Una periodista misak radicada en Bogotá

Desde los 12 años Diana Jembuel trabaja por y para la comunidad. Se dedicó a la radio y en su lengua natal le hablaba a los 15 mil miembros de su resguardo. Ahora estudia periodismo en la U. Externado y espera crear su escuela de formación de mujeres indígenas.

Diana Jembuel fue capaz de salir adelante en medio de una sociedad machista. / Andrés Torres

Hace 29 años, el 27 de noviembre de 1984, en las montañas de Silvia, Cauca, nació Diana Jembuel Morales. Una indígena de corta estatura, dientes blancos, cabello negro y liso y quien, sin importar el frío de Bogotá o la lluvia, no hay un solo día en que no vista su traje tradicional: un chal y un anaco (falda) de colores.

Siendo una niña de tan sólo cinco años perdió a su papá luego de que un carro lo atropellara. Así que en medio de una comunidad machista creció rodeada de mujeres: su abuela Antonia Velazco, su madre y sus dos hermanas menores.

Su madre y su abuela la han apoyado en cada paso que ha dado. La primera cuida de Jasguén Yayu Chirimuscay y Neipiap Andiana, sus hijos de siete y cinco años. La segunda veía el futuro, y tres días antes de morir la tomó de la mano y le dijo que sería una gran líder indígena. Su voz se quiebra cuando habla de ella, respira y levanta la mirada: “Mi abuela decía: ‘cuando te encuentres en una situación difícil piensa que eres mucho, que eres más capaz y lo lograrás’”.

Ese ha sido su legado. Diana se dedicó a trabajar por su comunidad y pasó muchas dificultades. Los hombres del resguardo no la tomaban en serio y consideraban que la mujer estaba para permanecer en la casa y criar a los hijos. Pero ella, entusiasta, decidió tomar la vocería y abrirse espacio, llegó a la radio de su resguardo y comenzó a trabajar. Su labor fue exitosa y en 2010 la escogieron para ser la coordinadora del programa de comunicaciones de su resguardo. Desde allí logró visibilizar la participación de la mujer apropiándose de los micrófonos, especialmente en su propio idioma. Un año más tarde la ascendieron y pasó a ser la coordinadora general de comunicaciones. Desde allá promovió un proceso con los jóvenes, que se dedicaron a la actuación e hicieron teatro resaltando los valores misak.

Junto con la Asociación de Medios de Comunicación Indígenas de Colombia (Amcic), a la que pertenecen 12 emisoras del Cauca, participaron en la primera Cumbre Continental de Comunicaciones en 2010, donde visibilizaron el proceso de comunicaciones de los indígenas. Con iniciativas como estas pretenden crear políticas públicas de comunicación, utilizar herramientas como la radio y el video, fortalecer su tradición oral y lograr que algunas comunidades recuperen los hábitos que han perdido, como el idioma y el vestido.

En 2012 la nombraron secretaria zonal de la comunidad. Con esa experiencia aprendió de los espacios políticos, sociales, de las mujeres, los niños, jóvenes y mayores dentro de su comunidad, pero para este trabajo tuvo que dejar su familia y cambiar sus espacios personales por los de la comunidad. Cuando entregó de nuevo el bastón de mando la llamaron del programa Interacciones Multiculturales, de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Externado, y obtuvo una beca. Actualmente cursa cuarto semestre de comunicación social y periodismo, carrera que escogió porque quiere ver cómo puede complementar desde el punto de vista occidental el proceso que ha tenido en su resguardo.

Sin embargo, su llegada en 2013 no fue fácil. Hoy recuerda que los primeros 15 días los pasó llorando: “Me pregunté muchas veces: ¿a qué vine? Esto no es lo mío”. Dejó todo: sus hijos, su madre y su comunidad. Pero ahora su esposo la acompaña en la fría Bogotá. Él también ha dedicado su vida al proyecto comunicativo indígena y se apartó de la radio para dedicarse a la televisión. Didier Chirimuscay, su compañero, hace parte de Colombia Nativa, el primer programa en el país realizado por indígenas y transmitido por Canal Capital.

Mientras, Diana realiza el programa Tampal Kuari, en sintonía con la diversidad cultural, en la emisora universitaria y espera terminar su carrera para volver a sus montañas caucanas, ser una líder de la comunicación indígena del continente y hacer una escuela de formación de mujeres indígenas para el fortalecimiento de las lenguas nativas.

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