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Vivir 14 Nov 2012 - 9:53 pm

Hallazgos de biólogos de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

Peces nadando entre carbón

La exportación de este mineral ha contaminado las playas desde hace décadas. Ahora, una investigación descubrió partículas dentro de algunas especies.

Por: Sergio Silva Numa
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Entre las zonas examinadas están Playa Salguero, Pozos Colorados y las playas de Kosta Azul. / Archivo

Bastaría con caminar por las playas que rodean Santa Marta para percatarse de los efectos del carbón. Un mar turbio, que en ocasiones desprende hedores nauseabundos, refleja las consecuencias de un mineral que, tras viajar en largas filas de vagones desde el interior del Cesar y La Guajira, es embarcado en colosales buques.

Ahí, en la diáfana bahía que encontró Rodrigo de Bastidas a principios del siglo XVI, operan ahora puertos de donde salen, en promedio, más de 23 toneladas anuales del combustible fósil. Algunos fragmentos del material que transportan caen al agua y la fuerza de las olas los conduce hasta zonas costeras. Pero más allá de los trozos de roca con los que a menudo tropiezan los turistas cuando caminan por la arena del Caribe, en el mar samario viven infinidad de peces que soportan la presencia del carbón.

El estudio Carbón, clima, playas y peces, realizado por el programa de Biología Marina de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, advierte de la presencia de pequeñas partículas dentro de algunas especies. “No es para alarmarse. Es común que animales marinos consuman arena, piedras o carbón, y que esos pedazos se encuentren en el estómago. No hay ningún riesgo para el consumo humano”, explica Marcela Grijalba, una de las investigadoras.

Sin embargo, un hallazgo, del que aún no se saben las consecuencias, sorprendió a los científicos. De los 294 ejemplares que examinaron, 245 tenían partículas negras al interior de sus organismos. Muchos de ellos las albergaban en las gónadas, en el hígado y en los músculos, órganos en los que, según Grijalba, no tendrían que estar.

“Es, en realidad algo nuevo, pero no sabemos con certeza cuál es el impacto, porque no encontramos tumores ni sangrados. Vamos a hacer un análisis más riguroso en el laboratorio”, asegura Grijalba.

De acuerdo con el informe, es posible que esos fragmentos puedan lacerar las fibras musculares, alterar las fecundación de algunos animales o limitar la cantidad de espermatozoides.

Y aunque estas son sólo conjeturas sobre las posibles secuelas, lo cierto es que transportar el carbón a los enormes navíos tiene efectos nefastos, como la fragmentación o sedimentación de los corales y el desprendimiento de algunas colonias. “Además, afecta la posibilidad de conseguir alimentos”, dice la investigadora.

Según Mauricio Suárez, gerente general de la Sociedad Portuaria de Santa Marta, “desde el 2003 se utiliza el sistema de cargue directo para minimizar el impacto ambiental. Nos anticipamos al decreto 3083 del Ministerio de Ambiente que obliga a todos los puertos exportadores de carbón a implementar esta medida desde el 1 de julio del 2010. ”.

Pese a ello, tal y como dice Grijalba, aún hay puertos que utilizan bandas transportadoras y barcazas dirigidas por remolcadores que llevan el material hasta los buques. Tal es el caso, de acuerdo a datos de la Sociedad Portuaria, de la multinacional Drummond, que tiene plazo de modificar sus técnicas hasta el 1 de enero de 2014.

Los problemas de esos métodos poco seguros ya han quedado en evidencia en años anteriores. En 2001 y en 2002, por ejemplo, un par de esas barcazas se hundieron en territorio caribe y las repercusiones, imperceptibles a simple vista, fueron funestas. Como esa vez, pargos, sierras, rayas y muchas más especies de gran importancia comercial para la región, tuvieron que soportar, como ahora, alteraciones en sus ambientes y en sus ciclos de reproducción.

Destrucción arqueológica en el Quimbo

 

La próxima semana se conocerá si sigue en pie la multa que el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh) le interpuso a la empresa Emgesa luego de comprobar que la multinacional habría destruido varias piezas arqueológicas durante la apertura de una de las vías para la construcción de la hidroeléctrica del Quimbo en el municipio de Gigante, en el Huila.

Aunque Emgesa apeló la sanción, que podría llegar hasta $300 millones, porque asegura que no hubo afectaciones al patrimonio arqueológico, el Icanh insiste en que efectivamente el paso de las retroexcavadoras destruyó varias piezas y que la empresa no reportó el hallazgo como lo indica la ley y continuó con las obras. Esto pese a que la multinacional debía contar con un plan de arqueología preventiva.

Resta que quede en firme la respuesta del Icanh a la apelación de Emgesa, pero todo indica que la empresa tendrá que responder por los daños.

 

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