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Vivir 3 Abr 2013 - 10:00 pm

Estudio de la ONG Mind Research Network

Cerebro de delincuente

Científicos usaron técnicas de neuroimagen con un grupo de convictos para medir la probabilidad de reincidencia.

Por: Redacción Vivir
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    http://www.elespectador.com/noticias/actualidad/vivir/cerebro-de-delincuente-articulo-413935
    http://tinyurl.com/k8gx3na
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Los 96 reclusos forman en fila india. Es su último día en prisión, pero antes de salir a la calle tienen que pasar por una última prueba: el detector de futura criminalidad. De uno en uno entran en la sala donde los médicos les ponen una especie de casquete. Sentados frente a un ordenador, los todavía reos tienen que responder a preguntas y usar unos videojuegos. Parece un examen del carné de conducir. Pero no les vale haberse entrenado ni saberse las respuestas. Al otro lado del cristal, un monitor va procesando sus estímulos cerebrales. Al ver los resultados de uno de ellos en pantalla, el doctor Khiel lanza una mirada cómplice al director de la cárcel: “Este”, apunta. No necesita decir más. El director se vuelve hacia su ayudante: “Toma nota. El recluso 4.567 quedará libre, pero con vigilancia especial. Antes de que pasen cuatro años lo volveremos a tener aquí”.

No es una película. Y si lo fuera, para ser justos con los derechos de propiedad intelectual, en los títulos de crédito debería figurar algo así: “Basada en una historia sacada de Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en su versión recogida por Science y Nature”. No es poca cosa como fuente de inspiración: se trata de tres de las publicaciones científicas más importantes del mundo.

Las bases reales de este supuesto guión se están escribiendo en estos momentos. Las pruebas de neuroimagen son una herramienta cargada de posibilidades entre los investigadores. En este caso se utilizaron para medir la probabilidad de reincidir de un grupo de convictos. Y en ciencia, ya se sabe, después del primer paso vienen los demás. Y la idea de predecir el comportamiento —más aún el criminal— por métodos científicos es tentadora. Ya lo hizo Cesare Lombroso en el siglo XIX, con su intento de identificar y clasificar a los delincuentes en particular o a las personas en general por su aspecto. La teoría, nunca comprobada, tuvo bastante éxito. El franquismo en España intentó usar algo similar para identificar a rojos y otros desafectos, con sentencias en las que “la mirada” o “el prognatismo” se asociaban a comportamientos perseguibles.

En este caso, se utilizó neuroimagen para ver qué pasaba en una diminuta porción del cerebro, el córtex del cíngulo anterior (CCA). En concreto, los investigadores de la ONG Mind Research Network, de Albuquerque (Nuevo México, EE.UU.), consiguieron el permiso para estudiar el cerebro de 96 hombres justo antes de que salieran de prisión. Los sometieron a una serie de pruebas en las que tenían que poner en juego su sistema de toma de decisiones o inhibir sus respuestas más impulsivas. Con la resonancia magnética midieron la actividad del CCA de cada uno durante el proceso. Esta fue sólo la primera parte del ensayo. Aunque todos habían sido condenados y todos respondían a los mismos estímulos, la actividad del CCA era variable. En unos se detectaba el aumento propio de un funcionamiento acelerado; en otros, nada.

El experimento se completó con un seguimiento de la reincidencia de estos voluntarios durante cuatro años. Y el resultado llegó al cruzar los datos de aquella primera prueba de neuroimagen con su registro delictivo: aquellos que mostraban una menor actividad en el CCA tenían unas tasas de reingreso en prisión 2,6 veces mayor que los demás. Más aún: la proporción subía a 4,3 veces si se tomaban sólo delitos no violentos. Y todo ello después de descartar el efecto de factores como la adicción a sustancias en el futuro comportamiento de los investigados.

La tentación inmediata de esta historia sería hacer la prueba de la neuroimagen a todo el que vaya a dejar la cárcel. Ya se sabría a quién habría que poner en especial vigilancia y, llegado al extremo, se podría pensar en no excarcelarlo. Aún más, ni siquiera habría que esperar a que las personas delincan por primera vez: se las podría detener antes de que lo hicieran. Pero los propios autores del estudio descartan que esto pueda usarse tal cual. Con los pies en la tierra, Kent Khiel, el neurólogo real que ha dirigido el trabajo, es categórico: “No es algo para aplicar ya”.

Sin embargo, el estudio no deja indiferentes a los científicos. Miquel Bernardo, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, advierte que estas técnicas de neuroimagen “han creado expectativas muy esperanzadoras y optimistas para la predicción y el tratamiento de conductas y enfermedades mentales”, pero este entusiasmo “va por oleadas” y “ahora se está enfriando”. Lo ideal, indica el experto, sería que se pudiera asociar un área del cerebro de manera unívoca a una conducta, pero el comportamiento humano es tan complejo que eso no es posible, por lo que todos estos estudios hay que tomarlos como “ayudas o pistas”, pero “nunca de manera definitiva”. “Lo que está claro es que en el cerebro está el sustrato de la conducta humana”.

Detrás de estos intentos está la base de las disquisiciones sobre el comportamiento humano desde hace 30 siglos: si nacemos de una manera o nos hacemos. Se puede aplicar a prácticamente todo: inteligencia, orientación sexual, propensión a delinquir, bondad o creatividad. Trasladado al lenguaje de hace medio siglo, es el debate entre genotipo, lo innato, y fenotipo, lo adquirido. Santiago Ramón y Cajal lo complicó todo más y lo llevó al mundo más científico al describir la plasticidad del cerebro: éste determina lo que hacemos, pero cambia según lo que nos pasa.

Desde su desarrollo, la neuroimagen se ha usado para medir qué pasa en el cerebro en todo tipo de situaciones: al sentir hambre o ira, al estar sano o enfermo, al leer, al recordar, al conducir, y también en otras donde parece que el aparataje necesario (una especie de secador de pelo que es el encargado de medir qué partes del cerebro se activan —o no— en cada momento) es más complicado de aplicar, como al practicar sexo o arbitrar un partido de fútbol.

Obviamente, Khiel no había elegido estudiar el CCA al azar. Ya en pruebas más generales se había visto que el CCA, como indica en un artículo John Allman, del California Institute of Technology (Caltech), era un área de “interfaz entre la emoción y el conocimiento”, con competencias sobre el “autocontrol emocional, la resolución de problemas, el reconocimiento de errores y una respuesta adaptativa a condiciones cambiantes en yuxtaposición con las emociones”. Por todo esto, no se ha estudiado todo el cerebro. La elección del área sobre la que se investigó, el CCA, es lógica. “Está relacionada con la impulsividad y el autocontrol”, resume Miguel Bernardo.

No es que los científicos tengan especial predilección por el CCA. Cada emoción y actividad se corresponde con una o varias zonas del cerebro, desde respirar a pensar en física cuántica. O, al menos, eso es lo que creemos. El sistema neurológico es, seguramente, el más desconocido del cuerpo humano. Su núcleo, encerrado por los fuertes huesos del cráneo, es el cerebro, el órgano más misterioso. Resulta casi imposible de manipular en vivo; medirlo implicaría alterarlo. Y de ahí el auge de las técnicas de imagen, como la resonancia, que son las que más se acercan a ver cómo funcionan sus engranajes sin tener que entrar en él.

Por eso, Bernardo cree que la lectura positiva que se puede sacar de este trabajo es que se avanza en dirección hacia unos “nuevos biomarcadores”. Si en otras enfermedades, como el cáncer, se buscan proteínas o células que indiquen lo que le pasa al paciente, en el caso de las enfermedades mentales las técnicas de imagen pueden ser un agente fundamental, “y no sólo para predecir conductas”, sino, más importante, para validar diagnósticos, tratamientos y efectuar pronósticos.

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venecoloandino

Jue, 04/04/2013 - 11:54
Ese cerebro, del cuello para abajo tiene un tintico en la mano y un poncho.
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HectorJulio

Jue, 04/04/2013 - 10:32
Todos los delincuentes que tengan el cerebro parecido al del Extraditable82 NO LO DEJEN SALIR de la cárcel, por que es seguro q reinciden...!
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Maquiavelo..

Jue, 04/04/2013 - 06:32
Se parece al cerebro de Uribe
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Zegalia

Jue, 04/04/2013 - 01:15
usen la de URIBE y su ralea de delincuentes..como el pincher ARIAS que esta preso
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Abefeliz

Mie, 04/03/2013 - 22:12
UUUUYYYY... Le abrieron el cerebro a Uribe, y nadie nos contó. No se dio ni cuenta por eso no trino.
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