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Vivir 17 Ene 2013 - 10:00 pm

Charla con el psiquiatra Rodrigo Córdoba

Crímenes en nombre de Dios

Un venezolano mató a su madre por un “llamado de Dios”. Con el mismo argumento un colombiano quiso decapitar una estatua del Papa y un hindú se suicidó.

Por: Redacción Vivir
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Siguiendo “una orden de Dios”, José Alberto Valero, venezolano, 40 años, mató a su madre. Respondiendo a un “llamado divino”, el pasado lunes el hombre le disparó a la anciana, de 78 años, en la cabeza. Le cortó las manos y los brazos. Le prendió fuego. Luego le explicó a la policía que se trataba de un ritual por la salud del presidente Hugo Chávez.

También en nombre de la religión, el 13 de enero un joven sacerdote de India se suicidó. Manoj Baghel, de 25 años, les prometió a sus seguidores que resucitaría al tercer día. Los fieles custodiaron su cuerpo para evitar que se le hiciera la autopsia.

Y para no ir muy lejos, hace poco más de un año, en Bogotá, un hombre intentó cortar la cabeza de una estatua del papa Juan Pablo II situada en el templete del parque Simón Bolívar, argumentando que Dios lo había enviado a cumplir una misión: entregarle un mensaje a la Iglesia católica para que impulse la destrucción de la idolatría en el mundo.

Rodrigo Córdoba, psiquiatra y expresidente de la Asociación Colombiana Científica, se metió en la mente de estas personas que cometen actos extremos en nombre de Dios

¿Qué le pasa por la cabeza a una persona en el momento en que decide cometer un crimen argumentando un llamado de Dios?

Lo primero que tenemos claro es que existe una enfermedad mental. Lo genérico en estos cuadros clínicos es la psicosis y su característica fundamental es que confunden su realidad interna con la externa. Dan por ciertas sus ideas delirantes, ilógicas, irreductibles. Hay alucinaciones sin ningún estimulo externo y ellos las dan por reales.

¿Y cómo se llega a ese estado? ¿Es una condición genética o aprendida?

A pesar de que esta es una discusión absolutamente zanjada, en estos casos, como en todos los trastornos mentales, hay una carga biológica. La bomba está ahí gracias a unas condiciones genéticas y una estructura biológica, y eso juega con las características de la personalidad y las situaciones del entorno social.

¿Y qué lo lleva a ese episodio extremo?

Hay una agudización de la enfermedad, por ejemplo, por la suspensión voluntaria del tratamiento porque el paciente ya se siente bien, pero existen muchas razones. También tiene que ver con que la enfermedad tiende a recurrir, a tener nuevos episodios.

¿Qué está sucediendo en esa mente en el instante mismo del crimen?

Está dando por hecho esas voces, esas alucinaciones. La relación de las ideas delirantes con acontecimientos místicos es muy común.

En el caso del venezolano uno se pregunta por qué este hombre sobrepuso el “amor a Dios”, o al mismo presidente Chávez —pues en nombre de él hizo el “sacrificio”—, al amor a su propia madre.

Eso no tiene una explicación coherente. Es el delirio.

¿Qué sucede luego de perpetrado el crimen?

Muchos entran en un proceso de culpa, lo que termina mostrando que sus actos se dieron bajo la enfermedad.

Pero también están quienes hablan sin remordimiento de lo que hicieron, quienes recrean los hechos impasibles...

Hay un grupo de lo que conocemos como trastorno de personalidad asocial o antisocial. Son personas con la capacidad de hacer daño sin sentir culpa o necesidad de reparación.

¿Hay manera de frenar este tipo de episodios?

La salud mental tiene mucha importancia en términos de políticas públicas. La detección temprana y el tratamiento precoz de la enfermedad impactan de manera definitiva en los casos de violencia, suicidios, embarazos en adolescentes y en el consumo de sustancias. Si vas a una cárcel, por cada preso sano hay tres con trastornos mentales que no están diagnosticados. Para no ir muy lejos, el presidente Obama, en el proceso de reducción de armas, ordenó la creación de más programas de detección de enfermedades mentales.

Y en el caso, por ejemplo, de movimientos como el islamismo, cuyos seguidores más radicales también invocan el nombre de Dios para perpetrar crímenes atroces, ¿cuál sería la explicación desde la psiquiatría?

La fe, de esa manera tan fanática, cabalga sobre un terreno muy susceptible para que eso pase. Por fortuna es un porcentaje mínimo de la humanidad y yo estaría casi seguro de que se podría hablar de un desorden mental.

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