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Vivir 4 Mayo 2011 - 11:44 pm

La mano del hombre contra la naturaleza

De espaldas a la laguna de Fúquene

Más de 180 años de intentos de desecar este recurso natural de Cundinamarca, que serviría para amortiguar las lluvias, han mostrado en este invierno las consecuencias: inundaciones, destrucción y desplazamientos.

Por: Carolina Gutiérrez Torres
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    http://www.elespectador.com/noticias/actualidad/vivir/de-espaldas-laguna-de-fuquene-articulo-267313
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Foto: Daniel Gómez

El valle nunca se había inundado así. Nunca. Nunca. Todas esas casas que están allá, a las que apenas se les alcanza a ver el techo, eran la antigua laguna de Fúquene (municipio de Fúquene, departamento de Cundinamarca). Todos esos potreros rebosados de agua, y esas tierras húmedas en las que el ganado intenta mantenersa en pie, eran la laguna de Fúquene, como se ve en un mapa de 1936: 10.000 hectáreas de agua, que luego de años de explotación, de desecación, de contaminación, quedaron reducidas a 2.540 hectáreas, de las que sólo 1.950 son de espejo de agua.

Pero hoy, desde aquí, desde esta montaña en la que están parados Jairo Valderrama (biólogo), Mario Hernández (ganadero) y Uriel Parra (periodista de la región), parece que la laguna hubiera vuelto a su estado natural. A ese que se ve en los planos de 1936. Y todo por cuenta de la lluvia, del invierno incesante que se empecinó con esta región, y con el 80% del país, y llevó a que las aguas de la laguna —donde desembocan los ríos Ubaté, Suta y Lenguazaque— se desbordaran y bañaran todo el valle, desplazando a cientos, como en el resto del país; dejando pérdidas millonarias, como en todo Colombia. Y todo por cuenta de las lluvias y también, hay que decirlo, de la intervención del hombre, que en este caso particular está cumpliendo 189 años intentando robarle a la laguna lo que era de ella.

Jairo Valderrama no deja de repetir que la cuenca nunca, nunca, se había inundado así. Balancea la cabeza con un gesto de preocupación. Toma una foto con su cámara, una Canon-Revel-605. Dice: “Lo que no hemos entendido es que estamos en un plano inundable, que ante situaciones de fuertes lluvias la laguna va a recuperar lo que era de ella, que es su dinámica natural, lo que ha ocurrido desde hace cinco millones de años, cuando se empezó a formar”. Valderrama lleva diez años viviendo en este municipio, en una casita en la cima de la montaña en la que hoy está parado, dirigiendo junto a su esposa la Fundación Humedales, que trabaja y cree —todavía— en la recuperación de la laguna de Fúquene.

Mario Hernández señala para algún punto. Dice que allá quedaban su casa y sus tres fanegadas y sus vacas. “Estoy inundado. El valle está muy triste. Ahí, debajo del agua, está la economía de la gente, todos vivimos de esto. Se va a perder el trabajo de muchos años, se va a perder una genética importante para la zona, y esto no va a ser fácil recuperar. En unos meses vamos a ver las consecuencias de la tragedia, sabemos que va a venir una crisis muy tenaz”.

—¿Y sabe usted, don Mario, que son ustedes también, los ganaderos, quienes han contribuido, en parte, a la tragedia que están viviendo? ¿Que ustedes aportan a la contaminación y a la erosión del suelo que, sumados a otra decena de factores, le han quitado a la laguna capacidad de almacenamiento de agua?

—Sí. Eso no es un secreto: que aquí hay una explotación intensiva de ganado de leche y que muchas personas vivimos de esa explotación —dice Hernández.

— ¿Y qué pueden hacer, qué piensan hacer?

—Es necesario hallar un punto de encuentro entre la parte ambiental y la económica, organizar a la comunidad, trabajar con métodos más técnicos y menos contaminantes. Si nosotros somos parte de la contaminación, parte del impacto que recibe la laguna, tenemos que buscar soluciones.

 —¿Y por qué en tantos y tantos años no se ha hecho?

—Por falta de conciencia de la comunidad y de las mismas instituciones, de la CAR, que es la que tendría que guiarnos sobre cómo hacer las cosas. ¿Y sabe cuál es el problema más grave ? Lo que le vamos a dejar a la próxima generación.

Sí sabe Mario Hernández el mal que el ganado le ha hecho a aquellas tierras, que alguna vez fueron laguna. Sí lo saben él y los dueños de las 166.566 cabezas de ganado que se contabilizan en la cuenca.

Mal histórico

Habría que irse a 1822 para empezar a contar la historia de Fúquene, de su lento desecamiento, que la ha llevado a lo que es hoy: un laguna de 2.540 hectáreas invadidas por plantas acuáticas que —según cálculos de Jairo Valderrama— han reducido su capacidad de almacenamiento de agua a apenas un 25%, “eso estimo yo, no hay cálculos precisos”.

Habría que irse a esa fecha para documentar —como consta en el archivo de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR)— que fue el mismo gobierno el que comenzó a regalar las tierras a sargentos y coroneles que se lo merecían “por sus virtudes y méritos”. Empezó entonces la tarea titánica de cegarla. De despojarla de todas sus aguas. De volverla cultivable y vivible. Y así fue. Le arrebataron las tres cuartas partes y hoy la siguen depredando.

“Hay en la cuenca quince cascos urbanos y apenas cuatro tienen plantas de tratamiento. Entonces te podrás imaginar cómo todas esas aguas negras están desembocando en el sistema hidrológico, alimentando a las plantas acuáticas —cuenta Valderrama, esta vez desde la orilla de la laguna, descuidada, sucia—; plantas como la elodea, que van desde el fondo hasta la superficie, y las flotantes como el buchón”. La CAR también tiene identificado el problema. Es evidente. Desde la montaña la laguna parece un pastizal más. Y desde la orilla, apenas se alcanza a ver un caminito de agua en medio de tanto verde y verde que es maleza (se estima para 2020  la ocupación total de la laguna por plantas acuáticas).

Recuperarla cuesta $730.000 millones —en un plan que contempla 2010-2019—. Esas son las cuentas de la CAR, las cifras que explica desde su oficina Luz María Villamarín, ingeniera hidrológica de la Corporación. Dice que ellos han destinado $16.000 millones. Que el Ministerio de Ambiente ha aportado $29.000 millones. Que los otros actores que están obligados a hacerlo —autoridades gubernamentales y municipales y otros ministerios— no lo han hecho. Se lamenta: “Nos faltan muchos recursos, pero la CAR sola no puede”.

La CAR, que es tan criticada hoy en Fúquene. “Hay un problema de institucionalidad, la CAR está alejada de la gente, hay una enemistad profunda, eso tiene que cambiar” (Jairo Valderrama). “Tenemos que pagarle impuestos por un distrito de riego que no es operante, que en época de invierno se desborda y en verano no lleva el agua” (Mario Hernández).

Y a la pérdida de la confianza se ha sumado la pérdida de la conciencia. “Siempre hemos vivido de espaldas a la laguna, la hemos visto como una enemiga, no como un patrimonio. Le robamos la tierra y no queremos que ella vuelva a recuperarla. Entonces tenemos una CAR que, por razones que hay que analizar, tiene un grado de ineficiencia, y a una sociedad civil inoperante, quejetas, criticona, sin organización, sin formación para poder exigir sus derechos. Eso es lo que tiene que cambiar” (Jairo Valderrama).

En busca de soluciones

“Laguna de Fúquene, ¿es posible evitar su desaparición?”, este es el nombre del encuentro que tendrá lugar en el auditorio Universidad de Cundinamarca, en Ubaté, los días 25, 26 y 27 de mayo.

El objetivo es reunir a representantes de la sociedad civil, biólogos, ganaderos, agricultores y miembros del Gobierno para discutir un plan de trabajo para la recuperación de este espacio, que lleva más de 180 años siendo explotado. Informes: www.fundacionhumedales.org

Panorama de Fúquene en 2020

Un estudio realizado en el año 2000 por la Agencia Japonesa de Coopera Internacional (JICA por sus siglas en inglés) estimó que para 2020 la laguna de Fúquene estará ocupada por plantas acuáticas. Según el informe, de no cambiar las condiciones de entrada de nutrientes, la laguna será invadida en un 54% por junco y en un 36% por buchón.

El estudio revela que el 90% de la laguna estaría cubierto por plantas y el desplazamiento de agua sería del 100%. Esto se traduce en que en menos de una década Fúquene habrá perdido casi por completo su capacidad de almacenamiento de agua, que es fuente de vida de los peces y de la ganadería misma.

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