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Vivir 6 Jul 2013 - 9:00 pm

Investigación internacional con dos colombianos

El misterio de las nanoburbujas

Hace ocho meses el científico colombiano Rodolfo Llinás anunció que tenía “agua bendita” que podría curar el alzhéimer. ¿Cuál es la verdad científica detrás de esa promesa?

Por: Lisbeth Fog - lisfog.pec@gmail.com
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El aporte del científico colombiano Rodolfo Llinás en la investigación de las nanoburbujas es descubrir cómo actúa esta sustancia en el organismo. /Óscar Pérez - El Espectador

 Tony Wood es un físico texano atado a una sofisticada silla de ruedas. Padece el mismo mal que su colega británico Stephen Hawking —esclerosis lateral amiotrófica—, y ambos continúan aportando a la ciencia a pesar de su condición de incapacidad. La única diferencia es que a Wood le están aplicando un medicamento basado en algo denominado nanoburbujas que podría mejorar su calidad de vida, pero lo más insólito es que fue él mismo quien, por pura casualidad, descubrió estas misteriosas y pequeñísimas burbujas de agua que sólo se producen en ciertas condiciones y cuya existencia algunos cuestionan.

Más interesante aún es que las nanoburbujas ya han demostrado mejoría en el 25% de la función pulmonar de pacientes adultos con asma y se estudian sus efectos en otras enfermedades inflamatorias, como la esclerosis múltiple y el infarto agudo de miocardio, cuyas investigaciones han sido realizadas en modelos animales, pero en unos meses iniciarán pruebas en humanos.

¿De dónde vienen las nanoburbujas?

Poco se sabe, pero sí se está invirtiendo bastante dinero y el tiempo de algunos de los mejores investigadores en el mundo, entre ellos los neurocientíficos colombianos Rodolfo Llinás, de la Universidad de Nueva York, y Herman Moreno, de SUNY Downstate Medical Center. Grupos de científicos en Australia, Estados Unidos y Holanda trabajan en diferentes aspectos del tema y se nutren con sus resultados, bajo la sombrilla de una compañía biotecnológica con sede en Washington, al noroeste de Estados Unidos, llamada Revalesio.

En la jugada está hoy también Wood, quien trabajó muchos años en la compañía Texas Instruments y, alguna vez, buscando la manera de incorporar gases en líquidos de una manera rápida y completa, se inventó una máquina que generó la fuerza necesaria para producir nanoburbujas de un diámetro infinitamente menor que el de un pelo, algo que en la naturaleza nunca se había visto y que la ciencia no creía que pudiera existir. Logró, sin proponérselo, un fluido con propiedades interesantes, porque lo ensayó en cultivos hidropónicos, y consiguió un aumento en la producción del 50%.

En 2004, la compañía Revalesio vio en esta agua mejorada una innovación, compró la compañía de Wood y trató de crear un modelo de negocio que generara industria en países como República Dominicana, al tiempo que proveía de alimentos a quienes no los podían adquirir fácilmente. Su director científico, Richard Watson, le contó a El Espectador que así como aumentaba la producción de los cultivos, había una ausencia de las enfermedades que comúnmente atacan a las plantas. Es entonces cuando empiezan a pensar en la posibilidad de usar este líquido para combatir enfermedades en humanos. En 2006, Revalesio inició su programa médico ensayando con ratones asmáticos y comprobó que esta agua, que ahora llaman más científicamente RSN60, producía iguales o mejores resultados que los esteroides usados contra la enfermedad.

Bueno, pues funciona, ¿pero cómo?

“No se le está añadiendo ninguna sustancia al agua, simplemente es una nueva propiedad del líquido”, dice Watson, quien continúa explicando que lo que sucede a nivel nano es diferente e incluso rompe todas las leyes naturales a las que estamos acostumbrados. “Lo que logró Tony Wood fue estabilizar estas nanoburbujas en un ambiente con condiciones especiales y, al hacerlo, fue posible que duraran períodos de tiempo largos, lo que es clave para que actúen contra las enfermedades”.

No se le está cambiando la estructura al agua, explica Watson. Por su tamaño y por su propiedad de ser estable, la nanoburbuja produce carga eléctrica a su alrededor, al igual que una pila, y esa energía influye positivamente en la célula. “Es como cuando tomas una bomba, la frotas en tu ropa y se produce carga estática”, continúa. Lo que sí sucede es que al someter el agua a grandes presiones, al tiempo que se le hace rotar, se producen unas cápsulas pequeñas supersaturadas de átomos de oxígeno, lo que ayuda a que la estructura del nuevo fluido sea estable.

Eso se llama cavitación. “Realmente el efecto es sumamente poderoso”, dice Rodolfo Llinás, quien apoya el equipo de Revalesio desde hace casi un año. “Yo lo llamo un optimizador celular, pues no es ni vitamina, ni hormona, ni fármaco”. Esta nueva agua, la RNS60, se administra de forma intravenosa, como si fuera una bolsa de suero de las usadas en los hospitales con los pacientes. Otra de sus grandes ventajas es que, hasta el momento, no se ha observado que produce efectos secundarios, dice Watson.

No es como el agua oxigenada que usamos como desinfectante y que en altas concentraciones puede ser tóxica. En ese caso, según Llinás, se producen radicales libres con efectos oxidantes. “Nosotros entendimos que cuando se produce nanoagua no se producen radicales libres y por eso optimiza la vida”.

El aporte de Llinás responde a descubrir cómo actúa la nanoagua en el organismo. Sus estudios con las sinapsis (la unión de dos neuronas) del calamar gigante por más de 50 años han permitido avanzar en la comprensión de cómo las nanoburbujas recuperan el daño que sufren modelos animales afectados con alzhéimer, cómo las células usan su energía para optimizar sus funciones, así como temas relacionados con longevidad e inflamaciones.

Colombia, con Tecnoquímicas, disparada

Pero también fue Llinás quien propuso hacer un ensayo clínico en Colombia, en una alianza entre Revalesio y la compañía Tecnoquímicas, a iniciarse este año con 150 a 200 pacientes que han sufrido accidente cerebrovascular y llegan a urgencias. Para abarcar buena parte del país se están asociando con centros de referencia como la Fundación Valle de Lili, en Cali; la Clínica de Marly, la Fundación Santa Fe y la Universidad del Rosario, en Bogotá; la Fundación Cardiovascular del Oriente, en Bucaramanga; la Universidad del Norte, en Barranquilla, y la Universidad de Antioquia y el Hospital Pablo Tobón Uribe, en Medellín.

Actualmente están terminando de pulir el protocolo para iniciar el estudio clínico, es decir, definir todos los aspectos básicos necesarios para tener en cuenta en el desarrollo del proyecto, porque se trata de personas que irán llegando a estos centros cuando alguna de sus arterias cerebrales sufra causándole el accidente. Al suministrarles intravenosamente la terapia con nanoburbujas se podrá ver cómo mejora la función neurológica y disminuye la discapacidad del paciente, aunque no se dejarán de suministrar las terapias que generalmente se usan en estos casos.

Una vez definidos el protocolo y las respectivas aprobaciones de las autoridades sanitarias se iniciará el estudio. “Creo que durará año y medio su implementación”, dice Mauricio Pérez, director médico-científico de Tecnoquímicas, para quien la importancia de participar en esta investigación es que Colombia se beneficiará más rápidamente que si la continuaran haciendo sólo en Estados Unidos o en otro país. “Le estamos incluyendo la solidez de toda investigación clínica, porque no podemos correr riesgos”.

En un principio la inversión ha sido de US$1,5 millones, la que aumentará cuando se monten plantas para producir las nanoburbujas y eventualmente continúen otras investigaciones. Pérez está optimista. “Todavía no podemos hablar de curación —dice—, pero de acuerdo con lo que se ha logrado se vislumbran unos resultados clínicos muy importantes en todas las patologías”.

En el caso del alzhéimer, explica, en el que se produce depósito amiloide en el exterior de las células nerviosas causándoles daños incluso antes de manifiestarse la enfermedad, “se ha demostrado in vitro que las nanoburbujas disminuyen esos depósitos, así como la inflamación”.

Kenneth Kosik, director del Instituto de Investigación de Neurociencias de la Universidad de California en Santa Bárbara y quien ha apoyado las investigaciones en alzhéimer lideradas por el neurocientífico paisa Francisco Lopera, dice que es importante seguir explorando esta línea de investigación. “La idea de enfocarse en el proceso inflamatorio es poderosa —sostiene—. El cerebro tiene su propio y único sistema de control de la inflamación; si supiéramos cómo las nanoburbujas controlan la reacción inflamatoria, tendríamos bases más sólidas para continuar investigando”.

Revuelo por el “agua milagrosa”

A finales de octubre de 2012, el científico colombiano Rodolfo Llinás se presentó en el parque temático Maloka, en Bogotá, durante la celebración de la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología, para compartir detalles de su última investigación.

Allí reveló que trabajaba junto a la compañía estadounidense Revalesio, en la creación de unas nanoburbujas que podrían cambiar la configuración del agua creando un tratamiento casi milagroso contra enfermedades como el alzheimer. El anuncio creó revuelo en los medios que empezaron a comparar el avance con agua bendita.

El científico aseguró que su invención partiría en dos la historia de la medicina. En ese entonces, poco se conoció sobre los antecedentes y los avances en los que ha aportado otras científicos.

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