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Vivir 15 Abr 2013 - 9:36 pm

A propósito del lanzamiento del primer satélite ecuatoriano

Colombia, sin un lugar en el espacio

Aunque la decisión del gobierno colombiano de no construir su primer satélite de telecomunicaciones deja al país en la lista de relegados de la región en cuanto a grandes artefactos espaciales, en nanosatélites está progresando gracias a la academia.

Por: Redacción Vivir
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La puesta en órbita de satélites de gran tamaño presume un alto riesgo de fracaso que Colombia no quiso correr. / 123 rf

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, estaba claramente emocionado. “Más allá del logro tecnológico es el logro de la fe... si creemos en nosotros mismos, somos capaces de hacer lo que nos propongamos”, aseguró segundos después de haberle anunciado a su país: “Ya tenemos el primer satélite ecuatoriano”.

Se trata de un nanosatélite llamado Pegaso, cuya fabricación empezó hace seis años. Mide 10 por 10 centímetros, pesa 1,2 kilogramos y transmitirá imágenes en tiempo real. “Pese a que soy audaz, yo habría dicho que esto es una locura”, añadió Correa, y detalló que el lanzamiento se hará el 26 de abril desde China.

El entusiasmo de Ecuador es comprensible. Pegaso lo pone en la lista de 30 países que tienen algún satélite en el espacio. En esa lista también está Colombia, con un nanosatélite de las mismas características construido por el programa espacial de la Universidad Sergio Arboleda y lanzado el 17 de abril de 2007.

Su nombre era Libertad 1. Durante su vida útil —unos pocos meses— realizó 2.320 trasmisiones en las que envió más de 11.600 paquetes de datos sobre temperaturas y velocidades de órbita. Se calcula que este nanosatélite estará orbitando la tierra durante unos seis años más y se desintegrará al cruzar la atmósfera terrestre. La única diferencia con Pegaso es que este último transmitirá imágenes en tiempo real, mientras el colombiano sólo enviaba fotografías.

Ecuador tiene motivos para celebrar. Diego Mauricio Jiménez, máster en administración del espacio de la International Space University (Estrasburgo) explica que este anuncio es una “demostración tecnológica” para el mundo. Es, además, el inicio de su carrera espacial. ¿Y dónde está Colombia en esa carrera?

Luego del lanzamiento del Libertad 1 han venido sólo anuncios sin concretar del Gobierno. En octubre de 2009 el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones anunció por primera vez, y con bombos y platillos, que se abriría una licitación para el diseño, la fabricación y el lanzamiento del primer satélite de telecomunicaciones colombiano. Hasta le pusieron nombre: Satcol.

Se dijo que, “a más tardar, en 2012” entraría en operación. Se argumentó que permitiría la conexión a internet de entre 25.000 y 30.000 sedes de instituciones públicas. Y un último detalle: se explicó que el país ahorraría al menos US$10 millones anuales, pues no tendría que alquilar espacio satelital a otros países. Satcol ni siquiera alcanzó a nacer. Según explicaron fuentes del Ministerio de TIC, el Gobierno decidió no continuar con el proceso porque consideró que sería más eficiente destinar esos recursos (se estimaba que costaría US$250 millones) a un proyecto nacional de fibra óptica para conectar a cerca de 550 municipios del país. Se tuvo en cuenta —explican fuentes oficiales— que el proyecto del satélite suponía un alto riesgo de fracasar técnicamente.

Otra de las propuestas que no se han materializado es la creación de una agencia espacial con recursos propios que permita impulsar el sector. Por ahora, el país sólo cuenta con una Comisión Colombiana del Espacio, adscrita a la Vicepresidencia de la República.

Luego vino un anuncio que todavía tiene plazo de hacerse realidad: en julio pasado, la Fuerza Aérea anunció que en 2014 el país tendrá un satélite de observación que le permitirá enfrentar los cambios repentinos de clima y prevenir los desastres naturales. La inversión estará entre los US$60 millones y US$100 millones.

Mientras tanto, sin tanto alarde, la academia colombiana ha venido trabajando en la carrera espacial del país. Prueba de ello es que grupos de expertos en tres universidades avanzan en el desarrollo de nuevos nanosatélites. La primera de ellas es la Universidad Sergio Arboleda, donde empieza a tomar forma el proyecto Libertad 2, para darle continuidad al primer satélite colombiano enviado al espacio. La Universidad Eafit de Medellín está liderando el desarrollo de un nanosatélite que podría funcionar gracias a la energía solar, y especialistas de la Universidad Distrital de Bogotá avanzan en la fabricación de un satélite peruano. Iván Luna, gerente de la empresa colombiana de desarrollo espacial Sequoia Space, asegura que el país es líder en la región en estos pequeños artefactos.

Pero a la hora de hablar de grandes satélites, el país se queda relegado si se tiene en cuenta que vecinos como Argentina, Brasil, Chile y Venezuela ya cuentan con grandes artefactos aeroespaciales. Asimismo, el camino del país para poner un hombre en órbita, o por lo menos un objeto, es todavía largo (Jiménez calcula que este logro no podría darse en menos de 30 años).

“El espacio exterior no es de nadie realmente. Tener satélites no nos da la soberanía, pero nos asegura un lugar en la órbita. El que envía satélites pone las condiciones. Si no ponemos nada, Colombia no va a tener un lugar en el espacio”, insiste Jiménez.

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