Vivir |30 Ene 2013 - 10:00 pm

La iniciativa hace parte del nuevo estatuto antidrogas que se presentará al Congreso

Dos caras de la despenalización

La propuesta que estudia el Gobierno, de permitir el porte y consumo de una dosis mínima de drogas sintéticas como el éxtasis y las anfetaminas, es celebrada por el director de la Corporación Nuevos Rumbos y vista con recelo por psiquiatras.

Por: Redacción Vivir
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Augusto Pérez, director de la Corporación Nuevos Rumbos y Delia Hernández coordinadora del comité de adicciones de la Asociación Colombiana de Psiquiatría Augusto Pérez, director de la Corporación Nuevos Rumbos y Delia Hernández coordinadora del comité de adicciones de la Asociación Colombiana de Psiquiatría

Augusto Pérez, director de la Corporación Nuevos Rumbos

“Se está armando una tormenta en un vaso de agua”

¿Por qué comparte esta propuesta?

Se está armando una tormenta en un vaso de agua. No entiendo por qué es más escandalosa esta que la despenalización de la dosis mínima de cocaína (que existe desde 1986), cuando es un hecho que la cocaína es mucho más peligrosa que el éxtasis. Los colombianos tenemos muy mala memoria. Cuando salió la sentencia de la Corte Constitucional de 1994 legalizando la dosis personal de marihuana, se armó un escándalo igualito al de ahora, se dijo que se iba a incrementar el consumo y eso no pasó.

¿Qué más le gusta de esta iniciativa?

Que obliga a los municipios a invertir recursos en tratamiento y prevención, que incrementa fuertemente los castigos para quienes vendan drogas a menores y para quienes los utilicen para comercializarlas. También sanciona fuertemente a los padres que induzcan a sus hijos al consumo, a los padres que consuman delante de ellos y a quienes sean tolerantes con el consumo de sus hijos.

El Partido Conservador ha dicho que es un paso en falso...

Los conservadores tienen una inclinación muy grande a pensar con el garrote en la mano y resulta que el problema de las drogas no se resuelve con garrote para los consumidores, sino para los que venden, distribuyen y procesan.

¿Cuál es la realidad de estas drogas en el país?

Las anfetaminas son estimulantes y hasta hace pocos años eran usadas por mujeres que querían bajar de peso. Tienen unos efectos muy parecidos a los de la cocaína: quitan el hambre y aceleran el ritmo cardíaco, pero también generan alucinaciones. Una sobredosis puede llevar a la muerte. El consumo de éxtasis empezó a disminuir fuertemente desde 2009. No es un problema epidemiológicamente importante, como sí lo son la marihuana y la cocaína.

Delia Hernández, coordinadora del comité de adicciones de la Asociació Colombiana de Psiquiatria

“No sabemos lo que implica meterse una pastilla de esas”

¿Qué hay detrás de las drogas sintéticas?

Son drogas fabricadas en laboratorios con la intención de modificar el estado de ánimo de las personas. Son el resultado de múltiples combinaciones químicas, que buscan actuar en el sistema nervioso central y afectan el equilibrio perfecto que debe tener el cerebro.

¿A qué alteraciones se refiere?

Se han hecho estudios con primates que demuestran que el consumo de éxtasis puede afectar las neuronas relacionadas con el sueño, la conducta alimenticia y la desinhibición. También se pueden presentar cuadros depresivos serios y conductas violentas. Incluso puede generar hipertermia y llevar a la persona a cuidados intensivos. En el caso de la 2CB (un derivado de la mezcalina), se puede perder contacto con la realidad y generar cuadros psicóticos.

Teniendo en cuenta esto, ¿qué opina de permitir la dosis mínima de estas drogas?

La discusión no puede ser si se despenaliza o no la dosis personal. Hay que pensar en cómo ayudar a quienes están consumiendo estas sustancias, porque el riesgo de psicosis y de mortalidad es muy alto. Generalmente se trata de policonsumidores, que consumen alcohol, marihuana o cocaína acompañada de drogas sintéticas. Si tenemos que hacer algo es educar, porque hoy en el país no se sabe lo que implica meterse una pastilla de estas. Ni siquiera sabemos con qué están haciendo estas drogas.

¿Qué implicaciones tendría esa decisión en la salud pública?

El problema no es penalizar el consumo, va más allá. Los mayores consumidores son los adolescentes y adultos jóvenes. Si no pensamos en educación, legalizar la dosis mínima no ayuda en la salud pública. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, el éxtasis aumenta el erotismo, lo que lleva a mayores posibilidades de transmisión de enfermedades de alto costo.

Por: Redacción Vivir
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