La lucha de una estudiante de la Javeriana contra el abuso sexual en su universidad

VICE presenta un caso de presunto abuso sexual ocurrido en la Universidad Javeriana. Su protagonista habla públicamente de lo sucedido para abrir el debate sobre la violencia sexual en las instituciones de educación superior en Colombia.

Foto: Daniela Echeverry - Vice

Juanita Díaz, una joven artista visual de la Universidad Javeriana, lleva cuatro años buscando que se haga justicia frente a un presunto caso de abuso sexual: ella dice haber sido encerrada contra su voluntad en un cuarto de fotografía del plantel para luego ser parcialmente desvestida y manoseada por un compañero de clase. Hoy, tras una larga lucha por superar la lentitud de las autoridades y la falta de protocolos de su universidad para tratar estos posibles episodios, Juanita se resiste a que su caso pase al olvido.

A diferencia de muchas universitarias colombianas que, por miedo o vergüenza, prefieren callar, Juanita ha hecho de su caso un proyecto artístico de denuncia llamado I de Insistencia, y ha logrado que la Fiscalía avance en la investigación de los hechos. Todo por una razón: su esfuerzo ha motivado a que otras tres estudiantes de la Javeriana (que aseguran haber sido víctimas del mismo hombre) hayan anexado sus testimonios al expediente abierto por el ente investigador.

La historia de Juanita comienza un jueves de mayo de 2011, según consta en la denuncia interpuesta hace tres años ante la Fiscalía por parte de su abogado Alfredo Rodríguez.  En el peritaje psiquiátrico —solicitado por ella al psiquiatra forense Luis Ramírez y que también se anexó a la denuncia— se narra lo que supuestamente ocurrió ese día:

"En el primer semestre de 2011 (Juanita) estuvo cursando segundo semestre y en la materia Dibujo II apareció un compañero llamado Sebastián Guzmán. A este alumno no lo conocía previamente pero sabía que él solicitaba a todas las compañeras que posaran desnudas para él.

"Tras rechazar la constante solicitud de este alumno durante todo el semestre, en mayo (Guzmán) insistió en tomarle fotografías. (Juanita) ingresó una mañana al taller de fotografía en los sótanos de la universidad a terminar su trabajo con otros compañeros. Ingresó después al cuarto de revelado y se dispuso al secado de las fotos para la entrega final de su taller. A medio día sus compañeros y el monitor salieron a almorzar; el salón de revelado quedó cerrado, no así el de secado, donde Juanita permaneció cuidando sus fotografías.

"(Juanita) alcanzó a ir al locker a dejar su bata, cuando apareció Sebastián a insistir que ella debía posarle a él. (Guzmán) le preguntaba por asuntos personales a Juanita y por su novio. Él le mostró sus fotos y hablaba de su relación de pareja como para que ella aceptara esas imágenes. Luego, Sebastián le pidió a Juanita que lo acompañara al cuarto de químicos, del cual tenía llaves".

De acuerdo con la denuncia en Fiscalía, "(Guzmán) cerró la puerta con llave, se le acercó y le dijo: 'no te va a pasar nada'. Dicho esto, le bajó la camisa amarilla que llevaba puesta, quedó en brasier y le empezó a tocar la cintura, los muslos; la cogió de los hombros y la volteó. (Juanita) quedó de espaldas y acto seguido (Guzmán) le tocó toda la espalda y le decía que 'tenía una espalda muy linda', la volvió a voltear, quedaron frente a frente. (Guzmán) la miraba de arriba abajo y continuó tocando sus muslos".

"Yo estaba paralizada, sentía que todo pasaba en cámara lenta", relata Juanita. "Me miraba horrible y me tocaba. Mi noción del tiempo se perdió totalmente, hasta que en un punto reaccioné. Lo miré a los ojos y le dije: '¡No más!', durísimo. Él no me dijo nada, fue a la puerta, abrió y yo salí corriendo al salón de secado. Me subí la blusa, estaba temblando, no sabía qué acababa de pasar. Cogí mis cosas rápido, las fotos se mancharon, cuando me volteé ya con mi maleta, Sebastián estaba ahí y me volvió a manosear las piernas como un loco en el cuarto de secado, le quité la mano y le dije: '¡No más!'".

Luego de lo sucedido "el denunciado amenazó a Juanita diciéndole que otra niña se había quejado con los directivos de la Facultad de Artes, que era una 'perra malparida' y que ella (Juanita) no fuera a decir nada", se lee en la denuncia interpuesta por el abogado de la artista. "Mi apoderada no sabía lo que podría pasar, así que decidió no hablar y quedarse callada porque se sentía amenazada; tenía mucho miedo de que él le fuera a hacer algo más si se quejaba". Seriamente afectada, Juanita tardó un año y cinco meses en denunciar ante las directivas de la universidad lo que habría ocurrido ese día, y otros cinco meses más en radicar su denuncia ante la Fiscalía. Durante todo ese tiempo, la joven artista sufrió de trastorno de ansiedad con fobia social, trastorno de estrés postraumático y depresión. Así lo asegura la valoración psiquiátrica realizada por el psiquiatra forense Luis Ramírez. El informe también señala que padeció ansiedad crónica, sentimientos de minusvalía con "ideación suicida" persistente, así como temor de que nadie creyera su historia y de que no se hiciera justicia.

Juanita calló durante más de un año lo que había sucedido. Nadie, ni siquiera su familia, se enteró. Según cuenta ella, no volvió a ver a Sebastián Guzmán en la universidad y por eso fue más fácil guardar silencio. "Me sentía mal, deprimida, triste, insegura y me aislaba; dejé de tener amigas, me iba a estudiar sola al quinto piso de la biblioteca, odiaba ir a la universidad, no podía ver una cámara. Yo no era consciente de lo que me había pasado", dice. Cuando estaba en tercer semestre, la situación empeoró según el relato de la valoración psiquiátrica: "Era como una actriz aparentando estar bien en la universidad, con los amigos, con la familia. Odiaba a todos los hombres".

En el segundo semestre de 2012, un año después de lo ocurrido, Juanita volvió a encontrarse con Sebastián Guzmán en otra clase. "Llegué a quinto semestre. El primer día estábamos en el Centro Ático, era la primera clase del semestre. Llegué y llegó él. Para mí fue como un flashback. Sebastián se sentó exactamente en la otra esquina y, como las mesas eran frontales, él me miraba todo el tiempo. Yo me fui al baño a vomitar". Según le relató Juanita a VICE, fue ese momento en el que ella "reaccionó" y tuvo conciencia de lo que le había sucedido.

Luego de volver a ver a Sebastián, su salud empeoró. "Empecé a tener pesadillas con él; en la calle sentía que todos los hombres eran él, me estaba enloqueciendo. Yo pensaba: a mí este man me va a hacer algo en la universidad; este man me va a encerrar en un baño y me va a violar. Cuando seguí el ritmo universitario Sebastián no iba a clases, pasó un mes y no me aguanté más, yo llegué al punto de andar con un destornillador en el bolso", recuerda.

Juanita estaba cansada de no poder dormir y de sentirse mal. "Un sábado de octubre de 2012 me levanté y dije: 'Necesito apoyo'. Busqué teléfonos de psiquiatras por Internet y empecé a llamar tempranísimo. Mi hermano bajó a las 6:30 y me dijo: '¿Usted qué hace levantada tan temprano?'. Yo me quedé callada. Nos servimos el desayuno, me ataqué a llorar y le conté. Esa fue mi primera catarsis. Él no sabía qué hacer, se cogía la cabeza, no decía nada y yo lloraba y lloraba, pero no quería hacer ruido porque mi papá estaba arriba. Hasta que mi papá me escuchó, bajó y le conté...no le conté, le grité todo. Mi papá me preguntó: '¿Te violó?'. 'No alcanzó', le dije".

Esa mañana, apoyada por su familia, Juanita decidió tomar acciones legales en contra de su compañero de clases. Ya para ese entonces había escuchado que otras compañeras de su carrera habían acusado a Guzmán en la Facultad de Artes por supuestamente haberlas manoseado.

Juanita denunció los hechos ante las directivas de la Facultad de Artes y al vicerrector de la Universidad Javeriana ese mismo octubre de 2012. Fue entonces cuando pudo confirmar que su presunto agresor ya había sido denunciado por dos estudiantes en 2011. "Por uno de esos hechos la sanción para el estudiante fue matrícula condicional", asegura Leonor Convers, entonces decana académica del programa. "Luego llegó la denuncia de Juanita, y a raíz de su testimonio, hubo dos denuncias más de unas chicas de Diseño Industrial. Era bastante claro que ahí había un patrón de conducta".

El supuesto patrón se revela a través de los testimonios de las dos primeras estudiantes, Mónica* y Sofía*, quienes accedieron a compartir su historia para esta investigación, siempre y cuando mantuviéramos la reserva de su identidad. Ambos relatos hacen parte hoy del expediente que reposa en la Fiscalía por el caso de Juanita.

Mónica

"Fue en Fotografía I. Nosotros teníamos que ir al laboratorio a revelar y había un muchacho que siempre estaba ahí, que se llamaba Sebastián Guzmán. Muchos estudiantes no teníamos experiencia y él siempre estaba dispuesto a ayudar. Yo le cogí confianza. Una vez me dijo que lo ayudara con un proyecto, yo le dije que sí y me dijo que lo acompañara a un cuartico donde tenía su portafolio.

"Me dijo que necesitaba tomar unos retratos y que yo era muy bonita, yo acepté. Me dijo que quería verme y se empezó a acercar más, yo pensaba: ¿qué quiere? Luego intentó quitarme la ropa, yo estaba en shock porque no esperaba que él fuera a hacer eso. Me subió la blusa, trató de tocarme los senos y la vagina pero no alcanzó a quitarme el pantalón. Lo empujé, '¡¿qué le pasa?!', le dije. 'No pasa nada malo', respondió, se asustó y paró. Le dije que me abriera la puerta o gritaba. Él abrió, yo salí corriendo y llorando. Él se estaba riendo".

Sofía*

"Él ya me había abordado para hablarme de un supuesto grupo que tomaba fotos de mujeres desnudas con fines artísticos. Yo me negué siempre. Soy testigo de que también les preguntaba a más mujeres de la carrera.

"Un día Sebastián volvió a tocar el tema. Me invitó a un cuarto de las antiguas instalaciones de los laboratorios de fotografía para que viera su trabajo. Cerró la puerta con seguro y me mostró su portafolio, le repetí que no estaba interesada. Me miró de arriba abajo con morbo. Me tomó del brazo con fuerza para que me volteara y pudiera ver mis nalgas y espalda; me agarró el cuello, me obligó a inclinarme y levantó mi camiseta. En ese momento, me levanté con fuerza y me acerqué a la puerta muy alarmada y asustada. Él estaba actuando de manera violenta y errática. Golpeé su mano con fuerza y salí temblando. Fui a buscar a la profesora de fotografía y le dije lo que acababa de pasar y ella se alarmó. Fue ella quien comentó lo sucedido a Mónica* y por eso me llamaron de la Facultad para dar mi testimonio.

"Después de hablar con varias personas me trataron mal y me dijeron que yo me había inventado que él había intentado violarme. Un tiempo después, me lo volví a encontrar fuera de la universidad: me aislaba y me acorralaba en esquinas para amenazarme por haberlo denunciado. Me decía que era una mentirosa y me hacía sentir amenazada para que me retractara. Esta situación se repitió tres veces.

"Sentí que la universidad había manejado de manera negligente mi testimonio. Le mostraron a Sebastián lo que escribí, le dieron mi nombre, me pusieron en peligro. Lo que pasó en la Javeriana es muy grave. Hasta el día de hoy siento que actuaron de manera ligera para protegerse de un escándalo".

VICE pudo confirmar con altos directivos de la Javeriana que, en junio de 2011, luego de las denuncias de Mónica* y Sofía*, la universidad le abrió un primer proceso disciplinario a Guzmán, lo encontró responsable de una falta "grave" de acuerdo con el reglamento de estudiantes y lo sancionó con matrícula condicional en agosto de 2011.

En octubre de 2012, Juanita rompió su silencio y denunció a Guzmán ante la universidad. La Javeriana abrió entonces otro proceso disciplinario y, debido a sus antecedentes, consideró la falta como "gravísima" por "la reincidencia en la comisión de faltas graves". El estudiante fue expulsado en diciembre de 2012.

Dos meses después, el 18 de febrero de 2013, Alfredo Rodríguez, abogado de Juanita, presentó ante la Fiscalía la denuncia contra Sebastián Guzmán por el delito de acto sexual violento (artículo 206 del Código Penal). Desde entonces, su caso entró a engrosar la lista de más de 35.000 denuncias que al año recibe la Fiscalía por delitos contra la libertad, la integridad y formación sexuales y que, por lo general, no llegan a ningún lugar.

La gente calla una experiencia dolorosa y espera que esta desaparezca de su vida. Casi siempre ocurre lo contrario: la verdad busca una salida y encuentra su voz de formas inesperadas. La de Juanita es ante todo la historia de una mujer que entendió que callar era una condena autoimpuesta y que la única forma de sanar era hablando.

"Quería volverme a sentir viva, ser feliz, recuperar mis sueños, y me convencí de que la única persona que podía sacarme del hueco era yo. Desde ese día decidí transformarme". Y lo hizo a través del arte: "Luego de tomar un curso de liderazgo con Líderes Visión Colombia, quise ser fuente de empoderamiento y ejemplo de superación. Denunciar a través del arte para que mucha gente supiera que los abusos sexuales dentro de mi universidad son una realidad. Así que decidí cambiar la pintura y explorar la acción colectiva como técnica artística para transformar vidas" .

Cuando fue el momento de pensar en su tesis de grado en 2014, hizo de su experiencia un ejercicio artístico y un acto de denuncia pública para hacer visible el alto nivel de apatía, indiferencia y temor que rodea al abuso sexual en las universidades colombianas. A su proyecto lo llamó I de Insistencia Despegamos de la Violencia Sexual, una serie de acciones directas que involucraban a la audiencia en torno a la reflexión sobre violencia de género y cómo este problema es el elefante en la sala que todos ven, pero del que nadie quiere hablar.

Su intervención más significativa fue Despegas, una canción que narra su proceso y que ella misma compuso. Durante seis meses, Juanita cantó la canción los jueves a la una de la tarde en los antiguos laboratorios de fotografía de la Javeriana. El mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar donde dice haber sido abusada en 2011. Ese lugar que para ella representaba miedo, silencio y culpa, con su insistencia y su voz, se convirtió en un lugar de empoderamiento, justicia, solidaridad y unión.

Durante esos meses, Juanita asistió a las citaciones de la Fiscalía y entregó los documentos que le solicitaban, pero su proceso no avanzaba. Mientras tanto, su activismo aumentaba. Junto al Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud ––Idipron––, realizó jornadas educativas sobre violencia de género con jóvenes de Ciudad Bolívar y se alió con diferentes colectivos universitarios. También extendió su acción al Parque Nacional de Bogotá, donde cantó Despegas e invitó a Adriana Cely, la hermana de la fallecida Rosa Elvira Cely, a participar en varias intervenciones en la tumba simbólica de su hermana, quien fue asesinada brutalmente en mayo de 2012.

Sus acciones comenzaron a tener eco entre sus compañeros de universidad y Juanita descubrió que no estaba sola. "Estaba a punto de graduarme y quería dejarle algo a la universidad para que nadie volviera a pasar por lo que yo pasé", cuenta. En ese momento varias estudiantes javerianas lideraban sus propias iniciativas para abrir el debate en el plantel.

Juntas formaron el colectivo de género Polifonía, que ha organizado eventos, marchas y ha participado en diferentes seminarios sobre violencia sexual y de género. Este grupo, además, es apoyado por profesores de la Facultad de Derecho y del Instituto Pensar. Actualmente, Polifonía hace parte de un equipo dirigido por este instituto, encargado de la elaboración de un protocolo de manejo y prevención de situaciones de violencia sexual en la Javeriana. Un protocolo que, en 2011, era inexistente.

Hoy Juanita ha podido superar su pasado. Se graduó de la carrera de Artes Visuales con énfasis en expresión plástica, fundó la organización " I Mayúscula Insistencia: Despegamos de la violencia sexual en Colombia" y abrió Bogoartistas, una empresa que promueve artistas emergentes.

"Me siento una mujer segura, libre y plena", asegura.

A comienzos de 2016, en VICE nos propusimos descubrir qué mecanismos tienen las instituciones educativas públicas y privadas de Bogotá para enfrentar y prevenir el abuso sexual. Fue así que encontramos la historia de Juanita, quien en ese momento seguía sin ver, tres años después, que la Fiscalía avanzara en la investigación de su denuncia.

En mayo de 2016, VICE acompañó a Juanita a la Fiscalía Seccional de Delitos Sexuales para indagar por el estado de su caso. Uno de los investigadores le informó que era muy probable que su proceso se archivara, pues no contaba con pruebas suficientes. Además, fuentes en la entidad aseguraron que los directivos de la universidad no se habían presentado a una citación para dar cuenta de lo ocurrido. Habían pasado tres años desde la denuncia y la Fiscalía no tenía en su poder el expediente de la Javeriana que daba cuenta de las razones por las que Guzmán había sido sancionado y luego expulsado entre 2011 y 2012.

Santiago Pinilla, director jurídico de la universidad, le explicó a VICE que los directivos no se presentaron a la primera citación, pues esta no había sido comunicada de forma escrita. "Como director jurídico tengo que garantizar que la universidad proceda de manera adecuada y para eso necesito saber a qué nos están citando".

Juanita estaba frustrada por el aparente desinterés de la universidad; aún así, decidió ponerse al frente de la situación y presionarla. El 26 de mayo de 2016 se comunicó con los directivos de la Facultad de Artes y con la Vicerrectoría y solicitó nuevamente su ayuda. Ese mismo día recibió las respuestas del vicerrector Luis Alfonso Castellanos y el director jurídico Santiago Pinilla. Ambos manifestaron su intención de colaborar con el proceso. La Fiscalía volvió entonces a citar a Castellanos, a Pinilla y al actual decano de Artes, Carlos Mery, para el 27 y el 31 de mayo de ese año. Juanita entregó personalmente en la universidad una de estas citaciones.

"Una vez llegó el escrito, nos presentamos", asegura Pinilla. VICE pudo confirmar que, efectivamente, los directivos citados asistieron a dos reuniones el 27 y 31 de mayo en la Fiscalía. Sobre estos encuentros ninguno de los citados dio declaraciones por ser esta una investigación que actualmente adelanta la Fiscalía de forma confidencial.

Estas acciones revitalizaron el proceso en la Fiscalía y motivaron a Juanita a buscar los testimonios de las otras estudiantes que, en su momento, habían denunciado supuestos abusos por parte de Guzmán. Después de varias semanas de búsqueda entre antiguos compañeros y redes sociales, las encontró. Tres de ellas accedieron a adjuntar sus testimonios por escrito al expediente de su proceso en la Fiscalía.

Actualmente, el ente investigador tiene en su poder el expediente completo de la Javeriana, en el que aparecen registradas las denuncias de Juanita, Mónica* y Sofía*, y se exponen las razones por las que Sebastián Guzmán fue sancionado y luego expulsado de la universidad. Los investigadores también tienen por escrito las versiones de Mónica* y Sofía*. Adicionalmente, los investigadores tienen en su poder un testimonio más, que relata graves hechos, que nunca fueron denunciados ante la universidad y que ocurrieron presuntamente por fuera del campus. En total la Fiscalía tiene en su poder cuatro testimonios contra Guzmán.

Este es el testimonio de Lucía*:

"Tenía una entrega de fotografía con la cual no me sentía segura y pedí ayuda a varios amigos. Lo comenté en los laboratorios de fotografía y apareció Sebastián Guzmán, quien dijo que podía ayudarme, que tenía un colectivo de fotografía y que era un 'experto'.

"Le dije que fuéramos a mi casa por las cosas y por la plata para pagarle por ayudarme. En ese momento yo vivía en la 44 con Séptima frente a la universidad. Camino a mi casa Sebastián me hablaba de su grupo de fotografía y que su tema eran los desnudos, e insistía que yo sería perfecta. No le di importancia, no lo conocía ni puse mucha atención a sus propuestas pero sí me pareció muy fuerte la manera en la que insistió sobre el proyecto. Sin embargo, yo no quería tener nada que ver en su trabajo.

"Al llegar, noté que Sebastián me miraba raro. Después de hablar un rato sobre mi entrega me dijo que quería ver el resto de mi casa. Llegamos a la entrada de mi cuarto, se lo mostré desde afuera y él me empujó para poder entrar. Cerró la puerta, se me acercó y me levantó la camisa, dijo que quería verme la espalda. Yo retrocedía, le dije que no. Él empezó a tocarse mientras me miraba de manera morbosa. Justo después me quitó bruscamente la camisa y el brasier.

"Me tiró a la cama, empezó a manosearme e inclusive metió las manos en el pantalón y tocó mis genitales, todo esto sin mi consentimiento. Me dijo que yo lo que quería era 'pichar', que me hacía falta 'pichar'. Me manipulaba diciendo que lo que estaba pasando era normal, que él no estaba haciendo nada malo. Él se puso muy brusco y yo traté de alejarlo de la manera más tranquila posible. Lo empujé y le dije que no quería hacer nada con él.

"Me paré rápido y me vestí. En ese momento él empezó a gritar, se puso muy agresivo, estaba como loco. Me amenazó: dijo que no podía hablar sobre lo que acababa de pasar, que él tenía un bebé, que estaba relacionado con militares y que estaba protegido. Dijo varias veces que me iba a 'joder' si decía algo. Me sentí muy amenazada. Salió de mi casa con mis cosas y con la plata que le había pagado. Nunca me contactó ni me entregó el trabajo y perdí la materia.

"Solo comenté lo ocurrido a mi novio y a una amiga, y ella me dijo que no había sido la única. Desde entonces, me molestó ir a la universidad y saber que él iba a estar ahí. Empecé a comer mal y a tener problemas académicos, además dejé de ir a los laboratorios de fotografía y no volví a tomar fotos. Nunca dije nada en la facultad por miedo a que él cumpliera sus amenazas y como el hecho no había ocurrido en la universidad creí que no iba a recibir ayuda".

Más allá del presunto agresor y el modo en el que ocurrieron los eventos, en los relatos de estas jóvenes hay una cosa más en común: la frustración porque la Universidad Javeriana no las apoyara lo suficiente ni tomara acciones más contundentes luego de conocidas las denuncias. Juanita, por ejemplo, dice que en su caso la universidad se limitó a expulsar a Sebastián Guzmán pero nunca le brindó asesoría psicológica o jurídica. Mónica*, por otro lado, asumió que la Javeriana no estaba de su parte porque, a pesar de su denuncia, Guzmán siguió estudiando y se lo encontraba en todas partes. Por esa razón decidió irse de la universidad.

Sobre la actuación de la Javeriana en el caso de Juanita, Jaime Cataño, el antiguo director jurídico asegura que a Juanita "se le dijo que si se sentía más tranquila iba a haber una persona que estuviera pendiente de ella. En esos casos se tiene detectado en qué salones tiene clase el alumno o si tiene traslados dentro del campus, siempre buscando que no vaya a ser accedido por el supuesto agresor".

Sin embargo, la versión de Juanita es otra. "Lo único que me dijeron fue que podía quedarme en Vicerrectoría cuando me sintiera mal y que a Sebastián lo iban a cambiar de salón mientras lo echaban". Sobre la posibilidad de tener una persona que la acompañara dentro del campus, ella manifestó que en ese momento nunca le ofrecieron esa posibilidad y que ni siquiera sabía que existía.

La reacción de la Javeriana en ese momento refleja la poca experiencia y tacto para manejar un tema delicado que aún no termina de ser prioritario en el sector educativo colombiano. En opinión de Diana Ojeda, investigadora del área de Estudios Feministas y de Género del Instituto Pensar, la idea de ponerle una suerte de escolta a la víctima es tenebrosa. "Se le impone la carga a la víctima cuando en realidad quien necesita vigilancia es el victimario. La literatura sobre estos temas es muy categórica en decir que esta idea de seguridad como vigilancia policiva puede ser peligrosa para la víctima y además es una forma perversa de recordarle que no puede estar tranquila dentro del campus".

Por otra parte, Santiago Pinilla, actual director jurídico de la Javeriana, le explicó a VICE por qué la universidad procede de esa forma. "La universidad expide unos protocolos especiales que no tienen todas las instituciones educativas y ha hecho muchos esfuerzos para que este, como muchos casos, sean sancionados, teniendo en cuenta que el proceso disciplinario es un proceso académico. Nosotros solamente podemos ir hasta ahí, no podemos convertirnos ni en Fiscalía ni en Policía. Mucha gente quisiera que cogieran a esta persona y la encarcelaran, pero la universidad puede ir hasta donde su reglamento estudiantil lo permite".

Precisamente, en junio de 2016, VICE conoció la Ruta Institucional para la Orientación y Acompañamiento en Casos de Violencia de Género que, de acuerdo con la oficina de prensa de la Javeriana, es el protocolo que sigue la universidad en este tipo de casos. Juanita dice no conocer este documento. "Es la primera vez que la veo y que tengo conocimiento de esto. Mi abogado tampoco está enterado de este procedimiento", asegura. Según Federico Mejía, profesor del seminario Derecho Lgbti de la Javeriana, este protocolo se hizo oficial solo hasta el mes de julio de 2016, luego de que Juanita insistiera en la universidad que le ayudara en su caso.

Sobre la forma en la que la universidad ha manejado los casos de violencia sexual, Mejía es crítico: "Aquí hay una omisión del deber de debida diligencia por parte de la universidad". "Cuando Juanita denuncia se reportan otros casos cometidos por el mismo victimario, que no son incidentes aislados porque ocurren en el mismo lugar, el victimario tiene un modus operandi y un perfil de mujeres victimizables. Creo que cuando se pusieron en conocimiento estos actos, la universidad debió tomar una medida incluso de colaboración y apoyo más directo con las víctimas y presentar estos hechos ante la autoridad competente, es decir llevar los casos a Medicina Legal y remitir a la Fiscalía".

Diana Ojeda, investigadora del área de Estudios Feministas y de Género del Instituto Pensar, también cuestiona la actuación de la universidad. "Yo creo que uno puede hablar de que la universidad es cómplice por no haber difundido el hecho y porque estos eventos ocurrieron varias veces. Si a la primera no se hizo nada y vuelve a ocurrir, pues eso habla de impunidad".

Durante el segundo semestre de 2016, la Fiscalía programó dos audiencias de imputación de cargos a Sebastián Guzmán que fueron canceladas porque, según el abogado de Juanita, el ente acusador necesita recaudar más pruebas. La primera, el 12 de julio y la segunda, el 30 de agosto de 2016. Ninguna fuente del ente investigador ha accedido a hablar para este trabajo.

VICE se comunicó varias veces con Sebastián Guzmán y con su abogado para conocer su versión de estos hechos. Ambos se negaron a dar su declaración para este artículo. La profesora Leonor Convers, en conversación con este medio, asegura que Guzmán se defendió en ese entonces diciendo que la fotografía de desnudo hacía parte de su obra artística y que en su momento él le entregó testimonios de personas que trabajaban con él. Esta revista también puede confirmar que Guzmán entregó unas fotografías de desnudo en la Fiscalía como prueba de su trabajo.


* Los nombres fueron modificados a petición de las fuentes.
** Lea la segunda parte de este reportaje acá: de VICE "Abuso sexual en las universidades de Colombia: un enemigo silencioso".