Por la trocha, camino a la escuela

Un documental narra la historia de seis estudiantes que viven en zonas apartadas de Antioquia.

Estudiantes de la vereda San Josecito, Apartadó. / Escuela Juvenil de Realización Audiovisual
Estudiantes de la vereda San Josecito, Apartadó. / Escuela Juvenil de Realización Audiovisual

Cristian Alberto López vive en la vereda El Zancudo, del municipio de Argelia, a cinco horas de Medellín, dependiendo de si está buena la carretera que comunica a la ciudad con esa parte del oriente antioqueño.

Hace 15 años, antes de que naciera, en El Zancudo vivía mucha gente. Hoy sólo quedan 35 familias que se resistieron al desplazamiento y que recuerdan con desasosiego las presiones de la guerrilla y los paramilitares entre 1998 y 2003.

Aunque quedó en medio del fuego cruzado, la escuela nunca dejó de funcionar. Tiene dos salones: los niños de primero a cuarto de primaria están en uno, y los de quinto a séptimo, como Cristian, van al otro.

La profesora Juliana les enseña matemáticas, ciencias y español. No tienen una biblioteca ni internet, pero ir a la escuela es un placer: el partido de microfútbol al final de la jornada es el momento más esperado.

Cuando llega a la casa, cruzando una montaña, Cristian se cambia el uniforme, se pone las botas de trabajo y se cuelga el machete. Generalmente va a desyerbar el pasto, a recoger leña o a moler café.

Como todos los de la vereda, su familia vive de los cultivos de frijol, maíz y café, sin embargo, cinco minas ilegales de oro acechan la región y tienen tentado a más de uno a cambiar su fuente de ingresos tradicional por la que da el mineral.

Cristian se pregunta qué va a pasar cuando llegue a octavo. La escuela sólo tiene capacidad hasta séptimo y aunque estudiar en un colegio del pueblo es una opción, el casco urbano de Argelia queda a más de una hora caminando y el único medio de transporte que llega a El Zancudo es la chiva de los sábados.

Lo mismo sucede con Andrés Valencia de la vereda El Oro, también en Argelia, y con Yulieth Andrea David, de la vereda Caracolón, en el municipio de Dabeiba, en el occidente de Antioquia.

Hasta 1997, su comunidad vivía en Antasales, en zona rural del mismo municipio, pero fue desplazada por grupos paramilitares que querían apoderarse del Nudo de Paramillo.

Fueron reubicados y lo primero que hicieron fue construir una escuela de entablado, con cuatro salones y que recibe a 22 estudiantes desde preescolar hasta quinto de primaria.

Carlos Andrés Agudelo es el único profesor. Para dictar las clases de cinco cursos debe repartirse entre el uno y el otro: mientras da la lección en un salón, los demás están desarrollando una actividad.

Hasta hace un tiempo cinco profesores del colegio del pueblo iban durante dos semanas cada mes a dictar las clases de 20 estudiantes que querían hacer el bachillerato; sin embargo, el convenio se terminó y quienes quieren terminar el colegio deben caminar una hora y media hasta Dabeiba.

Al otro lado del departamento, en la vereda San Josecito, de la comunidad de Paz de San José de Apartadó, estudia Andrea Úsuga, una niña de 8 años que fue promovida de grado por su buen rendimiento.

Su madre, Marta Vásquez, es una de las tres profesoras de la escuela. Desde 2006 la comunidad tiene un modelo de educación autónoma: los docentes son voluntarios de la misma comunidad y no sólo enseñan a hacer operaciones, a leer y a escribir, también a cultivar cacao, plátano, fríjol y maíz, a determinar cuánto debe producir una buena cosecha y para qué sirven las plantas medicinales que tienen en el territorio.

“El modelo educativo tradicional es una forma de desplazar al campesinado. Nuestros niños se están yendo a las ciudades y no hay quién se haga cargo de las tierras en el futuro”, opina Marta, a quien le preocupa que el conflicto armado de la zona pueda afectar las clases: “No hemos tenido que suspender ninguna, sólo cuando matan a alguien todos vamos al funeral, pero cuando empiezan las amenazas, se siente el miedo”.

Las historias de Cristian, Julieth y Marta fueron contadas originalmente en el documental Cuando voy a la escuela, un proyecto entre jóvenes de zonas rurales que pertenecen a la Escuela Juvenil de Realización Audiovisual, de la Asociación Campesina de Antioquia.

Gustavo Hincapié, coordinador de la escuela explica la importancia de esta pieza: “Meter las cámaras a unas zonas alejadas, en donde hay un montón de ausencias, y hacerlo desde la mirada de los jóvenes nos permitió conocer con más precisión qué pasa con la educación en el campo”.

Según Marco Fidel Vargas, experto en educación rural del Cinep (Centro de Investigación en Educación Popular), Colombia es más rural de lo que se cree y la inequidad que caracteriza al campo se traslada a la educación: “Hay una desigualdad cognitiva: no hay quién prepare a los maestros para la educación en el campo y estos profesores son los menos retribuidos, aunque tienen más exigencias”.

De acuerdo con Vargas, el país tiene que superar la brecha de lo urbano y rural. “Por eso hay que pensar en escuelas que enseñen los saberes tradicionales y, al mismo tiempo, el conocimiento universal”, concluye.

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