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Vivir 18 Nov 2012 - 9:00 pm

Nanotecnología para combatir el cáncer

La ciencia de lo invisible

El físico Édgar González es pionero en el desarrollo de minúsculas partículas que ayudarían a reducir los efectos tóxicos de la quimioterapia.

Por: Mariana Escobar Roldán
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Édgar Emir González Jiménez, director del Grupo de Investigación de Nanociencia y Nanotecnología de la Universidad Javeriana. / Universidad Javeriana

Científicos del mundo están enfocando sus estudios en las nanopartículas, trozos de materia imperceptibles para el ser humano que miden la millonésima parte de un metro y en cuya estructura parecen encontrarse alternativas para enfrentar grandes retos en medio ambiente, salud y producción de energía.

Édgar Emir González, formado en física cuántica, vio el efecto que podría tener la nanociencia en el mundo y decidió cambiar la academia por la búsqueda de soluciones con impacto social. En 2004, en compañía de otros científicos, fundó el Consejo Nacional de Nanociencia y Nanotecnología y dio un gran paso para desarrollar “la ciencia de lo invisible”, como llama a este campo de estudio.

Uno de los terrenos de aplicación más llamativos es el diagnóstico y tratamiento del cáncer. Aunque esta tendencia es investigada en varios laboratorios del mundo, González trabaja desde 2005 en un programa a través de cual busca diseñar y producir materiales que contribuyan a mejorar la eficiencia de los tratamientos para detectar y atacar la enfermedad.

Sus avances lo han llevado a construir unas estructuras de tamaño microscópico que pueden ingresar a las células. Las partículas tienen en su exterior un agente que reconoce las moléculas cancerígenas y se anclan a ellas. Como tienen unos poros (llamados nanojaulas), pueden rellenarse con medicamentos que luego serán liberados de forma controlada sobre las áreas afectadas.

Las partículas son hechas de oro y están cubiertas por una sustancia que se abre y se cierra con incrementos de temperatura estimulados desde afuera. Este mecanismo es el que permite controlar la cantidad de fármaco que se quiere depositar. “El medicamento llega a donde tiene que llegar, se da la cantidad necesaria, no afecta a las células sanas y el tratamiento resulta más amigable para el paciente”, explica el físico.

Los beneficios de este adelanto son enormes. Por ejemplo, se podrían reducir los efectos tóxicos de la quimioterapia. “Esta no es una meta final, pero sí es una transición hacia la cura para el cáncer, que seguramente será molecular”, afirma González.

Países como Alemania y Estados Unidos ya tienen exitosos resultados en la aplicación en seres vivos, y la empresa de biotecnología australiana EnGeneIC encontró recientemente una técnica en la que, por primera vez, se utilizaron minicélulas derivadas de bacterias para transportar fármacos exclusivamente a áreas afectadas por el cáncer.

El costo de los equipos necesarios para la producción de las partículas limita el desarrollo del campo en Colombia. Sin embargo, hay pasos interesantes. Varias universidades, como la Javeriana, los Andes, la Nacional y la de Antioquia, están proyectando la construcción de centros de investigación y tienen infraestructura para el desarrollo de este campo.

Por otro lado, según el investigador, países en desarrollo como Colombia tienen un gran reto: resolver la crisis energética. Desde la nanociencia se pueden ofrecer soluciones que complementen las propuestas de los sistemas convencionales. González pertenece a una red llamada Nano Energía, que busca fabricar unas pilas que descontaminan al mismo tiempo que producen energía. Estos dispositivos atrapan bacterias que se alimentan de ciertos contaminantes orgánicos provenientes de aguas de desechos. Los microorganismos consumen el contaminante, lo eliminan de las fuentes hídricas y luego generan energía limpia.

A diferencia de las fotoceldas, que sólo funcionan durante el día, este sistema lo hace las 24 horas, no hay ningún tipo de contaminación y el ecosistema se renueva. “Cada vez vemos con más claridad que las soluciones a los problemas de hoy están en algo intangible, en algo que no vemos”, concluye Édgar Emir González.

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