El costo invisible de la violencia

Las agresiones contra mujeres en sus hogares elevan en un 83% la tasa de divorcios e incrementan las probabilidades de sufrir anemia.

Según el BID, la violencia doméstica genera efectos insospechados en los hijos de madres agredidas, ya que recibirán menos vacunas y tendrán estatura más baja que la normal. /123rf

La violencia tiene un llamativo patrón de género: los hombres son más propensos a ser atacados por un extraño que por una persona de su “círculo íntimo”, mientras los principales agresores de mujeres son sus maridos o parejas.

Con este escenario, Jorge Agüero, profesor del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Connecticut (EE.UU.), decidió explorar, más allá de los golpes y ofensas, cómo la violencia doméstica afecta a las mujeres de América Latina.

Los hallazgos de su investigación, apoyada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), dejan ver que las probabilidades de un divorcio crecen significativamente para quienes sufren las agresiones, mientras su salud y la de sus hijos se deteriora.

El estudio, que empleó una muestra de 83.000 mujeres en Colombia, República Dominicana, Haití, Honduras y Perú, es el más exhaustivo en la región y da señales a los gobiernos sobre la urgencia de implementar mecanismos de prevención efectivos.

De acuerdo con los análisis de Agüero, Perú y Colombia tienen las tasas más altas de violencia física (cercanas al 40%), mientras en los demás países este indicador se ubica por debajo del 20%.

Pese a la diferencia en las tasas, todos tienen algo en común: la violencia alcanzó las fibras más íntimas de las mujeres afectadas por el fenómeno.

El estudio exploró la asociación entre la problemática y el empleo femenino y, contrario a lo que podría creerse, los resultados indican que en las mujeres que sufren violencia doméstica aumenta la inserción al mundo laboral, pero sólo debido a que se separan de sus parejas con más frecuencia.

De hecho, las mujeres que sufren cualquier tipo de violencia física tienen 83% más probabilidades de divorciarse y en las que experimentan violencia grave la tasa de divorcios aumenta en 132%.

A esto se suma que también existe una relación negativa entre la violencia física y salud femenina.

Las mujeres que sufren agresiones tienen niveles más bajos de hemoglobina, la tasa de anemia aumenta en un 9% y supera el 15% con violencia física grave.

El estudio muestra que la violencia doméstica afecta, además, la salud de los niños cuyas madres son víctimas, incluso antes de nacer, ya que éstas tienen menos probabilidades de haber tenido cuatro o más visitas prenatales obligatorias.

En general, estos menores tienen un peso inferior al de un niño que nace en condiciones normales y los efectos no se limitan al corto plazo. La violencia en contra de sus madres reduce la probabilidad de que alcancen una estatura promedio y de que reciban vacunas, particularmente la del sarampión.

“A la larga, tener niños con desnutrición significa que habrá jóvenes y adultos menos productivos laboralmente y, por su historial, es probable que continúen con el círculo de violencia”, resalta Jorge Agüero.

No obstante, según el autor de la investigación, que se detuvo a estudiar con más profundidad el caso de Perú, en este país (“y muy probablemente ocurra lo mismo en los demás lugares de estudio”) los centros que apoyan a la mujer reducen la problemática.

“Hay evidencias de que conseguir información antes de alguna experiencia de violencia o encontrar un refugio en caso de que haya habido un episodio de agresión, reduce las secuelas que pudo identificar nuestro análisis”.

El investigador agrega que la mayoría de gobiernos simplemente han tratado de penalizar la violencia doméstica, “pero ignoran que hay efectos más profundos y lamentablemente no hay demasiados estudios para entenderlo”.

En Colombia, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de 2010, el 37% de las mujeres alguna vez casadas o unidas han sufrido agresiones físicas por parte de su esposo o compañero.

De manera preocupante, el 85% de ellas sufrió graves secuelas físicas o psicológicas: el 71% indicó que había perdido interés por el sexo, el 42% se enfermó físicamente y el 39% manifestó que había disminuido su productividad.

A pesar de los resultados, sólo el 21% de las víctimas (una quinta parte) acudió a un médico o establecimiento de salud, y de este porcentaje, una tercera parte no recibió ninguna información sobre la ruta que debía seguir.

Según Silvia Arias, especialista en prevención de ONU Mujeres Colombia, estas carencias podrían explicarse porque luego de cinco años de expedir la Ley 1257 de 2008, que busca proteger y defender a las mujeres de la violencia de género de manera integral: en salud, educación, justicia y trabajo “no se ha logrado una atención integral y garantista” y el desconocimiento de la los contenidos de la norma por parte de funcionarios públicos “es bajísimo”.

De hecho, según el Sexto Informe de Derechos de las Mujeres ¿Hacia un real camino a la igualdad?, presentado por la Corporación Sisma y la Red Nacional de Mujeres, el Ministerio de Educación no ha emitido aún los lineamientos y orientaciones pedagógicas, conceptuales y operativas de los proyectos pedagógicos que pretenden superar los estereotipos, prejuicios y violencias contra las mujeres, y el Ministerio de Salud todavía no ha adoptado los mecanismos necesarios para la entrega del subsidio monetario, el alojamiento, y hospedaje para las mujeres víctimas regulados por el Decreto 4796 de 2011.

De esta forma, concluye Arias, “es difícil sanar las heridas que deja la agresión en nuestras mujeres”.