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Actualidad 14 Jul 2010 - 10:58 pm

Doscientos años de plumas y libros

Revolución del poder, revolución en las letras

Visión diacrónica sobre el recorrido de la literatura colombiana desde 1810 hasta la actualidad.

Por: Manuel Hernández Benavides *
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    http://www.elespectador.com/noticias/actualidad/revolucion-del-poder-revolucion-letras-articulo-213393
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Foto: Archivo - El Espectador

Antonio Gómez Restrepo dio el nombre de revolución a las batallas, luchas, encrucijadas políticas y desafíos que dejó la ola de replanteamiento de los ejes comerciales y políticos entre 1809 y 1824, en el caso de la Grancolombia y el resto del territorio de América hispana. Hoy, para todo ello, se usa la palabra Independencia. Restaría analizar, conforme a la acepción más conocida de revolución – vuelta completa de algo sobre su eje o el eje de su órbita- qué habrá pasado en las letras de esos doscientos años que comenzarían en 1810 y terminarían hoy. La tentación de una visión diacrónica es irresistible. Comenzarían estos cien años – hasta 1910 – con el surgimiento de una literatura nacional,  pues una nación con su forma de Estado -Nación estaba naciendo. Gómez Restrepo historió la literatura y la revolución de independencia. Caldas y Nariño se llevarían un puesto en los ámbitos de lo notable. Caldas, científico y cartógrafo se preocupó por la geografía, el paisaje y el territorio de ésa América equinoccial y tropical. Literatura científica sí,  pero con hondas repercusiones en la construcción de los nuevos ejes de referencia, trascendida la Expedición Botánica y muerto su director en 1808. Nariño, siempre lleno de dificultades, casi que perfilándose como un intelectual político y hombre de letras, sería el fundador de la terquedad republicana, moviéndose entre el centralismo radical y la prosa ferviente para retratar hombres, circunstancias y encrucijadas.

Es difícil fijar un canon que haga visible una nitidez de perfiles hasta bien entrada la década de los ochenta del XIX. Ahí todo cambia: hombres y mujeres inflamados por las disputas sobre separación Iglesia y Estado discutirán e ironizarán sobre la dependencia de la religión y la independencia de sus moldes. Soledad Acosta, José María Samper y los Pérez, Santiago y Felipe, ofrecerán una visión de estas contiendas. Historiadores y comerciantes serán los polígrafos de la década. La poesía de Julio Arboleda se repite en colegios y escuelas, junto con el canto al maíz de Gutiérrez González. Del buen hablar y de la traducción, entre mística y occidentalista, dejará Miguel Antonio Caro lo mejor. Cuervo pensará la lengua desde ambos lados del mar, hasta hoy insuperable. Mientras tanto poesía y cuadros de costumbres, autobiografías y literatura de viajes se toman la escena. Los Pombo, los hacedores de crónica urbana incipiente, Núñez, exponente de ésa mezcla entre embriaguez política y falsa autosuficiencia literaria, harán lo suyo. Eugenio Díaz, campechano y discreto, hace literatura del momento de los campesinos. Isaacs creará la heroína romántica y será un emprendedor, filólogo y minero. Ezequiel Uricoechea lo averiguará todo. La gramática chibcha y los primeros hallazgos arqueológicos. Y aparece Silva. Biografiado por Vallejo, Santos Molano y Ricardo Cano, su literatura nos muestra un caso de poesía modernista, simbolista y de buena calidad. Carrasquilla, yendo y viniendo desde sus montañas y asombrándose de la delicadeza del santafereño, acuñará las monedas de una literatura antioqueña excelsa. Rivera, demasiado influido por el sonsonete del endecasílabo hará la vuelta de tuerca más impresionante: mostrar la selva, el cadáver insepulto, la explotación cauchera y la propuesta vital en una sola Vorágine. Uribe Piedrahita, médico más que gaitanista, dejará su Mancha de Aceite. Osorio Lizarazo, gaitanista desengañado, forjará un subsuelo de Dostowiesky con  pobreza y odio.

Fijemos un  hito una década atrás: 1925. Solitario, heredero del minero sueco que le regaló una espada a Bolívar, León de Greiff hará su santa voluntad. Versos, los mejores, prosas ignoradas hasta hoy, funde casticismos y música y extravíos de Poe, en una obra injustamente desatendida. Pertenece a ése grupo que se autodenominó Los Nuevos. Todos buenos escritores y políticos dominantes, están los Lleras, Alberto y Felipe y los Zalameas. Se tomarán la escena cultural hasta bien entrados los setenta del XX. Sanín Cano, renuente a aceptar a Rivera, dejará un testimonio que inicia el ensayo. Lo seguirán el aforista Gómez Dávila y el germanista Gutiérrez Girardot.

Arciniegas nos obligará a pensar el Caribe y García Márquez le dará fisonomía a la aldea perdida de la humanidad: Macondo. Palabra que designa una ceiba, una hacienda bananera, una región, un juego de mesa; situará el complejo de la ciénaga grande, la desierta guajira y los valles de Upar, en un canto de meditación de la soledad, el poder y la vanidad de las empresas humanas. Se va a México, allá había ido Barba Jacob, el Mensajero, como le dirá Fernando Vallejo, quien también se irá a vivir al país del águila y el nopal. Álvaro Mutis completa esta extraña cuarteta. Todos descreídos del poder y nostálgicos del mismo, excelentes escritores, nos acompañan desde lejos, nos ven retorcernos en la oscura noche de ésta post-independencia. Aurelio Arturo, midiendo, pausado, versos en inglés y en español, nos dejará una obra poética breve y de sustancia. Zapata Olivella, Moreno Durán, separados por no más de treinta años, escriben su entorno y piensan en algo similar al compromiso sartreano, con los filtros de una realidad frentenacionalista: los mundos afrocolombianos, la guerra de Corea, la universidad nacional,  la muerte de Camilo, y todo lo demás.

Los recientes tendrán que sortear las dificultades de la extinción de los géneros, el papel de las prosas universitarias y publicitarias, la sorna, el sarcasmo, la frivolidad, la producción de una sola novela para justificar algo, la desazón y la cultura de revistas, como hacedores de ellas y como lectores casi únicos. Todos estos años los colombianos escribiendo buena y mala poesía, como siempre. ¿Qué más hay? Narradores atrapados en la exigencia de las editoriales, llegadas al país hace diez años apenas; dramaturgos de la creación colectiva y el performance; artistas plásticos escribiendo sus manifiestos; ruido, soledad, desatención, ingredientes de una Colombia, en  cierto sentido, marcada por la dependencia económica de la minería, por patriarcas cotidianos de la política y por el imperio con bases militares en el territorio: vuelta a la Colonia y ya.

 * Profesor y escritor

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Pedro Mom Pelliza

Mar, 01/04/2011 - 18:48
Estimado Profesor Hernández Benavides, He leído con gran interés su artículo sobre las letras colombianas. Querría sin embargo señalarle la figura de un colombiano olvidado, que hacia mediados del siglo pasado desarrolló un pensamiento poco común en torno a la cuestión de lo que llamó "egofilia": hablo de Pedro Sonderéguer, colaborador en su momento del Espectador. Con más fortuna o suerte literaria, la escritora Ayn Rand escribió entonces sobre los mismos temas: el egoísmo creador y proveedor como motor de la civilización. Hoy todos recuerdan a Ayn Rand y muy pocos a Pedro Sonderéguer (hay una tesis del Dr. Fidel Leottau Beleño, de Cartagena). Van así estas líneas con la esperanza de contribuir a cierta justicia. Cordiales saludos, Pedro Mom Pelliza México pedromompelliza@gmail.com
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mazmorra

Jue, 07/15/2010 - 19:20
Hay que reconocer que en dos páginas no se puede dar cuenta de doscientos anos de literatura colombiana la cual ha ha sido fecunda en poesía, novelas, ensayos, etc. Pero a pesar del espacio tan corto, no se hace mención a exponentes de la literatura colombiana como son: José María Vargas Vila , Gonzalo Arango, Luis Vidales, Jorge Zalamea entre los mas importantes. Yo espero que haya sido un simple olvido y haya otro artículo que incorpore a éstos literatos que escribieron y pensaron por fuera de los linderos del pensamiento oficial.
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felipemotoa

Mie, 07/14/2010 - 23:50
Raudo paseo entre centellas literarias. Una lástima no haber hecho un despliegue más amplio de semejantes plumas, donde por lo menos citaran nimios fragmentos de sus obras. Queda en deuda el periódico para sacar un texto de ese tipo, aunque sea en las deliciosas publicaciones de los lunes festivos. Todavía queda medio para realizar dicha empresa.
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