que lo hace en pleno uso de sus facultades. A la primera hay que sacarla de esa situación terrorífica y a la segunda hay que apoyarla para que pueda hacer su trabajo con protecciones, como cualquier otro trabajador.

¿Crees que dentro del feminismo hay condescendencia por las mujeres que, como tú, son trabajadoras sexuales?

El feminismo no es un movimiento homogéneo. Hay una rama que es abolicionista del trabajo sexual que es el feminismo radical, radical por raíz, no por extremo, que piensa que el trabajo sexual no dignifica a la mujer, sino que la objetiviza. Mientras que el feminismo prosex, en el que me inscribo, piensa que durante cientos de años a las mujeres se nos ha prohibido expresarnos en lo sexual y en lo emocional. Por primera vez en la historia tenemos más libertad de hacer con nuestro cuerpo lo que queramos. La sexualidad es parte de la mujer y si el feminismo busca defender sus derechos, pues desde luego debe abordarla.

¿La pornografía puede liberar a las mujeres?

Creo que sí, pero es un tema complicado. La pornografía es una industria extremadamente machista, como la hostelería o la moda. Cuando una mujer feminista entra a una industria patriarcal supone una problemática muy grande, porque haces cosas con las que no estás de acuerdo. La pornografía sí puede liberar a la mujer, pero también el porno puede constreñirnos.

¿Qué no te gusta de tu trabajo?

Los estereotipos y cómo la sociedad entiende el sexo. No me gusta recibir día a día las mismas preguntas y miradas de desdén. La misma superioridad moral de personas que piensan que hago lo incorrecto. Entiendo cómo muchas chicas entran a la pornografía y salen aterrorizadas, no porque lo peor esté dentro, sino lo peor es enfrentar a la familia, a los amigos, a la sociedad. Estoy harta de tener que justificarme.

En tus labores cotidianas, ¿dónde quieres ver la diferencia?

En el trato que hay con los actores y las actrices, trabajar en condiciones dignas. En la representación en pantalla me gustaría ver un cambio en las ideologías hegemónicas sobre la sexualidad, que se producen por la pornografía mainstream. Para mí es feminista cuando una escena porno no termina cuando el hombre eyacula, que es lo que suele suceder.

¿A qué le temes?

Me da miedo perder la fuerza. Cada vez que doy una entrevista comienza el acoso por redes, me asusta no superar las críticas desde una posición de empoderamiento.

¿Cómo lidias con el acoso?

Con la conciencia de que el trabajo sexual no es algo negativo, sino que la gente tiene una con estigmas. Me ayuda el apoyo de las personas que me conocen y saben para qué estoy luchando. Sentirme comprendida y saber que no soy la única que piensa así.

¿Cómo te fue con tu colección de poesía?

Muy bien, publiqué Manual de psiconáutica en 2015. Fue una forma de dar a conocer una parte de mí que usualmente no sale a la luz. Una parte más íntima sobre mis miedos y mi infancia.

¿En qué momento decidiste transmitir tu vida por Youtube?

Después de dar entrevistas a medios públicos me quedaba un sin sabor por no expresar lo que podría decir sobre el medioambiente. Como no me lo preguntaban, tomé la iniciativa de crear un canal para hablar de mi estilo de vida alternativo: vivo en una furgoneta, soy vegana e intento llevar una vida ecológica.

¿Y te siguen la cuerda?

Pues esa es la idea, que más personas se contagien de llevar una vida sostenible. Ahora estoy con un reto vegano #VeganWithAmarna. Abrí mi canal porque me di cuenta de que los videos con más reproducciones trataban de retos estúpidos como comer una cucharada de canela. Prefiero proponer retos como vivir un mes sin hacer basura. Si mil personas se atreven a seguirlo, el mundo lo agradecería. Creo que sí hace falta hacer un llamado a la acción.

¿Por qué estás en Colombia?

Voy a dar una charla el 19 de agosto en Medellín, organizada por la Sala Sentidos, donde voy a hablar de temas muy similares a los que conversamos, así como de feminismo y de pornografía ética.