'Hay que escapar de la inmediatez'

Según Armand Mattelart, célebre sociólogo belga, las nuevas tecnologías han dejado un vacío funesto para el ciudadano: la falta de protección de sus datos.

El belga Armand Mattelart reconoce el avance de América Latina en la democratización de los medios. / Gabriel Aponte

Desde hace 32 años, Armand Mattelart, el reputado sociólogo belga que sorprendió el mundo con su libro Para leer al pato Donald en la década del 70, no pisaba suelo colombiano. Después de tanto tiempo, este teórico de la comunicación, leído en tantas universidades, decidió volver. No lo hizo solo. Vino con Michèle, aquella estudiante con la que contrajo matrimonio en suelo chileno en 1963.

Él, invitado al Encuentro Nacional de Investigación en Comunicación, organizado por la Universidad Javeriana, responde preguntas en un español fluido que no evade los sonidos guturales del francés. Lo hace con cordialidad, mientras su esposa, en silencio, lo mira, acostumbrada a escuchar a aquel hombre, que bajo tantas canas parece tener el mundo en la cabeza. Esto fue lo que le dijo a El Espectador.


Hace unos días se anunció la desaparición impresa de Newsweek. ¿Cómo sobrevivir a la crisis de los impresos?

Hay unos diarios clásicos que cada vez más tienen una parte ligada a las redes, diarios que están tratando de alternar y de tener una estrategia doble: seguir siendo grandes medios, pero teniendo una transformación de lo antiguo.

La inmediatez ha obligado a un cambio en el modo de informar. ¿Somos cada vez más una sociedad más o menos informada?

Parecemos una sociedad muy saturada de información pero a la vez, debido a esta lógica de lo que se puede llamar el “presentismo” de la inmediatez, se nos impide entregar una información en la que se tome un distanciamiento para ver dónde están las causas del acontecimiento. Ese es el problema clave. Eso es gravísimo en el dominio de la información internacional.

¿Hay algún indicio de que esto cambie algún día?

Es la tendencia global por el momento. Es la tendencia dominante en todas las sociedades.

¿En América Latina estamos presenciando una democratización de los medios de comunicación o estamos cada vez más lejos de que eso suceda?

Yo creo que esta parte del mundo es donde más conciencia se ha tomado sobre la importancia de democratización de los medios. En los últimos diez años, cada vez más sectores están actuando para que haya una reflexión sobre esto, con muchas diferencias, polémicas y contradicciones. No hay comparación con Europa donde, para tener una directiva sobre la pluralidad de los medios, hubo que esperar una aceptación de la Unión Europea.

¿Actitudes represivas como las de Ecuador y Venezuela no son un retroceso en esa democratización?

Yo creo que su virtud es haber abierto una brecha sobre la necesidad de cambiar la situación de los medios. Una situación donde había un monopolio. Que se esté de acuerdo o no con ellos es otra cosa. Pero lo importante es el hecho histórico, porque tiene una diferencia: durante mucho tiempo la cuestión de los medios no fue tocada políticamente.

Con todo este panorama, ¿cuál es el principal desafío de los periodistas en esta nueva era?

Tratar de escapar de la inmediatez. Esto implica una inversión y una reflexión de más largo aliento. Esto depende también de la manera como se les enseña en las escuelas de comunicación. El problema clave está allá.

¿Esas escuelas están desempeñando un buen papel?

En América Latina, en los últimos 20 años, hubo dentro de las facultades de comunicación un giro hacia la perspectiva mercantil, hacia las enseñanzas sobre lo empresarial. Pero, a la vez, algunas facultades se han creado espacios donde se enseña qué es una radio comunitaria. El panorama es doble.

En un momento en el que abundan los tratados de libre comercio, ¿se ha protegido la identidad cultural de nuestros países?

El problema se ha tratado como un tema secundario. Sólo Canadá promovió esta necesidad de tener en el tratado trilateral una reflexión para sacar la cultura de la lógica comercial.

¿Cuál sería hoy el equivalente de análisis a ese fenómeno del pato Donald que expuso en la década del 70?

Es muy difícil contestar esa pregunta. Sin embargo, hay capítulos que podrían volver a leerse y aplicarse hoy. Hay un capítulo que hablaba del buen salvaje al subdesarrollado. Yo creo que hubiésemos podido dar este capítulo a los iraquíes que invadieron las tropas norteamericanas.

¿Son las redes sociales un nuevo sistema de armas?

Es un medio para ayudar a la notoriedad de las individualidades. El que lo utiliza a partir de una noción de individualidad, sin interrogarse de lo que realmente es este medio social, se va a convertir en un banco de datos para la publicidad. Pero lo que es importante son los momentos que se escapan de la administración cotidiana de Facebook, como cuando hay crisis o hay que discutir temas públicos.

¿Cómo se han transformado los productos culturales con la piratería?

Cuando hablamos de la realidad latinoamericana en relación con Europa, creo que es producto de la dificultad de tener acceso a productos culturales demasiado caros. Pero hay que discutirlos escapando de los prejuicios del fraude, porque el debate está limitado a ese nivel. Ese es uno de los aspectos menos estudiados por los teóricos investigadores de las industrias culturales.

¿Las nuevas leyes que pretenden regular el uso de internet son nuevos mecanismos de vigilancia de los estados?

El problema clave es la dificultad de escapar de esta visión de censura. Es verdad que hay esta pretensión de los estados y se necesita una regulación, pero no una censura. Regulación frente a los sitios fascistas y pornográficos.

¿Los movimientos sociales deben proteger la privacidad de la información?

Es un aspecto fundamental. Estamos en una situación en la que, a partir de la mirada del Estado y del mercado, el ciudadano está acabado; sus datos son susceptibles de ser expropiados para otros fines que él no quiere. Pero la dificultad es regular eso, porque esa captación es invisible.